23 noviembre, 2020

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Español y náhuatl

Enrique R. Soriano Valencia

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El español es uno de los idiomas más ricos del mundo. Eso se debe a que los hablantes somos proclives a incorporar voces de otras lenguas con pequeñas adaptaciones o franco calco. A lo largo de la historia de lo que originalmente apareció como castellano, la relación con otras culturas dominantes o dominadas fortaleció, modificó o trastocó la lengua que hoy llamamos preferentemente español. De ellos, hoy me referiré a algunas palabras del náhuatl, conocidas oficialmente como nahuatlismos.

La península ibérica a lo largo de la historia registró constantes invasiones por fenicios, etruscos, romanos, godos, visigodos, astrogodos, árabes, franceses e ingleses. Todas esas culturas dejaron voces en el idioma. Pero no sólo los invasores, también los conquistados hicieron su aportación a la lengua, como son las lenguas amerindias.

En el español tenemos un caso muy curioso en tiza y gis. Ambos vocablos en la actualidad tienden a desaparecer porque los antiguos pizarrones verdes en las escuelas han sido sustituidos por pintarrones blancos. Pero en las anteriores generaciones se escuchaban con regularidad.

El primer vocablo fue común en España y la segunda en México. Ambas palabras se usan para señalar a ese taco de polvillo blanco para dejar registro en el pizarrón verde. Lo que llama la atención es que tiza procede del náhuatl y gis del español. Es decir, que en España recurrían al nahuatlismo y aquí al vocablo español. La voz Tízatl es usada por los habitantes del centro de México para designar la tierra blanquecina y, particularmente, la ceniza blancuzca del carbón vegetal después de arder. De esa voz proceden las palabras tiznado usada para designar a alguien que se manchó con tizne y este último vocablo para señalar lo que manchó a la persona.

Otro nahuatlismo menos evidente, pero de igual uso muy común, es la palabra machote. Este término lo usamos en México para referirnos a un formato. La palabra es idéntica al aumentativo de macho en español, pero no tiene el mismo origen. Mientras en español es una forma de llamar al varón con connotación impositiva (de ahí que se tome como antónimo de feminista), en la voz machiotl significa señal, marca o guía. Por lo tanto, en México algunos países centroamericanos y el sur de los Estados Unidos de América es válido usarla para designar una forma establecida previamente, solo para rellenar algunos espacios, un formato.

Nahuatlismo de mucho uso es mitote (mitoti). Desde hace años ya se encuentra incluida en el diccionario oficial y la define como melindre, aspaviento, bulla, pendencia, alboroto. Calificar a alguien de mitotero, es definirle como persona que hace gran aspaviento o alboroto por algo. El diccionario de Francisco Xavier Clavijero (UNAM, 1974) la recoge simplemente como baile. Desde luego, debió referirse a un baile con movimientos muy exagerados para que arraigara como alboroto.

Una más es papalote (papalotl). Es usada para designar lo que en España llaman cometas. Ese juguete es una estructura ligera, forrada con papel muy delgado (aunque actualmente los hay de plástico) con un cordel, lanzada al aire en días de mucho viento. Originalmente, los hablantes del náhuatl la usaban como nombre genérico para referirse a las mariposas.

Un vocablo muy entrañable usado actualmente con regularidad en casi todas las regiones del país es la palabra cuate. Con ella se identifica a un amigo muy cercano, aunque también se usa para designar gemelos, pero este sentido es menos frecuente en el conjunto del país. Los dioses mexicas siempre tenían un gemelo. De Quetzalcóatl, por ejemplo, su gemelo era Ehécatl, dios del viento. Y la forma de identificar el gemelo, entre los antiguos mexicanos, era precisamente cóatl (serpiente), que derivó en la actual voz cuate.  En la cultura occidental, la serpiente ha sido considerada un animal maligno. La Biblia dice que fue la forma adoptada por el demonio para tentar a la primera pareja. Pero en el mundo mexica el concepto era diametralmente opuesto. La serpiente era el ser muy apegado a la más venerada de las diosas, a la madre de Quetzalcóatl: la que nos dio origen y tragaba nuestras inmundicias, incluso nuestros pecados, la Madre Tierra. Por eso, el cóatl era altamente respetado. Los mexica veían a la serpiente como un ser estrechamente ligada a la Madre Tierra, era su gemelo. De ahí surgió la idea entre los antiguos mexicanos de su idéntico. Por ello, si alguien presenta a un amigo como su cuate, prácticamente lo está llevando al nivel de hermano, de alma gemela.


Existen en español otras muchas palabras de origen náhuatl. Algunas, incluso, han rebasado los límites de nuestro idioma para incorporarse a todas las lenguas, como el caso de los productos agrícolas —el aguacate y tomate— y la más deliciosa manufactura procedente del cacao: el chocolate. También otras lenguas nativas hicieron su aportación, como la palabra huracán, de origen maya.

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