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Velia María Hontoria Álvarez

Hace unos días, leí un desplegado en donde se menciona a mi Celaya, como la ciudad más violenta del mundo; el dato disparatado, fuera de contexto, realizado como lo menciona su metodología:  “persiguiendo un objetivo político”  (es decir: trae olor de palacio, encomienda guinda, para hacer añicos a la ciudadanía) cimbro a propios y a extraños. Otra vez, gracias a estos cariños, volvemos a estar en páginas nacionales e internacionales. Otra vez, deciden, darle duro a los celayenses.

No intentaré, decir que en Celaya se respira un ambiente de deliciosa calma, tampoco, validaré el consuelo de muchos para defender lo indefendible, tampoco dejaré de exigir que los gobiernos: federal, estatal y municipal enfrenten, contengan esta terrible epidemia violenta, pues es la labor para la cual están contratados, son ellos, los que   deben dejar de levantar los ojos al cielo y tirarse pelotitas.

Con responsabilidad hay que analizar ¿en qué ciudad, pueblo, ranchería, se vive sin violencia? Repasemos la tan renombrada ciudad blanca, hoy patria chica de mi Maris con graves dificultades en el tema de fraude y extorsión a la que se somete a comerciantes, empresarios, gremios etcétera; basta leer la gaceta de diputados con sus diarios, leer noticias; para enterarte que la ciudad blanca esta oscurecida. La tierra de la Corregidora, tan vecina a nosotros, en donde se dice, que acallan a los medios, para que no se publiquen terribles episodios de robos, secuestros, extorsiones que forman tristemente parte de su cotidianidad. Observar en la bella airosa ciudadanos armados, es tema de preocupación.

 No hay carretera en la que se viaje seguro, en todas puede ocurrir la desgracia de toparte con maleantes, con placa o sin ella. Miles de familias, sufren la angustia de la desaparición de alguna persona, sobre todo jovencitas. Así es, amable lector, con profundo pesar debemos reconocer que, EN TODO MEXICO, HAY AUSENCIA DE DERECHO; eso de los abrazos, reunirse con pillos, gritonear y zarandearse no le ha funcionado al señor presidente; más si ha abonado a la división.

Más a pesar de tan triste realidad, hay buenas noticias, que nacen de los nativos, ante la discreta participación gubernamental ¡nos hemos organizado ¡se han creado asociaciones, mesas vecinales. Grupos responsables, ciudadanos de todos los días, con quehacer, centrados en el objetivo de ofrecerle a nuestras familias certeza, para laborar en y con seguridad. Dedicando tiempo y esfuerzo para ejercer presión a las autoridades, poniendo rejas en sus calles, revisado estadísticas, analizando tácticas, diseñando programas, donde se crean, administran fondos, para reconstruir tejido social, y, con esta exigencia que pellizca a los gobiernos estatales y municipales, se dan pequeños pasos que son bases de grandes avances. Hoy, en mi ciudad, hay una disminución  real de más de un ochenta por ciento en robo a vehículos particulares y de carga;  así como una sensible disminución en el área de homicidios; no es tema de soltar  campanas al vuelo, más son pasos que encaminan  soluciones, es la verdad que se vive en mi Celaya, en la Celaya que unos anónimos  – sepa usted en dónde estén  y quien sean sus sectarios miembros-  decidieron calificar,  como  la más violenta del mundo y publicitarnos en el llano afán de descalificarnos para destruir; aun no puedo  comprender, como  se atreven a promocionarse en la búsqueda de un  México con seguridad, justicia y paz. Más bien se sabe, que una mala causa, será defendida siempre con malos medios y por hombres malos (T Paine) mientras tanto, vociferen, que  Celaya con sus habitantes trabaja y  Guanajuato, sigue en pie.

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