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Miguel Alonso Raya

La manera tan apresurada con la que el presidente pretende forzar el proceso de revocación de mandato, no sólo desacata lo establecido al respecto en la Constitución de la República; sino que vulnera, en esencia, el espíritu de este mecanismo de democracia participativa.

La revocación de mandato no está planteada como un instrumento personal para quien ocupe, en este caso, la presidencia de la República. Tampoco como una estrategia para apuntalar la popularidad o el ejercicio del gobernante en turno.

Es un derecho ciudadano y debe ser utilizado, fundamentalmente, como una prerrogativa para revocar o retirar del cargo a un funcionario que, en opinión de los convocantes, no esté cumpliendo con sus responsabilidades.

Además, la Constitución de la República, en lo que se refiere a la revocación de mandato del presidente, es muy clara en su Artículo 35, fracción IX, numeral 1°, al establecer que ésta será convocada por el Instituto Nacional Electoral a petición de los ciudadanos y ciudadanas, en un número equivalente, al menos, al tres por ciento de los inscritos en la lista nominal de electores.

La cuestión es que, atrás de la revocación del mandato de Andrés Manuel López Obrador, está el propio presidente de la República y Morena; quienes están utilizando todos los recursos públicos a su alcance para tal efecto; lo que también viola lo establecido en el numeral 7°, de la misma fracción del artículo citado, el cual señala: “queda prohibido el uso de recursos públicos para la recolección de firmas, así como con fines de promoción y propaganda relacionados con los procesos de revocación de mandato.”

Así que, la revocación en la que se empeña López Obrador, queda muy lejos de ser un instrumento de participación ciudadana y más bien la está utilizando con fines meramente políticos y electorales. Lo ejemplifica la misma redacción de la pregunta aprobada para la jornada, que se pretende se realice en marzo del próximo año:

¿Estás de acuerdo en que [Andrés Manuel López Obrador], presidente de los Estados Unidos Mexicanos, continúe ejerciendo el cargo hasta que concluya su mandato?

Es una pregunta inducida, cuyos resultados, independientemente de los votos que se emitan, serán utilizados para contrarrestar el desgaste del fracaso de la mayoría de las políticas públicas implementadas por AMLO; y como una plataforma para que este se suba a la contienda por la presidencia en 2024, para imponer, de entrada, a la o al candidato de su partido; y para influir en los resultados electorales. Ese es el objetivo.

Es decir, López Obrador pretende, en los hechos, no una revocación de su mandato, sino que los resultados de esta jornada le sirvan como una especie de ratificación popular que le dé impulso, transcurrida ya la mitad de su sexenio, para tener capital político suficiente con el fin de meterse de lleno a la sucesión presidencial

En la mayoría de las democracias consolidadas, la revocación de mandato es un instrumento muy útil al que tienen acceso los ciudadanos para participar en las decisiones de política pública y como un mecanismo de contrapeso y sanción ante malos gobiernos o representantes populares.

Sin embargo, en el caso de México, este criterio fue pervertido desde el principio, porque en la reforma constitucional, promovida por la mayoría de Morena en el Congreso de la Unión, debió establecerse que dicha revocación debía aplicarse a los futuros gobernante, y no a la administración actual.

Al no hacerlo así, en realidad la revocación sólo es un pretexto para la ratificación  y la propaganda política en beneficio del gobierno actual; pero no sólo eso, López Obrador está violentando la Constitución de la República, forzando todo el proceso, utilizando las instituciones y recursos públicos; y presionando a todas las fuerzas políticas, incluida Morena, para que la revocación salga a su gusto y conveniencia.

Vaya manera de demostrar que es demócrata. Más bien recurre a prácticas de un político de poca monta, a las que tanto dice despreciar. Es parte de su estrategia para poder estar en la boleta electoral (de consulta) e influir en las elecciones del próximo año, pero particularmente, en la sucesión de su anhelado Maximato.

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