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Lo que nos han querido vender como una próspera ciudad industrial y con un gran turismo de negocios, es tristemente más reconocida por sus lamentables números rojos, ¿en qué momento tal brutalidad es parte de la cotidianidad del lugar en el que vivimos?

Por Jorge Orlando Moctezuma Hernández

Inicio este texto el miércoles 18 de agosto de 2021, durante la mañana de ayer en Celaya, Guanajuato, se encontraron los restos humanos de cuatro personas, asesinadas en diferentes partes del municipio: 2 jóvenes en una comunidad, un anciano a orillas de una carretera y una cabeza humana dentro de una bolsa en una de las colonias más peligrosas de la ciudad, presumiblemente el resto del cuerpo fue encontrado en una colonia cercana.

Así son los días en esta ciudad, lo que alguna vez fue la puerta de oro del bajío y lo que nos han querido vender como una próspera ciudad industrial y con un gran turismo de negocios es tristemente más reconocida por sus lamentables números rojos.

El inicio

Para nosotros los celayenses, quienes hemos venido sufriendo esta situación por varios años ya no es novedad, sin embargo, es necesario hacer el análisis, volver la vista atrás y preguntarse: ¿En qué momento se normalizó el que alguien asesine a una persona, corte su cabeza, se dé el tiempo de “explicar” el hecho en una cartulina y dejarla en alguna calle de nuestra ciudad?, ¿en qué momento tal brutalidad es parte de la cotidianidad del lugar en el que vivimos?

Fijar un punto de inicio a todo este desorden, a este laberinto de asesinatos, persecuciones, extorsiones, secuestros, decapitados, embolsados, entambados, autos incendiados, granadazos, bombas molotov, halcones, etc., es sumamente complicado, difícilmente puede detectarse un momento exacto o marcar con rojo una fecha en el calendario, sin embargo, sí puede hacerse una comparativa, mirar unos años atrás y realizar un contraste, vale la pena el ejercicio.

Según datos del INEGI, desde 2014 el número de asesinatos ocurridos en Celaya ha estado cerca de los 100 registros y un aumento considerable a partir de 2017. En los municipios cercanos, podemos ver algo similar; la sumatoria de la zona, es simplemente de terror: 5 mil 560 asesinatos en un lapso de 7 años en igual número de municipios. Si esto no es un estado fallido, está muy, muy cerca de serlo.

Elaboración propia con datos del Inegi.

Pero regresemos a intentar encontrar un inicio. Muchos de los analistas aseguran que este fenómeno derivó del crecimiento del cártel “Santa Rosa de Lima” (CSRL), agrupación delictiva que surgió en la comunidad del mismo nombre y que fue dirigida por José Antonio Yépez, “El Marro”. La comunidad que da nombre a ese grupo delictivo es una pequeña población con apenas 3 mil habitantes, perteneciente al municipio de Villagrán y muy cercana a Juventino Rosas, Cortazar y Celaya.

El cártel se dio a conocer desde 2015 por sus operaciones de robo de combustible, o lo que más comúnmente se le llama “huachicol”, se dice que comenzaron a “ordeñar” algunos ductos subterráneos cercanos a la localidad, para después expandirse hacia al sureste, Apaseo el Alto, y hasta León, al noroeste del Estado. En algunos reportajes se ha señalado que en sus mejores momentos, el CSRL tenía el control de hasta 1 mil 696 puntos de “ordeña”. También se ha comentado que el cártel tenía control de las pipas que salían directamente de la Refinería Antonio A. Amor, ubicada en Salamanca.

Ante esos números tan alarmantes surge una pregunta muy obvia, ¿Por qué no se hizo nada? Resulta más que evidente la complicidad y omisión de las autoridades municipales, estatales y federales en el periodo de 2015 al 2018. En aquellos años, si viajabas por la carretera estatal rumbo a Querétaro, a cualquier hora del día y a plena vista se podían ver latas con combustible incendiado a orillas de la carretera anunciando la venta de “huachicol”.

Metros más adentro, en ocasiones semiocultos entre la hierba, dentro de pequeños y hechizos refugios de madera o enterrados, se encontraban los contenedores, depósitos todos tipos y tamaños; tinacos, cisternas, tambos, etc., en los que se llegaban a almacenar hasta 10 mil litros de combustible robado. Era muy común ver que las patrullas de la ahora desaparecida Policía Federal pasaban de largo y sin siquiera voltear a mirar algo que a todos nos parecía sospechoso, excepto a ellos.

En Facebook era muy común encontrar gente ofreciendo gasolina en grupos de venta, en pláticas de reuniones familiares o de amigos siempre había alguien que conocía a otro alguien que sabía dónde vendían “huachicol”. Si alguien organizaba una excursión iban a X colonia, localizaban una tiendita, doblaban a la derecha en la casa azul y preguntaban por “fulano”. Siempre había una forma y regularmente era un proceso muy sencillo.

Taxistas, microbuseros, taqueros, guardias de seguridad, profesores, universitarios, amas de casa, oficinistas, médicos, todo tipo de gente sabía dónde comprar y cuando alguien se atrevía a hacer la pregunta ¿Por qué fomentar una ilegalidad?, las respuestas eran simples: “chingarse al gobierno”, “los de Pemex son cómplices”, “nos roban más con los gasolinazos”, etc. Por eso era un negocio tan lucrativo, por eso los cómplices eran miles, porque existía el pensamiento bien posicionado de que era una tranza que “beneficiaba a todos”.

Eso era el negocio a escala menor, pero también se ha comentado en voz de los especialistas que muchas de las gasolineras se surtían de combustible robado, así que queriendo o no, muy probablemente todos consumimos gasolina robada, todos fuimos cómplices de manera voluntaria o involuntaria y beneficiamos al CSRL, cuesta admitirlo, pero al ser un negocio tan grande, era poco probable quedar ajeno.

Entre el fuego

Hoy es 20 de agosto, por la madrugada hombres armados llegaron a la comunidad de Rincón de Tamayo e incendiaron un par de casas. Hacía algún tiempo que esta práctica no se veía, una acción que desde el 2018 se hizo muy común en esta zona, pero que sin lugar a dudas incrementó desde inicios de 2019.

En enero de ese año y con una estrategia muy cuestionada (sobre todo en nuestro Estado), el Gobierno Federal decidió combatir el robo de combustible. A los pocos días aparecieron los camiones de transporte y carga, además de vehículos particulares, incendiados en distintos puntos de la región como respuesta a dicha medida.

Los narcobloqueos se volvieron frecuentes, el “modus operandi” era simple y rápido. Ante un movimiento del Ejército, los vigilantes (o halcones) del CSRL generalmente menores de edad, trabajadores de vulcanizadoras o de fondas a la orilla de las carreteras daban aviso, en unos minutos llegaba algún vehículo con hombres fuertemente armados, robaban cualquier otro automóvil, camioneta o preferentemente camiones de carga o de pasajeros, los cruzaban en diagonal sobre las carreteras, los rociaban de gasolina y les prendían fuego.

Las cicatrices de estos hechos siguen ahí, en la avenida Constituyentes enfrente de una tienda de autoservicio, a unos metros del mercado de abastos y casi 4 años después, aún puede verse el lateral de un puente quemado. Si se conduce por la carretera que va hacia Juventino Rosas son al menos seis marcas en el asfalto, sobre la autopista Celaya – Salamanca lo mismo, esos mudos testigos que nos recuerdan ese par de años, 2019 y 2020, donde una y otra vez la historia se repetía, llegar a Celaya desde León o Guanajuato era siempre un riesgo, tenías que estar al tanto de las noticias que se dieran en ese día para planear tu ruta.

Hay otros dos momentos clave que quedarán siempre en la memoria de los habitantes de la región. El primero a inicios de marzo de 2019, cuando fuerzas federales y estatales intentaron ingresar a Santa Rosa de Lima para realizar operativos de seguridad. Habitantes de las comunidades cercanas pertenecientes a Villagrán, Celaya y Juventino Rosas bloquearon los accesos e intentaron repeler a las fuerzas de seguridad con palos, piedras e incluso con el uso de armas de fuego.

El saldo estimado fue de cerca de 20 vehículos incendiados, de manera absurda al día siguiente algunos medios locales reportaron que los vehículos eran robados. Ese mismo día se comprobó (según las pruebas presentadas por la Fiscalía de Guanajuato) que parte de la población de Santa Rosa de Lima recibía “nomina” para supuestamente proteger los accesos a la comunidad.

El segundo momento fue poco más de un año después, cuando el 20 de junio de 2020, nuevamente un operativo conjunto de fuerzas de Seguridad Federales y Estatales logró la detención de 26 personas en Celaya. Dentro de esas personas detenidas se encontraban familiares (madre, hermana y prima) de “El Marro”. Esto desató la que a la fecha ha sido la peor de las reacciones en contra de la población por parte del CSRL.

Durante varias horas de esa tarde y en casi la totalidad de la mancha urbana del municipio se registraron vehículos incendiados, quema de negocios o de viviendas. En total se contabilizaron 37 hechos. El caos fue generalizado, la gente no sabía si quedarse en su casa o resguardarse en otro lugar; reporteros, bomberos y policías corrían de un lugar a otro ante cientos de llamadas al 911. Al día siguiente y durante unas semanas, una tensa calma.

Foto: especial.

La captura, los cambios y la lucha

Meses después, en agosto de 2020, después de al menos tres intentos fallidos, otra vez en un operativo conjunto, se logró la detención de “El Marro”. El jaloneo por ver quién se llevaba el crédito comenzó a las pocas horas: Diego Sinhue y López Obrador “felicitaban” y “agradecían” la operación conjunta pero resaltaban el trabajo que a cada quien le correspondía, el tema pues, se convirtió en asunto político, el máximo logro en materia de seguridad para ambos bandos.

Se habló tanto, se presumió tanto, se enalteció tanto que al final, como suele pasar ante tan grandes expectativas, resultó un fiasco. Es cierto que por semanas hubo nuevamente una tensa calma, había mucha gente que pensaba que el CSRL iba a tener una reacción violenta ante la captura de su jefe. Otros en cambio pensaban que el cártel “moría” con la captura del Marro. Pero al final sucedió lo que por lógica y por experiencia previa iba a suceder, aquella metáfora de la mitológica Hiedra a la cual le cortas una cabeza y le crecen dos se volvió realidad.

Aparentemente y según los analistas, por semanas la gente del CSRL y miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) estuvieron midiendo fuerzas, negociando, convenciendo, hubo ciertos movimientos y después la disputa por el territorio.

Si bien desde años atrás el CJNG había intentado entrar con cierto éxito en la zona, controlando el mercado del narcotráfico, ambos grupos tenían su “fuente de ingresos” y “trabajaban” respetando relativamente el negocio del otro. Sin embargo, con la mayor presencia de las autoridades y ante el “combate contra el huachicol” el CSRL se vio “obligado” a sacar recursos de otras actividades, fue ahí donde se volvió más frecuente la extorsión, el robo a vehículos particulares y de transporte, además de incrementar sus actividades de narcomenudeo, sobretodo en la ciudad de Celaya.

Así que ante el intento de aprovechar la debilidad del CSRL por parte del CJNG y ante el “cruce de intereses” los enfrentamientos entre ellos aumentaron y con ello el incremento de ejecuciones y restos humanos abandonados.

Hoy es 23 de agosto, son las 9:30 de la mañana y ya son dos las personas de las que se encuentran sus restos humanos, abandonados en bolsas para la basura en la zona centro-sur de la ciudad. Es frecuente que se diga que se trata de miembros de algún grupo delictivo, los cuales son privados de su libertad, torturados para obtener información, asesinados y abandonados en algún sitio a la vista de la ciudadanía, como mensaje hacia la población de su presencia en el territorio o como amenaza al grupo adversario.

Justamente después de la captura del Marro, durante los meses de agosto y septiembre de 2020 fueron 39 cuerpos abandonados en la ciudad de Celaya, en un conjunto de acciones que parecían una cacería, una limpia de aquellos que habían cambiado de bando o que posiblemente habían traicionado al Marro. Las cartulinas con distintos mensajes también son ya comunes y ayudan (si se toman como ciertos los mensajes) levemente a comprender los motivos.

Las zonas rojas

Respecto a este tema hay una realidad preocupante, hay zonas muy marcadas donde se dejan los restos humanos, el margen del Río Laja es uno de estos lugares. Resulta hasta sospechoso que los ciudadanos puedan darse cuenta de ello, que esté documentado por la prensa y que las corporaciones de seguridad aparentemente no hagan nada ante ello. Es muy raro ver patrullas a lo largo del río y mucho menos que sea notorio que hacen recorridos periódicos. Ante tales facilidades y falta de acción, los grupos delictivos tienen bastantes libertades y la población poco puede hacer.

De igual forma se han registrado de manera muy constante ejecuciones en zona urbana y comunidades, a un ritmo cercano al ejecutado por día, hay muy pocos días de respiro, en todo el año pasado y lo que va de este no ha habido una semana que pueda marcarse como libre de asesinatos.

En este caso también es muy marcada la zona, en un diámetro de 6 km hay unas cinco colonias en donde en el periodo de agosto de 2020 y julio de 2021 hubo 58 ejecutados, de los cuales destacan 11 homicidios dolosos durante la segunda semana de enero en una misma colonia. En esta parte de la ciudad, la zona de mayor impacto es también preocupante la falta de patrullaje, de casetas permanentes, del desarrollo del tejido social y la generación de oportunidades. Hay un abandono casi generalizado, la atención se centra en pocos puntos y muchas colonias más que “focos rojos” se han vuelto inhabitables.

Elaboración propia con datos del Inegi.

La inseguridad de la seguridad

Es sábado 28 de agosto, ayer por la noche ejecutaron a dos policías a bordo de una camioneta, este es un punto que ha tenido una notable mejora después de la captura del Marro, antes de agosto de 2020 habían sido asesinados 20 miembros de distintas corporaciones de seguridad, policías municipales, estatales y miembros de la policía vial de Celaya. La sensación de vulnerabilidad al ver que ni siquiera la Policía estaba segura en esta ciudad era realmente preocupante, por fortuna, eso ha disminuido bastante, es quizá uno de los pocos saldos a favor en esta lucha.

“De Forti Dulcedo”

Así ha sido este año, la promesa de paz y tranquilidad se esfumó, aquí seguimos (algunos, afortunadamente no todos) hundidos en la incertidumbre, aguzando el oído cada que escuchamos una sirena, apresurando el paso si salimos a comprar algo a la tienda de noche, no sea que otra vez maten a 7 a la vuelta de la casa. Seguiremos aquí, con la esperanza de regresar, con el deseo de que todo pase.

A la mayoría de los celayenses ya no le importa repartir culpas, ni colgarle la medalla a un gobierno o a otro, nos da igual quien aporte a la solución de esta situación, estamos tan inmersos en el problema que hace tiempo que se normalizó; lo raro ya no es que haya un muerto, sino un día de paz.

Es tan preocupante que hoy 28 de agosto por la mañana asesinaron a dos personas al interior de un autolavado, a uno de ellos le prendieron fuego y en el colmo del surrealismo había gente a unos metros que estaba tranquilamente desayunando tacos, en el mismo puesto que hace unos meses le habían disparado a uno de los trabajadores. Esto no debería ser normal, así como tampoco puede ser normal que en un año haya 533 víctimas mortales.

Negar el problema no resuelve nada, es importante señalarlo, es necesario estar al tanto de las cifras, justamente el día de hoy, 30 de agosto, durante «la mañanera», el presidente hizo énfasis en el numero de víctimas en el estado, fueron 32 los asesinatos en 3 días, número similar a los 35 asesinatos durante el mes de agosto en Celaya.

Los eufemismos tampoco son de utilidad, se trata de ejecuciones, son asesinatos, es gente que ha muerto. Llamarles “daños colaterales” es ridículo, así como las declaraciones de “casos aislados”, de “no pasa nada” o de “los muertos no son de Celaya” por parte de las autoridades, estos pronunciamientos “oficiales” tampoco ayudan. Lo que nos queda es seguir firmes, apelar al sentido de colectividad y poner en alto el lema de nuestra ciudad y resistir, después de todo “de los fuertes, seguirá siendo la dulzura”.

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