Velia María Hontoria Álvarez

Dicen que el amor y la eternidad, son de las ambiciones que todas las personas, secreta o abiertamente anhelamos y quizá sea así; pues la necesidad de afecto y cariño está en cada uno, es el alimento que necesita el alma para no enfermar de tristeza o agobio; es el reconocimiento, que hacemos y nos hacen, afirmándonos el derecho a existir. Mientras que la eternidad, es una ansía que clama inmortalidad, tal vez por la aspiración divina, de acercarnos a Dios.

Por el amor se trabaja, se lucha, se abona y siembra, mientras que el camino a la inmortalidad, únicamente puede ser recorrido con los pasos de Dios, es la gloria que perdura a través de los tiempos y esta alimentado, en buena medida, con las estructuras de las tradiciones, con la fuerza de las acciones, que hablan de constancia y tenacidad, que hacen su marcaje de grandeza, para dejar la seña que perdura, por encima de nuestras debilidades.

Esto viene a colación, pues nuestro hermoso concierto Navideño está por llegar, y, aunque el anterior ayuntamiento agotó y exprimió todo el presupuesto –quizá para evitar tan afortunado evento- la fortaleza del Conservatorio, la tenacidad de sus equipos, con la voluntad de muchos, en esa búsqueda por perseverar en la tradición, logró con bien poco recurso económico, más excedido en talento, que la magia se diera, para que podamos escuchar y disfrutar de nuestro TRADICIONAL CONCIERTO NAVIDEÑO, ahora en nuestro nuevo teatro de la ciudad.

En esta ocasión, a diferencia de años anteriores, tendrá un costo, no podrá realizarse en la Calzada, bien sé que muchos pagaran con esfuerzo, más también reconozco, que todos lo haremos con profunda gratitud, en la bienaventuranza, de quienes reclaman tiempos mejores.

En la esperanza, de continuar forjando eternidad, son las huellas que dejamos todos y cada uno de los residentes celayenses; pues de alguna mágica manera, solo por el hecho de asistir, nos transformamos en personajes de este evento glorioso, hacemos historia y en sus anales queda registro.

Acudir es participar, en esta tu tierra y casa; habla de quiénes somos los celayenses, habitantes de este suelo plano, bendecido por la Purísima y perfumado por su deliciosa cajeta.

Al presentarnos, unimos los hilos de quienes se fueron y nos regala instantes, que rozan el dintel de la inmortalidad. Este concierto, habla de unión fraterna, de la cofradía de tradiciones, inculcadas por nuestros mayores en respeto por y hacia la paz.

Señala en acorde, con nuestra internacional Orquesta, nuestro repudio a la violencia, el rescate que hacemos de nuestras calles, edificios, a nuestra vida.

Nuestra presencia, refuerza con las voces de nuestros pequeños, de nuestros artistas, que esta ciudad es nuestra, que aquí se cohabita con el arte, con la excelsa distinción de ser poseedores, como muy pocas ciudades en el mundo, de la Orquesta Silvestre Revueltas.

Primera llamada, el teatro esta por abrir sus puertas, no cierres tus oídos, deja la pereza para otro día, desempolva el saco de valentía, perfúmate celayense, pues es tiempo de mirarnos, romper esta larga sequía de afectos, con los debidos respetos, que cada uno guarda, desde su sanidad a la paneterna. Son tiempos de prender luces, por todos aquellos que se han marchado y que, en el cielo, estampan con hermoso destello, el sendero a la eternidad. Escribo al correo inmortal, estas letras, con profundo respeto y cariño al amigo, al colaborador de esta columna: Ing. Rafael Salas Aguilar.

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