0 4 mins 3 meses

Velia María Hontoria Álvarez

Hace unos días, retomé lectura, me encontré esta frase del filósofo y médico Viktor Frankl de su libro “El hombre en busca del sentido” donde al texto decía Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino.

Reafirmé que las personas decidimos siempre, reconocí la falsedad, al recargar la decisión en la supuesta obligación que impone un tercero o en la piojosa postura del #yoquépuedohacer; supe que las cosas, las ciudades, las vidas son un conjunto de decisiones. Y, miré la ciudad, observé cuántas personas deciden ocupar su tiempo para servir, dejando huella, de ese caminar que trascenderá más allá de su existir; justamente fue lo que hizo – hace unos días- el Regidor Dr.  Mauricio Hernández Mendoza, al concluir la aprobación del Nuevo reglamento para el ejercicio y control de los recursos públicos. Permitiendo con esta acción, que sea Celaya el primer municipio del estado en contar con instrumentos para controlar de mejor manera y con responsabilidad, léase además transparencia los recursos.

Algunos podrán decir, y, eso a mí ¿en qué me beneficia o para qué sirve? Esta ley amable lector, obliga a que los presupuestos que se presentan ante el Congreso del estado –a nivel municipio-  definan y refuercen los criterios para el manejo de sueldos –entre otros temas de igual o mayor importancia- evitando, que cada ayuntamiento ose “servirse con la cuchara grande” y además rindan cuentas, aclaren, justifiquen, se acabó el solicitar o que, en sus dichosas igualas, malgasten el recurso público. Establece, también los elementos que deben de incluirse en la ley de ingresos, el presupuesto de egresos con todas sus modificaciones. Permite con precisión, que la Tesorería y Contraloría puedan incidir de manera precisa y con autoridad en la verificación de las dependencias. Contará cada dependencia,  de la administración pública –Direcciones-  con un inspección interna, por medio  de un Comité,  que ayudará a emitir y ejecutar su Plan Anual de control interno –se les acabo aquello de los presupuestos millonarios de papelería, gasolinas y esos dichosos “otros” que no tienen justificación, razón, menos porqué ni para qué-  Con esa sencillez que le es habitual, Mauricio me escribió: sin demeritar lo anterior, creo que la mayor aportación se da en el capítulo V del reglamento; a partir de ahora, todas las dependencias y entidades deberán de establecer un sistema de control interno cuyos elementos y metodología se presenta en el reglamento; para salvaguardar el uso de los recursos, el patrimonio y dar mayor viabilidad al cumplimiento de los objetivos.

Mi gratitud, ante estas acciones que dejan huella importante e inciden en las finanzas públicas queda en estas letras, que dan fe del trabajo y las horas invertidas, más ¿Qué nos tocará hacer? Dar seguimiento, definitivamente, a que este reglamento cobre vida, no se quede en la letra impresa, sino que de paso a la acción. Será responsabilidad de los consejos, con la observancia y auditoria cercana del Observatorio ciudadano.

Celaya crece, definitivamente, vamos bien, en ese falta mucho por hacer, un decreto, con acciones claras, acotadas y definidas puede achicar esta lista. Sigamos haciendo, decidamos ocupar el tiempo forjando un legado que nos permita avanzar en la seguridad que incide definitivamente en la corrupción.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *