Vie. Ago 14th, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Decir y hacer, una dicotomía.

4 minutos de lectura

G. Saúl García Cornejo.

En la política y con énfasis en la mexicana, es tradicional que el discurso sea sólo un decir, pero no siempre un hacer. Conceptos que en la acción deberían estar vinculados, en la realidad son ajenos o hasta en algunas situaciones, contradictorios.

Hemos observado al presidente contradecir con la mano en la cintura y ésa “sonrisa” que nada más él sabe a qué se deba –que en los últimos días se va convirtiendo notablemente en una mueca peligrosa, incluso de alarma en su salud- y califica cualquier información o postura respecto a diversas situaciones, por ejemplo, en el uso de las mascarillas o cubre-bocas, que por simple sentido común se deben usar en eventos en donde interactúan varias personas, pues es obvio que finalmente no detienen un virus o bacteria, pero al menos hay cierta contención. En fin. El presidente deja mal parada su propia persona, amén de sus colaboradores. Tal situación no trascendería si se quedara en el ámbito personal de AMLO, pero a querer o no, sus seguidores pueden caer en la misma necedad y eso sí, a riesgo personal (¿A poco don Andrés los salvará? Pues no.)

¿Se necesitan pruebas psicológicas para saber por qué el presidente, es cómo es? No, el imaginario popular lo define bien: “importamadrismo”. También la soberbia hace su papel, o tendrá otros datos (científicos de preferencia) para avalar su comportamiento, pero que el otro problema que, de ser así, se los guarda en perjuicio de los demás mexicanos, o si es porque Mr. Trump le cae muy bien y lo emula, o al igual, por razón de un talismán chamánico, no olvidemos el ritual al inicio de su mandato constitucional, en el zócalo de la capital del País. 

La mentada credibilidad se esfuma a la simple vista de la inteligencia ciudadana, aún la más supina. Tanto caminar para llegar por fin a la oportunidad de servir a México, y gana el desdén o las creencias personales. ¡Carajo! Por eso no salimos de la barranca.

Esas situaciones que parecen pueriles –o eso creen sus promotores- deben ser analizadas con lupa, no necesitamos más locos como el neocacique de San Cristóbal, Guanajuato o Feli-pillo, por mencionar sólo dos casos notorios, en que valieron más sus “proyectos personales” que uno nacional (Tal vez nunca los hubo, no sustentables al menos).

Cierto que hay situaciones o problemas de más fondo, como la ola delincuencial que sufrimos aquí y en otros lares de la República, mientras crece un debate si hay que usar o no el cubre-bocas o si AMLO debe ponerse uno, por simple respeto a los demás. Esos, mis estimados, se llaman distractores que son impulsados por sus mismos actores, ¡Precisamente para distraer! Ese es el punto álgido. ¿Algún guanajuatense –con forzosa excepción de los gobernantes- ha visto disminuir o contenerse de menos, los actos delictivos? Vino AMLO a “fumar la pipa de la paz” con los gobernícolas, y en lo que nos interesa, con Diego Sinhué, que de inmediato hizo sus genuflexiones ante el presidente, pero no pasó nada más allá del ruido mediático y el canto de los jilgueros oficialistas. La delincuencia sigue tan campante e inalcanzable, impune. No tiene caso hacer números de los caídos, todos sabemos que rebasan la racionalidad, si es que tiene algo de eso la violencia. El ejercicio policíaco es inútil en el fondo: La violencia y sus fuentes. Un problema multifactorial sin duda, pero al igual como sucede hoy con la pandemia y sus efectos, nos van a decir: “Quédese en casa y evitará ser masacrado, asesinado”, lo que tampoco es garantía por una razón simple: La delincuencia no tiene límites, ni se le imponen. En fin. 

¿Tendrá caso en 2021, salir a votar? ¿Hay un líder social o persona simple ciudadana que pueda poner orden, del color político que sea? Es notable que yo mismo lo pregunte, pero ese es el sentir generalizado. Ya asoman sus cabezas algunos suspirantes, pero no se les ve trazas de nada relativo a lo que la sociedad celayense requiere. ¿Qué pasaría si el 81% de los votantes no emite sufragio? Una elección anulable y luego qué, ¿un Consejo Ciudadano? ¿Por quiénes compuesto? Y ¿Los delincuentes se van a quedar viendo? Parece un círculo irresoluble que demuestra la dicotomía de decir y hacer.

¿Qué opinan, mis estimados? Cuídense en todos los flancos.

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