27 octubre, 2020

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El poder de la palabra en la pandemia


Enrique R. Soriano Valencia

Uno de los postulados de la ciencia es que las palabras crean la realidad. Y esta, la realidad, es un concepto. Lo que para unos es real y evidente; para otros, no. De ahí que en estos momentos de crisis a causa de la amenaza social de muerte por una pandemia, palabras de aliento, de esperanza y de fortaleza sean fundamentales. Buena parte de la estabilidad mental y física dependen de las palabras. Escuchar solo catastrofismo, deprime; escuchar esperanza, alienta. He ahí la fuerza, el poder que las palabras tienen sobre las personas.

En su libro El hombre en busca de sentido, Viktor Frankl –médico judío, prisionero en un campo de concentración de la Segunda Guerra Mundial– cuestionó sobre el factor decisivo para sobrevivir en los campos de concentración. Como médico, su formación le indicaba que organismos mal alimentados, en condiciones antihigiénicas y bajo maltrato tenderían a morir. Sin embargo, observó que no aplica en todos los casos y decidió investigar la razón entre los sobrevivientes. Descubrió que la decisión de morir en condiciones críticas está relacionada con la expectativa de vida, con la esperanza. Cada uno de los que decidieron no morir era porque tenían una meta positiva, una razón emocional importante que esperaban cumplir, lograr o alcanzar al término de sus condiciones de existencia. Estas eran variadas entre los prisioneros: volver a ver a su familia, emprender un negocio o, incluso, para él, compartir la experiencia de cómo sobrevivir en un campo de concentración. De ahí la importancia de plantear una esperanza, una meta, un mundo productivo posterior a la pandemia.

Un video de Discovery de la serie La mente, ese universo en nosotros mismos señala que la salud también está vinculada a lo que pensamos. El sistema inmunológico reconoce los iones de calcio que sirven como transmisores en la sinápsis neuronal y reacciona a ellos. Por lo que el estado de ánimo está directamente vinculado con la salud. Si esos iones trasmite información desesperanzadora, el sistema inmunológico se deprimirá y propiciará que cualquier padecimiento se vuelva fatal.

En el libro Demian, Herman Hess señala (lo cito de memoria y quizá no esté textual, fue una lectura de hace 20 años): Cuando los cambios en la tierra arrojaron a los animales terrestres a las aguas y los acuáticos a la tierra, fueron los ejemplares que aceptaron los cambios los que sobrevivieron y de los que ahora conocemos a sus descendientes. No sabemos si antes de los cambios, esos individuos eran los más revolucionarios o los más escépticos.

Lo único evidente es que estuvieron dispuestos al cambio.

Las personas más equilibradas, reflexivas y positivas que he conocido en mi vida les caracterizó estar vinculadas a lecturas, charlas o ambientes que les hicieron tener esperanza en la humanidad. Uno de ellos fue mi padre, a quien debo el gusto por la lectura.

Estamos en un momento crítico como humanidad, es cierto, es innegable. Una pandemia está haciendo que replanteemos mucho de nuestra forma de actuar, de relacionarnos con el mundo y con los demás. La pandemia nos ha movido el piso a todos.

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