30 noviembre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

El azote no es nada más pandémico.

4 minutos de lectura

G. Saúl García Cornejo

La intentona de AMLO de eliminar algunas instituciones que se han considerado al menos en la letra legal como autónomas entre ésas el INE y de rebote el IEEG, con la postura de la austeridad republicana y un sustancial “ahorro” presupuestario.

Si bien la mayoría de los ciudadanos bien nacidos consideran una necesidad poner un tope a los gastos excesivos o hasta suntuarios de los que venían gozando determinados funcionarios con más perfil de negociantes mercantiles, otra cosa es cortar la cabeza a las instituciones que vienen dando mejor soporte a la democracia y hasta cierto punto, al sistema político mexicano que tiende a la mera conservación de sus intereses más que los de la sociedad civil.

Qué es cara así la democracia, sí lo es, sin embargo, falta una valoración sustancial: No hay la suficiente capacidad cívica y ello genera conflictos que se deben ventilar y resolver por las instituciones o instancias jurisdiccionales comiciales, es decir, no estamos listos para no necesitar al árbitro electoral. Sumando que hay todavía pendientes reformas que nos lleven a una verdadera representación que respete el voto de los ciudadanos y se dejen de aplicar fórmulas exóticas para minar las decisiones ciudadanas. En ello tenemos en Guanajuato un ejemplo: La composición legal del Congreso Legislativo en que de 22 diputados de elección directa, ¡Hay 21! Y claro, fundado en leyes electorales a modo para conservar ese totalitarismo y que lo más perjudicial es que no toman en cuenta las exigencias y necesidades sociales como el urgente “cambio de timón” tan cacareado por el gobernador actual y que a la hora de una decisión inteligente se inclinó por sostener, por ejemplo, a un fiscal general a todas luces inoperante, por decirlo de manera decente. Y si no, hay que preguntar incluso al azar, a cualquier transeúnte –que puede ser objetivo o sujeto colateral del actual terrorismo en Celaya y el Estado-.

Mis estimados, los ciudadanos debemos estar muy atentos y participativos, aunque sea por las redes sociales, eso sí de manera racional. Porque todavía no estamos del todo conscientes de los efectos de la pandemia y que, así como va, creará más incertidumbre para las elecciones intermedias del 2021, que ya están a la vuelta de la esquina y que también lo denominado legalmente como “año electoral” está a “tiro de piedra”. En fin.

Basta imaginar “nueva reglas, de nueva normalidad” para las campañas electorales en donde de por sí la mercadotecnia política se encarga de maquillar candidatos, y estos tendrán que ir casi embozados con tapabocas, o si siguen la línea del “Tlatoani” andarán abrazando al pópulo. Es lógico que se prohíban –sin importar su propio arcaísmo, inutilidad y costo- los mítines multitudinarios en que se acostumbraba echar una ojeada y escuchada al decir de los candidatos. Eso y más que viene, cambiará hasta el modo de andar de ciertos tipos moldeados por fórmulas demagógicas y engañosas de hacer “política”. Lo que se puede tomar de lado amable.

De ahí a terminar con las instituciones dichas, parece una vez más una venganza por derrotas pasadas, que se quiere maquillar con el color de la austeridad. Por supuesto que se pueden recortar los gastos, pero no aniquilar y borrar de un plumazo lo que tanto trabajo ha costado edificar. O también con el sesgo de la centralización de servicio y gestión, y que la proximidad lograda con la descentralización privaría a los sectores más débiles su acceso, sin soslayar la modernización virtual, pero que tampoco hoy está al servicio ni al alcance de todos y es precisamente por razones económicas que se agudizan cada día por esta “purga humana” que también significa la pandemia.

Es pues, complejo el ejercicio ciudadano en lo político-electoral, cuando ciertamente los Partidos Políticos han ido perdiendo no sólo su objetivo natural y constitucional, sino hasta el rumbo ideológico. Y los ciudadanos no son parte sustancial, ni forman sus organizaciones no partidistas, o no gubernamentales, parte de los consejos electorales con voz y voto, porque ahora, aunque los representantes designados por los Partidos Políticos, constitucionalmente se dice “representan a los ciudadanos”, no es tal, ni votan las decisiones en dichos consejos o vocalías electorales. Eso sí vale la pena un análisis de fondo y no andar cortando cabezas o derrumbando instituciones, aunque sea por ahora un burdo intento.

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