23 noviembre, 2020

Voces Laja Bajío

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DÍAS DE GUARDAR, domingo 28 de junio de 2020

9 minutos de lectura

*Diego Sinhue aparece… en Tamaulipas; *Brotes de COVID-19 silenciados en hospitales y dependencias; *Paseo de Cabeza de Vaca ante unos diputados de utilería

1. Primero la cruzada de los gobernadores, después los ciudadanos

Justo cuando nos preguntábamos dónde se encuentra Diego Sinhue Rodríguez en medio de los agobios que padecen sus conciudadanos, por la violencia criminal y también por el crecimiento del brote de COVID-19 en la entidad, el mandatario de Guanajuato aparece dando un discurso político… en Tampico.

En una reunión de gobernadores cuyo tema original era la situación de la pandemia de COVID-19, Sinhue tomó la palabra para ofrecer solidaridad a la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum por el atentado sufrido por su secretario de seguridad, Omar García Harfuch. El apoyo no fue gratuito ni incondicional, sino que encubría un reclamo a Andrés Manuel López Obrador por no ser solidario con Guanajuato cuando aseguró que aquí los grupos criminales «se dejaron crecer».

Diego Sinhue pidió «que la lucha contra la inseguridad no se politice» e hizo un llamado «a la unidad nacional».

Sin embargo, hay matices que no pueden ser obviados. En primer lugar parece de mal gusto mezclar los temas. El reclamo de Diego es justificable en términos políticos, pero hubiera sido mejor externarlo en suelo guanajuatense el mismo día que AMLO usó la mañanera para referirse al estado. Y hubiera sido mucho mejor aún si el gobernador de Guanajuato hubiese externado un mensaje a sus conciudadanos el mismo fin de semana aciago en que la violencia irrumpió en 13 municipios de la entidad.

Ilustraciones: Pinche Einnar.

Cuando López Obrador se refiere a que la criminalidad se ha dejado crecer en Guanajuato, su alusión impacta directamente a anteriores mandatarios, destacando Miguel Márquez. El mismo Sinhue ha afirmado que sus acciones en Santa Rosa de Lima tienden a «restablecer el estado de derecho», de donde se desprende una crítica implícita a su antecesor por haber dejado que pravalacieran las reglas de los grupos del crimen organizado en territorios del estado. En ese sentido, López Obrador y Rodríguez Vallejo coinciden.

Sin embargo, el obstáculo con el que tropieza el gobernador de Guanajuato para poder asumir una crítica más directa al estado en que recibió la administración, es la decisión que tomó (o que acató) de ratificar en sus cargos al secretario de seguridad y al procurador de justicia, hoy fiscal general, Alvar Cabeza de Vaca y Carlos Zamarripa, situación que le obliga a moderarse en sus comentarios y hasta a instrumentar estrategias aberrantes como la de delegar en una vocería para la seguridad los mensajes sobre la situación más delicada que vivía en Guanajuato hasta antes de la pandemia, perdiendo con ello la posibilidad de generar un liderazgo y acrecentar un capital político.

Diego además pide no politizar la seguridad ahora que la lumbre le llega a los aparejos, pero habría que recordar cómo hace apenas 15 días se convirtió en el vocero de los gobernadores panistas, de quienes fue anfitrión en Dolores Hidalgo, para lanzar un manifiesto bajo la consigna «sí hay de otra», que se basaba en una premisa eminentemente política: «los panistas sí saben gobernar», frase por cierto con escaso correlato en la realidad si se pretende generalizar.

Está bien el centro del mensaje de Tampico: despolitizar todos los temas donde lo que está en juego es el bienestar de los ciudadanos a los que se deben todos los que gobiernan. Despolitizar fundamentalmente las políticas de salud, de seguridad y también la económica, prioritarias en este momento, pues en ello se nos va literalmente la vida.

Sin embargo, no se vale despolitizar politizando, error en el que incurren todos los actores de esta mala comedia, que se convierte en tragedia cuando nos percatamos que nadie puede abandonar el escenario y todos estamos condenados a padecerla y sufrir sus consecuencias.

Finalmente, parece por lo menos de mal gusto ofrecer un mensaje de solidaridad y un pésame seguido de un reclamo político. Hay momentos para todo.

Por cierto, quienes se han quedado esperando mensajes de solidaridad y pésame como los externados por Sinhue en Tampico, son los ciudadanos guanajuatenses que han visto morir a sus familiares bajo las balas asesinas de la delincuencia, en todas partes, pero sobre todo en Celaya, y que solo han encontrado silencio, cuando no desdén.

Optar por ser candil de la calle parece la peor política en los tiempos que corren.

2. Hospitales, cuerpos de seguridad, los contagios que el gobierno trata de ocultar

Con las justificaciones de «respeto a los datos personales» y de «evitar el estigma social», la Secretaría de Salud de Guanajuato ha venido ocultando los brotes que ocurren en puntos localizados: oficinas públicas, hospitales, empresas.

«Es una pandemia y todos deben cuidarse», dice el secretario Daniel Díaz Martínez, cuando se le interroga si en algún lugar bien identificado se están presentando un cierto número de casos que pudieran consituir un foco rojo.

En cambio, con toda transparencia, el municipio de Leóna actualiza cada semana sus datos sobre pruebas y contagios en las diferentes dependencias del municipio, sin que hasta el momento ello haya generado crisis alguna. Incluso el complicado caso del C4, donde con toda evidencia se registró descuido y hasta negligencia del director Víctor Aguirre Zúñiga y sus principales colaboradores, se transparentó aunque ahora el tema es la falta de seguimiento y de respaldo de la dependencia y del municipio a sus trabajadores.

Sin embargo, en las dependencias del gobierno del estado ha sido imposible conocer la existencia de contagios con claridad, si estos llegan a convertirse en brotes, si hay funcionarios que hayan sido confinados y si existen riesgos potenciales para otros trabajadores o ciudadanos.

Las noticias sin embargo, fluyen gracias a la preocupación de los propios servidores expuestos por esta política de opacidad total.

Así podemos saber con certeza que existen brotes de COVID-19 en las oficinas de auditoría fiscal de la Secretaría de Finanzas en León dependientes del secretario de finanzas Héctor Salgado Banda; en el área de urgencias Médicas del C5 en el Puerto Interior, dirigido por Eduardo Romero Hicks; en los Hospitales Materno Infantiles de Irapuato y Celaya, este último con niveles críticos que han tratado de ocultarse por su director José Luis Hernández Reguero.

No son los únicos lugares donde hay preocupación. la muerte de un escolta del secretario de Gobierno Luis Ernesto Ayala, obligó a realizar pruebas a toda la ayudantía de los principales funcionarios, incluyendo los del gobernador. Por lo menos hay una docena de casos positivos. Las pruebas se extendieron a los funcionarios y sus familias.

La importancia de que se conozca la existencia de estos brotes es para alertar a quienes habitualmetne tienen contacto con esos lugares, bien por trámites, bien por proveeduría de servicios o hasta por temas amistosos o familiares, para que tomen las precauciones marcadas en los protocolos.

Países tomados como modelos, es el caso de Corea del Sur, llegaron al extremo de habilitar aplicaciones cibernéticas para identificar los lugares donde existían casos positivos para que los ciudadanos sanos evitasen acercarse. No se trata de estigmatización, se trata de control epidemiológico.

Se sabe desde luego que hay que lidiar con prejuicios, como suele ocurrir en nuestro país, sin embargo esas situaciones no deben inhibir el objetivo prioritario: frenar la cadena de contagios.

Desde luego, ayudaría mucho más un ordenamiento estricto para que toda la gente que no necesita salir se quedara en sus casas, pero parece que eso no lo veremos, pues los responsables políticos han renunciado ya a ejercer la autoridad para enfrentar la amenaza sanitaria más peligrosa de la historia reciente.

Todo sea por el populismo y por no evidenciar el escaso ascendiente que los responsables de las instituciones tienen sobre sus gobernados, aunque cueste vidas.

3. Alvar y los diputados: aquí no pasa nada

La representación popular en los tiempos del PAN treintañero de Guanajuato está igual o más deteriorada que la mostrada por el viejo PRI en los años 80 de la década pasada. Lo peor es que partidos aparentemente independientes como el PRI, Morena o PVEM se ven tan ineficaces como los viejos satélites PPS y PARM.

En su comparecencia de este viernes, un poco hábil secretario de Seguridad Pública, toreó los misiles de salva de la oposición y agradeció los elogios de los panistas y de partidos paraestatales como PANAL y PRD.

Alvar Cabeza de Vaca tuvo un verdadero paseo campestre con unos diputados que no parecen vivir en Guanajuato. El funcionario exhibió los reconocimientos, premios y certificaciones de su secretaría, todos los cuales contrastan con la realidad que viven los habitantes del estado.

Ni los reconocimientos que presume Cabeza de Vaca dicen nada del reinado de terror que se vive en el penal de Valle de Santiago; ni sus patrullajes presumidos en redes sociales hacen ceder un ápice la impunidad del crimen organizado y espontáneo en la región Laja Bajío; ni sus superpolicías han servido para que Guanajuato vea disminuir delitos en auge como los asaltos a comercios, a cuentahabientes y a casas habitación, ya no se diga los asesinatos.

El funcionario presumió su «autocrítica» para reconocer las cifras de homicidio, pero de inmediato las atribuyó al ámbito federal por tratarse de casos de delincuencia organizada.

En síntesis, Cabeza de vaca no tiene nada de qué dar cuenta: las fallas deben ser atribuidas a varios niveles de gobierno no solo a él; la persistencia de delitos de alto impacto es culpa de la situación mundial y nacional: lo rebasan los horizontes del huachicol, el tráfico de armas y el mercado de las drogas. Nada puede hacer él salvo pagar las certificaciones de Calea, el organismo del que es cliente hace muchos años y cuyos reconocimientos sirven para colgarse en las paredes y para nada más.

Con un alto nivel de cinismo, con una concha digna de mejor causa, Cabeza de Vaca se pitorreó de todos los diputados y dejó incontestadas las preocupaciones y las inquietudes del ciudadano de a pie, el que sufre los embates de la delincuencia y no cobra sueldos de 200 mil pesos al mes, como los diputados que ni siquiera intentaron hacerse eco de sus intereses.

Ternura provocó el diputado perredista Isidoro Bazaldúa, cuya sesuda intervención fue para preguntar si Alvar Cabeza de Vaca «podía dormir tranquilo».

Más allá de la retórica, Cabeza de Vaca y su compadre Carlos Zamarripa, a quien externó elogios desmedidos a la menor provocación, son quienes más tranquilos duermen en Guanajuato, blindados por sus sofisticados equipos de seguridad y dueños de vidas y haciendas.

Lamentable la intervención de la diputada ecologista Vanessa Sánchez, quien consideró que las violaciones de los policías estatales a derechos humanos de ciudadanos son «la excepción», como si una sola de ellas no fuese indeseable, para generar una enredada exposición que el compareciente tomó como felicitación y agradeció.

La bancada panista se prestó como siempre a darle foro al funcionario para su lucimiento, pero ninguno tan servil como el sobreviviente Miguel Salim quien no perdió la oportunidad para elogiar a su viejo amigo por tener «la mejor policía» de México.

Hay cosas que no cambian ni en medio de la más feroz embestida contra la paz social y la tranquilidad de los guanajuatenses: la desfachatez de Cabeza de Vaca no es noticia, como tampoco lo es la inutilidad del Poder Legislativo de Guanajuato.

Y después de escuchar por casi seis horas la comparecencia queda una clara sensación: las soluciones al mal momento de Guanajuato no vendrán de una clase política refractaria a su realidad, preocupada unicamente por maximizar sus privilegios y con una capacidad de respuesta en vías de extinción.

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