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¿SERÁ UN MEJOR AÑO?

Jeremías Ramírez

Algo sucede en el ser humano al final de un ciclo, bien sea escolar, laboral o cronológico, si le fue mal, tiene la esperanza de que el siguiente será mejor. Tal vez es parte de nuestro instinto de supervivencia, pero cuando estos ciclos se repiten y forman cadenas largas de ciclos malos, la esperanza empieza a menguar hasta desaparecer. Y tal parece que estamos frente a una de estas cadenas largas de ciclos malos.

Por ejemplo, el 2019 no fue para muchos una maravilla y el 2020 lo recibimos con alegría y esperanza. En mi caso, crei que ese año muchos de mis proyectos se harían realidad, pero mis expectativas se fueron desmoronando hasta cerra en un desastre en diciembre.

A pocos meses de iniciado el 2020 hizo su aparición una de las epidemias más severas que nos ha asolado (y aun nos sigue asolando) la que combatimos con nuestras mejores armas: la ciencia. Y es que nuestra ciencia médica ha experimentado un desarrollo inusitado en el siglo XX, y confiábamos que como en el caso del virus H1N1, no pasaría de dos o tres meses que anduviéramos con tapabocas y pronto regresaríamos a la normalidad.

Pero los meses fueron pasando y vimos con tristeza que nuestra ciencia no lograba detener el virus y los muertos se fueron acumulando, a pesar de que con rapidez se desarrollaron varias vacunas. A finales del 2020 sentimos el amargo sabor de la impotencia y la derrota, y más aún si alguien cercano moría en la batalla.

            Entonces muchos buscaron de inmediato un culpable (¡Vaya consuelo tan miserable!): fue el capitalismo rapaz; fue la incompetencia de los científicos; ha sido la irresponsabilidad de los gobiernos o la inconciencia de los ciudadanos; fueron los grupos de poder internacionales que quieren establecer un nuevo orden político y económico mundial y de paso desaparecer a los ancianos y a los pobres. Incluso hubo muchos que culparon a Dios, aunque Dios nunca había sido parte de sus creencias.

            También vimos surgir conductas absurdas e irracionales, claro indicativo que la inteligencia del hombre del siglo XXI es tan limitada como la del hombre de la Edad Media. Por ejemplo, miles salieron a comprar grandes cantidades de papel higiénico; otros negaban la existencia del virus, hubo quien creyeron que era una patraña del gobiernos para inocular sustancias mortíferas en los ciudadanos o para controlar a los ciudadanos a través del miedo, etc. 

            Finalmente cerró el 2020 desastrozamente. En mi caso, nuevas enfermedades me alcanzaron, incluyendo el virus, de modo que el inicio del 2021 yo estaba casi en la lona y mis esperanzas en números rojos.

Pero el anuncio de las vacunas a finales de ese año levantó la esperanza y esto asumir el año nuevo 2021 con una actitud positiva. Sin embargo, la pandemia se extendió y la vacuna no ha logrado lo que todos esperábamos.

Entonces, ¿qué debemos esperar del 2022 que no viene con buenos augurios? Los especialistas en diversos campos nos alertan que el virus seguirá vigente en su nueva y glamorosa versión: “Omicron”; que la crisis económica no va a ser resuelta ni en México ni en el mundo; que la amenaza ambiental no va a desaparecer sobre todo si ningun país (sobre todo rico) está dispuesto a renunciar a su comodidad.

Quizá por ello veo en mis redes sociales pocas voces de triunfalismo y buenas esperanzas. Los buenos augurios se han quedado en el silencio, sobre todo en aquellos que el 2021 los dejó con un rosario de sinsabores y tragedias.

            ¿Qué hacer entonces? Quizá, no todo está perdido, como dice Fito Paez en una de sus canciones, si tenemos la osadía de utilizar nuestra inteligencia combinada con humildad. Nada le ha hecho más daño al ser humano que sus ideas retorcidas y su orgullo. Pensar que nuestras ideas son una maravilla y no querer aceptar el error nos has llevado a tener vidas desgraciadas. Afortunadamente existe en cada persona momentos de lucidez, de sensatez, que a pesar de que son sólo unos instantes en que advertimos nuestra estupidez, podemos corregir el rumbo. Son sólo unos instantes valiosos en que vemos las cosas con claridad y objetividad.

            Para entenderlo permítanme ilustrarlo con una parábola bíblica: la del “Hijo pródigo”, que aparece en el evangelio de Lucas, capítulo 15: 11-32.

            Dice el evangelio que un joven le pidió a su padre su herencia y después de haberla obtenido se fue a una ciudad lejana donde la dilapidó y cuando ya no tuvo nada, los que se decían sus amigos lo abandonaron. Miserable y hambriento buscó trabajo y nadie le daba hasta que finalmente pudo encontrar uno como criador de puercos. Seguramente su sueldo era tan malo que no le alcanzaba ni para comer y nos dice el texto bíblico que deseaba comer los algarrobos[1] que le daban como alimento a los cerdos. En esa situación, de pronto, le llegó un instante de lucidez y pensó:

¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre.

            La situación de este hombre era tan desesperada que ya no le importó su orgullo. Hizo tres cosas importantes: 1) comparó su existencia miserable con la que tenían los jornaleros de su padre. 2) Le diría a su padre que había sido un insensato y que ya no era digno de ser llamado su hijo, que lo aceptara como jornalero. Ste joven estaba dispuesto a tragarse su orgullo. 3) Entonces se levantó y fue a su padre. El final es harto conocido.

            A cuantos de nosotros nuestro orgullo nos mantiene hundidos en la miseria social, moral o económica. Si regreso derrotado y pido perdón o acepto ese trabajo que no es lo mejor pero resuelve mis problemas, si… Hay tantos si en nuestra vida sin resolver. Pero no, nos decimos, ¿qué van a decir de mi, qué van a pensar, creeran que soy un cobarde, un estúpido, que…? Y no nos atrevemos a pasar sobre nuestro su orgullo, como el jove pródigo, y seguimos viviendo rumbo al desastre.

            Pero si logramos aplastar nuestro orgullo y analizamos nuestras ideas y aceptamos con humildad que no sirven y tomamos la decisión de hacer lo correcto, aunque se burlen de nosotros, la esperanza resucita. Eso es lo que le Biblia llama arrepentimiento. No sólo debemos reconocer lo que estamos haciendo mal, es decir, en qué nos estamos equivocando, sino además cambiar el rumbo de nuestra vida y elegir lo que es apropiado.

            Este año que inicia, ¿A cuántos de nosotros nuestro orgullo matará la esperanza de un mejor año? Y si la Biblia tiene razón ¿cuántos podremos darle el beneficio de la duda a su mensaje? Si este libro ha sido capaz de cambiar vidas, familias, sociedades, naciones, ejércitos, y los ha hecho mejores, ¿no tendrá un mensaje para mi?.

            Dice el profeta Jeremías: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma”. Descanso, ha, bendita palabra.

            Quizá ante las esperanza perdidas, ante el fracaso de la ciencia y la sociedad, y el pobre o nulo ofrecimiento del arte, la literatura, los gobiernos de izquierda o de derecha, podriamos revisar sin prejuicios lo que dice la Biblia.

            Miren lo que nos dice en Eclesiastés 9:4-10:

Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto. Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol. Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios. En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza. Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol. Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

Tal vez es el momento de echar de lado nuestro orgullo y nuestros prejuicios para que brille la experanza de tiempos mejores.

¡¡¡FELIZ AÑO 2022!!


[1] Esta especie de “ejote” que al parecer en aquel tiempo sólo era comida para animales. Los humanos no lo consumían porque quizá de sabor era poco agradable y que hoy se sabe es uno de los llamados “superalimentos”.

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