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*La campaña de Zamarripa pasa de la defensa al relanzamiento; *Vox y sentencias de la Corte exhiben resistencia panista a respetar derechos; *Veto de Márquez le impide a Diego colocar a operador en el PAN.

1. Diego Sinhue se ausenta del estado para dejarle el espacio al fiscal

Ilustraciones: Pinche Einnar.

La política es un espacio de percepciones alimentadas por hechos. Cuando coinciden en el tiempo la ausencia del gobernador en el territorio del estado con el activismo inusual y atípico de un funcionario que ha sido reiteradamente señalado como un «hombre fuerte» en el ámbito local, las conclusiones son inevitables.

Fiel al estilo evasivo con el que ha ejercido su gubernatura Diego Sinhue Rodríguez Vallejo eligió un pésimo momento para realizar una innecesaria gira de «promoción industrial» por 4 países de Europa. Fue el mismo momento en el que el fiscal Carlos Zamarripa salió de su bien apertrechado búnker para hacer política abierta en la plaza pública.

No faltó nada: reuniones con notables y mantas callejeras, al mejor estilo del viejo priismo. Ignacio Vázquez Torres hubiera sido feliz con un discípulo así.

Claro está, al igual que en el PRI del viejo siglo, todo salió de la nómina oficial: la reunión con el rotario de León la organizó el titular del consejo externo de la fiscalía, Luis Antonio Alanís Villarreal, también presidente del club social quien si bien goza de un cargo honorario, no deja de ser «de casa».

Las mantas fueron cortesía de los fiscales regionales, sobre todo el de Irapuato Israel Aguado Silva, quien no perdió oportunidad de retratarse con diversos departamentos bajo su mando, haciendo del apoyo al fiscal algo espurio: donde la nómina manda, la voluntad flaquea. Y donde hay posibilidades de quedar bien con el jefe, la lealtad se parece mucho al servilismo.

En el entorno de Diego Sinhue se dice que la campaña del fiscal forma parte de una decisión para que «se defienda solo», una especie de deslinde donde el gobernador no parece dispuesto a invertir más capital político en la confrontación con el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, la decisión de «no decidir» siempre es contraproducente en política.

Sinhue nunca «decidió» dejar a Zamarripa como procurador: le fue impuesto por Miguel Márquez como condición a su candidatura.

Sinhue nunca «decidió» proponer a Zamarripa como fiscal: dejó que corriera el pase automático que Márquez nunca retiró de la reforma constitucional que creó la fiscalía autónoma.

Hoy, Sinhue no decidirá ni quitar ni mantener a Zamarripa: dejará que los acontecimientos sigan su curso, que crezca la confrontación entre el estado y el gobierno federal y que, más allá de la autonomía, el resultado de esa batalla aumente los pasivos de su gobierno.

Es decir, el gobernador ha decidido no gobernar.

Parece más fácil dedicarse a hacer videos de propaganda.

2. La ultraderecha sacudida por la Corte y por sus errores

No fue una buena semana para las alas radicales de la derecha en México, que luego de su fallido acto de propaganda con la firma de la carta de Madrid al lado del ultra español Santiago Abascal, vieron cómo la Suprema Corte de Justicia de la Nación le daba la espalda a las posiciones conservadoras que la gobernaron por años y rechazaba dos legislaciones estatales que buscaban penalizar a las mujeres que abortan, en Coahuila y Sinaloa.

En todos estos casos, no se trata de una lucha de geometrías políticas, sería muy equivocado limitarse a ello. Se trata de algo más simple y también de una frontera cuyo cruce es inaceptable para cualquier organización que pretenda hacer política representando a ciudadanos: la defensa de derechos humanos fundamentales, irrenunciables.

La imposición de ideologías religiosa de diverso cuño en el sistema jurídico está en abierta contradicción con el crecimiento de la ciudadanización, con la construcción de sujetos responsables que guian su vida con criterios racionales y que todos juntos acuerdan organizarse en un estado, pero no para que este se vuelva contra ellos y tutele su desarrollo personal.

Un sistema que hace prevalecer la libre iniciativa económica y que la defiende a brazo partido, entra en abierta contradicción cuando pretende guiar la moralidad de las personas y las decisiones sobre su propio cuerpo mediante medidas punitivas.

La decisión de la Corte, en dos casos distintos, para rechazar la penalización del aborto en personas gestantes, marca una frontera con una historia de conservadurismo e intervencionismo judicial en la esfera personal. Falta aún que eso se traduzca en medidas legislativas para terminar de erradicar el injerencismo que reduce los derechos, impulsado por la agenda religiosa promovida por el PAN y tolerada de forma cómplice por el PRI en su largo dominio de la agenda política en el siglo XX.

Los partidos políticos de derecha tendrán que darse a la tarea de modernizar sus planteamientos y buscar nuevas forma de relacionarse con una sociedad que se mueve y evoluciona para afirmar autonomías y no permitir intromisiones en su toma de decisiones personal.

No hacerlo y refugiarse en una nostalgia autoritaria, en la afirmación de principios claramente antiderechos y hasta en alianzas con extremismos descontextualizados como lo que vimos con Vox, solo los pondrá a contrapelo de las nuevas agendas de esa sociedad a la que buscan representar.

En Guanajuato ya se dejan sentir las voces de atrincheramiento, por ejemplo de la diputada Cristina Márquez, donde priva su ideología personal y la de un ala de su partido, por encima del análisis frío de la jurisprudencia de la corte y su impacto en la legislación de Guanajuato.

De ser esa la reacción que prevalezca por encima de corrientes del panismo más actualizadas, el gobierno de ese signo seguirá acumulando pasivos y convirtiéndose en una fuerza política asediada.

¿Cuánto tiempo resistirá ese asedio? Difícil saberlo sobre todo por la debilidad estructural o la corrupción de las oposiciones. De cualquier manera, queda claro que el panismo ha dejado de colocar los temas del debate público y ahora solo reaccionan a ellos.

Es decir, se trata de una decadencia, larga o corta, pero al parecer terminal.

3. Eduardo López Mares, el dirigente panista de la conformidad

No pudieron ponerse de acuerdo Miguel Márquez y Diego Sinhue Rodríguez para darle un giro a la política panista en Guanajuato. Acordaron una tregua y al frente del PAN se quedará el secretario general Eduardo López Mares, un político de bajo perfil y carente del talento necesario para frenar la creciente declinación democrática de ese partido.

El irapuatense será un simple aplicador de los acuerdos a los que lleguen el ex gobernador y el que aún sigue siendo un delfín tardío, quienes mantienen una relación políticamente antinatural, que cada vez fluye menos, pero que ninguno de los dos pueden romper por el daño mutuo que se causarían.

En realidad, el gran perdedor de este complicado equilibrio es Sinhue, quien sigue en fuga permanente de la responsabilidad de convertirse en jefe político del panismo y acepta el papel de figura decorativa que goza de los beneficios pero no de las prerrogativas del poder.

Márquez vetó en definitiva a Aldo Márquez, el candidato de Juan Carlos Alcántara, el operador político de Sinhue quien constantemente es refrenado para no ir más allá de los límites que el gobernador se autoimpone y le impone.

Al final del día, lo que está en juego es el 2024, la decisión de la candidatura al gobierno estatal y del resto de los aspirantes a cargos políticos.

Probablemente Márquez no tendrá toda la manga, pero el solo hecho de permanecer vigente, tener capacidad de veto y disponer de información privilegiada tres años después de haber dejado el cargo, lo convierte en el político más exitoso de los 30 años de panismo.

Ese mismo hecho hace de Diego Sinhue el gobernador más débil de esta saga política.

Con esa característica, el PAN de Guanajuato entra en una etapa decisiva pues en el 2024 no solo estará en juego la conservación del dominio político en Guanajuato, sino una batalla nacional cuyo mayor signo será la polarización y a la que el panismo del centro del país debe aportar algo más que su solo control territorial.

Por lo pronto, con la conformidad de los dos grandes electores del blanquiazul para sostener a Eduardo López Mares, lo que se consolida es la era de los gerentes, en ausencia de los liderazgos, evidenciando el agotamiento de la energía democrática del PAN.

Veremos para qué alcanza.

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