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Velia María Hontoria Álvarez

Ocupados en sus quehaceres, dueños del hollín, tornillos y cajones. Centrados en bruscas bromas, con hoscos silencios, dejando caer de vez en cuando una suave caricia, que más que tocar la piel, traspasa el ser para llegar al alma. Suaves y rápidos; decididos y firmes. Callosos y por siempre hermosos…Así suelen ser, esos maravillosos seres, llamados hombres.

En mi vida, he tenido el privilegio de encontrarme con muchos de ellos y mi cuerpo -sin preguntarme- trajo a este mundo, a dos de ellos, mi voluntad y ejemplo los ha educado, en compañía de un extraordinario compañero, que les da con sinigual ejemplo, la gallardía de ser hombres.

En una cultura, en donde se sobre valoran las funciones de uno y otro género, en donde los abusos entre dos seres que se complementan, son el pan nuestro de cada día; pareciera que nosotras no tenemos nada que festejarles y sí mucho por señalarles. En simpleza, con honestidad, puedo decir que no imagino mi existencia, aun menos mi caminar sin ellos.

Su auxilio me da la certeza de la garantía confiable que necesito -y busco- cuando me siento traicionada, no solo por mis hormonas, sino por la fiereza del día a día. El equilibrio que me dan es inquebrantable, solo puede tambalearse por las acciones y las decisiones, que cada uno tome en nuestra convivencia.

Las cualidades de su género, no pasan desapercibidas, pues por designio divino fueron señalados para ser fortaleza, cimiente productor, inteligencia constructora de elevados castillos, de suelos pavimentados, pisos con techos para hacerlos hogares. Su resolución, me da la certeza, de que este caminar puede ser más sencillo y menos enredado, de lo que puedo suponer, con mi laberíntico pensamiento, inútil muchas veces para resolver mis cómos enfrentados en decoración, anulando la utilidad. Muchos errores de educación, se han cometido en sus funciones, incitando a su fuerza a la destrucción, y alejándolos de la deliciosa afectividad que comulga en ellos; se les ha enseñado a golpear, matar, aniquilar con puños, palabras y duros silencios que solo trae consigo abandono y desolación.

Han confundido su poder con abuso, muchas veces despertando la maldad o destruyendo a otros, que al final del día y solo por diferencia de sexo, son sus iguales diferentes. No necesita este mundo, que lo laven con sus lágrimas, ni que sean promotores de las mismas, necesita su empatía, la compasión generosa y sobretodo la protección inherente a su ser.

Necesita sus palabras, la escucha compartida, con la apertura que solo puede dar el lenguaje. El mundo necesita hombres sanos, #hombresdeadeveras no de un ratito. Hombres que diseñen puentes, que destruyan la guerra. Hombres que sepan calentar un lecho, con amor y respeto; hombres que reconozcan en nosotras a la compañera, la amiga, con la misma sumisión divina, que les infiere la vida. Muchas veces la intolerancia de género, nos ha llevado a distanciarnos, han usado armas que deberían unirnos. Usen su fuerza e inteligencia, para darle certeza a este alrevesado mundo, rezamos porque se comuniquen, con el lenguaje de la esperanza, que usen las palabras para expresar y no castiguen con sus rudezas; no los necesitamos de puntillas sino pisando fuertes, seguros, dándole la cara al sol: Que sea el trabajo, lo que permita que venga el progreso y no que sea el pretexto, para destruir amores. Festejo lo festejable, al hombre en su grandeza, no por ser varón, ni por su tipo de sexo; lo abrazo por su valía, hijo, padre, hermano, nieto, amigo, esposo, industrioso, me sumo a la alabanza de que vivan en este mundo para darle continuidad a la vida, certeza y convicción a la humanidad.

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