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G. Saúl García Cornejo.

Cuando los ciudadanos vemos que ciertos funcionarios públicos, gozan y seguirán disfrutando de algunos privilegios inusitados, incluso, fuera de toda congruencia, sabemos que no hay cambios sustantivos en el ejercicio democrático, que llamamos con cierto eufemismo, el “sistema”.

En el caso concreto de la señora Paniagua, hoy finalmente funcionaria saliente, en su cargo de presidente municipal de Celaya, luego de sus deslices y el manifiesto desdén por quienes habitamos esta herida comunidad, y por su claro desinterés en haber servido eficazmente a quienes hayan o no votado por ella, es decir por doña Elvira, que, incluso, vive en otra ciudad; hoy, con todo y que ha hecho entrega de la estafeta política, seguirá con un resguardo de seguridad, por 180 días o más, “si se ofrece”; compuesto por escoltas y una vehículo blindado, que obvio, pagaron y seguirán pagando, los contribuyentes fiscales de este municipio.

Es evidente que no se le desea sufra lo que otros habitantes o que igual, seguirán soportando casi con estoicismo, ante la nula seguridad pública. No. Sin embargo, si ella tiene algún temor fundado, lo que corresponde es que lo sufrague de su peculio, como cualquiera otro celayense oriundo o adoptado. Porque es una realidad, que con la policía, no se puede contar. No cabe decir que se lo merece, o que lo necesita, esas circunstancias son de su fuero personal y directo. Además, otro hecho en contradicción con esa postura de seguir sangrando al Erario, es que la señora y supongo que su familia, no viven aquí. Seguir en otra latitud, aún mientras le dan otro cargo –costumbre panista de arropamiento-; el peligro supuesto es aquí, en esta zona, en este territorio de Celaya, aunque sus enemigos reales o gratuitos la vayan puedan seguir a donde se vaya.

La mayoría de los habitantes, incluso, aquellos ciudadanos cuya candidez los haya hecho creer y/o votar por ella, no tienen porque sacrificar recursos, cuando hay prioridades que son hoy, verdaderas deudas sociales, para que la señora en mención siga en sus laureles.

Y no crean, estimados lectores que hay algo personal de mi parte, en contra de la señora aludida, no, en realidad, no me quita el sueño que haya dejado la presidencia, por el contrario, es un descanso largamente esperado. Lo que trae a colación, la nueva circunstancia: El Edil de reciente juramento de servir, de obedecer y hacer valer la ley máxima y todas las que de ella emanen –salvo las que resulten inconstitucionales o lesivas al Pueblo- ha dicho a voz en cuello y de manera reiterada: ¡No importan los colores políticos, lo que interesa es rescatar a Celaya!

Bien, señor Ingeniero, esta es la hora de la verdad, incluso, de la oportunidad para bien gobernar a esta herida ciudad, debe usted, rescatar esa parte del Erario y, sobre todo, hacer respetar la dignidad celayense: Quedan cuentas pendientes que doña Elvira, ha sido responsable de no actuar en beneficio de los habitantes y ciudadanos, entre esas, la inseguridad y los altos costos humanos, políticos, sociales y económicos, que se pagan por los celayenses. Y ¿Todavía hay que premiar a la expresidente? La realidad, no puede estar por encima de leyes o reglamentos que así lo establezcan y, si así fuera, el Ayuntamiento puede igual, revocar ese decreto municipal. Recuerde bien que usted acaba de jurar cumplir y hacer cumplir la Constitución y demás normatividad legal.

No sé si lea usted este periódico electrónico, espero que sí, o al menos algún allegado se lo haga saber. No desperdicie por favor, su gran oportunidad y empiece con el pie derecho. Tiene por ahora el beneficio de la confianza de un buen número de ciudadanos, que creen y más, esperan haga usted lo necesario, para empezar con ése anunciado rescate.

¿Qué opinan, estimados lectores?

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