16 mayo, 2021

Arturo Miranda Montero

Estas cañadas reciben lluvias a madres unas veces y otras simplemente se secan por meses. Así ha sido su historia: sequías e inundaciones.

El problema de este tiempo es que los asentamientos se han multiplicado sin orden y por doquier. Lo que antes era una loma, está invadida; lo que fueron tierras de sembradío, hoy siguen urbanizándose. Y con cada edificación, el reclamo del agua viene al parejo.

No es lo mismo ser unos cuantos habitantes que recibir migraciones enteras de personas que se han asentado entre nosotros (yo mismo hace muchas décadas). Con cada incremento poblacional, las necesidades de servicios crecen también. La movilidad ya es un caos, la inseguridad aparece criminal, la pobreza se ve en las calles y, ahora, la falta del agua nos coloca en el gran reto de sobrevivencia justo en la pandemia expansiva. Todo eso entre nosotros ya es grande, que no grandeza.

Desde luego que a los habitantes nos toca la mayor responsabilidad: usar los recursos con inteligencia, aunque seamos estúpidos. Y ello es así por obviedades; pero, así mismo, porque no tenemos guías organizadoras, gobierno pues, que sepa, entienda y quiera organizarnos para enfrentar los problemas.

Los gobernantes han demostrado fehacientemente que administran sus tiempos y que no enfrentan con nosotros los problemas. Nos dicen que hay retos y rezagos que van a resolver. Pero no ha sido así, simplemente porque esos problemas aquí están y han surgido de la historia, no son espontáneos. Y, claro, ya quieren nuestros votos.

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