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Miguel Alonso Raya

El enroque realizado por Andrés por Manuel López Obrador, en la Secretaría de Gobernación, reafirma su intención de reforzar su poder político y el control del país en el segundo tramo de su mandato; y apuntalar las bases de la continuidad de su proyecto personal rumbo a la elección presidencial de 2024.

Fue así como Plutarco Elías Calles construyó el Maximato. Electo en un “proceso democrático”, asumió el control absoluto del poder, anuló la división de poderes, cooptó o neutralizó la fuerza de los gobernadores, no permitió la disidencia, persiguió a la oposición -particularmente a la Iglesia Católica-  y, luego del asesinato de Álvaro Obregón, impuso a tres subordinados en la presidencia; hasta que fue exiliado de México por Lázaro Cárdenas.

En este contexto se enmarca la sustitución de Olga Sánchez Cordero, quien nunca pudo, ni quiso, tomar las riendas de la Secretaría de Gobernación, atemorizada por la injerencia y constante hostigamiento y humillación del Ejecutivo. López Obrador,  sin cuidar las formas, nombra ahora en su lugar a  Adán Augusto López; su paisano e incondicional, quien no dudará en acatar lo que le indique

La primera declaración del nuevo secretario de Gobernación lo pinta de cuerpo entero, al justificar la artera agresión de un integrante del Instituto Nacional de Migración, contra un ciudadano haitiano que intentaba ingresar al país.

Este nombramiento se enmarca en otras decisiones de AMLO para conseguir su objetivo. Entre las más recientes, el haber adelantado la sucesión, permitir que la Jefa de Gobierno prácticamente ya ande en precampaña por el país, descalificar, encarcelar y perseguir a eventuales candidatas o candidatos de la oposición –y de Morena-, como es el caso de Ricardo Anaya.

Adán Augusto no llega para dialogar y acordar; ni para abonar a la solución de los serios problemas del país en rubros claves como en economía, seguridad pública, salud, educación, pobreza y medio ambiente, entre muchos otros.

En realidad, al designar, en uno de los despachos más importantes de la administración, a un declarado admirador, que lo ha acompañado durante toda su carrera; AMLO tiene la certeza que no contradiga sus decisiones, sean éstas, legales o arbitrarias.

Andrés Manuel sabe que el ahora titular de Gobernación le debe todo. Está consciente que su paisano lo idolatra y se siente en deuda con él por haberlo llevado al gobierno de Tabasco, luego de aspirar al cargo, infructuosamente, por años.  Y sabe también, que trabajará no sólo para atender lo que el presidente “diga y mande”, sino para consolidar su poder y lo que concibe como su cuarta transformación.

De tal manera que el enroque en Gobernación es una jugada de muchas bandas, pero con un solo fin del presidente: fortalecer su poder político. Saca de Gobernación a un florero, coloca en su lugar a un incondicional y engaña a las y los senadores de Morena para apoderarse de la presidencia de la Mesa Directiva; con el garlito de afianzar la agenda progresista, cuando en realidad busca meterle una cuña a un aspirante a la presidencia en 2024, de su propio partido, con quien ha tenido diferencias.

Olga cumplirá acatará este mandato sin chistar. En todos los cargos se ha defendido a sí misma y peleado por sus intereses; y si eso implica seguir apoyando a la 4t, obedeciendo sin objetar al presidente, lo hará.

Así que, López Obrador, suma una jugada más rumbo a su ambición de afianzar el control del país para consolidar la continuidad de su proyecto personal. Y se siente envalentonado, de ahí su frase: “los adversarios me hacen lo que el viento a Juárez, no detendrán a la 4t”.

Pero Andrés Manuel ignora lo que él mismo ha repetido hasta el cansancio: “el pueblo pone y el pueblo quita”, y al menos el 6 de junio de 2021, al no votar para que Morena alcanzara la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, las y los ciudadanos ya le mandaron un primer aviso de que la soberbia es mala consejera.

La oposición tiene la palabra frente a la incipiente, pero ya evidente, decisión de las y los ciudadanos inconformes de buscar una alternativa política para dar la batalla por la alternancia y el fortalecimiento de la democracia.

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