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Fedor Dostoyevski

Jeremías Ramírez

A Borges dijo en una entrevista: “…en casa teníamos un gran ropero de tres cuerpos estilo hamburgués … Yo me acostaba y me veía triplicado en ese espejo y sentía el temor de que esas imágenes no correspondían exactamente a mí y de lo terrible que sería verme distinto en alguna de ellas”.[1]

            En El doble, la segunda novela de Fedor Dostoievski, el gran autor ruso, su personaje principal, Yakov Petrovich Goliadkin, un burócrata apocado, temeroso, que desea librarse escalar socialmente e, incluso, aspirar no sólo a ser reconocido y respetado, sino además tener la posibilidad de casarse con una muchacha hermosa y de buena familia, y para ellos busca escalar de su puesto menor que ocupa en la burocracia.

Una noche tormentosa, tras ser rechazado en la fiesta de su jefe, se cruza en su camino un personaje misterioso que, cuando logra verlo, descubre que es igualito a él, y va vestido como él: parece su imagen reflejada en un espejo.

            Pero el terror de Goliadkin, a diferencia de Borges, no es que no se parezcan a él, sino que sea igual a él.

            Al principio, este doble, como su sombra, lo sigue hasta su casa y entra con él a su departamento, pero cuando amanece ya no está; pareciera el resultado de una pesadilla. Sin embargo, cuando llega a su trabajo advierte que su doble ahí está y le han dado un puesto que le permite ganarse el favor de sus compañeros —cosa que él nunca ha logrado— y de sus jefes.

Al pasar de los días, su doble, poco a poco, lo va sustituyendo y ocupando el lugar que él anhela en la sociedad de San Petersburgo, pues tiene una personalidad que encanta a los demás lo cual le facilita ser aceptado. Justamente es lo que Goliadkin no la tiene y le duele ver los éxitos de su doble: que en poco tiempo logra lo que él no ha podido en muchos años.

            Pero el problema no se detiene ahí: este doble, —que no sólo es parecido a él—, también ostenta su mismo nombre. Cuando sale del trabajo Goliadkin I (como lo denomina Dostoievski para diferenciarlo del doble a quien llama Goliadkin II) invita a su doble a su casa porque de pronto simpatiza con él. Su doble le cuenta que es un hombre desgraciado que no tiene medios para llevar una vida digna. Goliadkin I le brinda su ayuda y hasta su casa. Y esa noche se queda con él y tras una larga plática pareciera que se establece una relación de profunda amistad, pero cuando amanece Goliadkin I se da cuenta que su doble se ha ido y cuando llega a su oficina descubre cómo este hombre va atentando contra él, poniendo todas las cosas en su contra. A partir de ese momento, las cosas se empiezan a complicar cada momento hasta que se hacen intolerables.

La novela no es extensa, como la mayoría de sus obras de Dostoievski; apenas rebasa las 200 páginas. Pero lo que le falta en extensión lo compensa en complejidad sobre todo por la torpeza del protagonista para expresarse con claridad y en el momento propicio. En su cabeza tiene claro que desea expresar, pero sus palabras se enredan al momento de salir y no logra expresarse. Y como suele pasar en las pesadillas, a pesar de que pone todo su empeño no encuentra cómo argumentar y desenredar la confusión que se ha ido creando a su derredor, en la que su doble saca ventaja.

Quien haya leído El diario de un loco o La nariz, —ambos relatos de Nicolai Gogol—, encontramos personajes similares a Goliadkin. En El diario de un loco, un funcionario menor, casi servil, enloquece al grado de creer que, ante la muerte del rey de España, él ha sido designado como soberano de esa nación. Y cuando lo encierran en el manicomio cree que ha llegado al reino español y le extraña que lo golpeen y que lo bañen con agua fría si él es el soberano.

En La nariz, vemos a otro funcionario de este tipo quien un día pierde la nariz y todo el relato lo vemos luchar infructuosamente por recuperarla.

En esta novela, Goliadkin ha perdido la cabeza y en un estado esquizofrénico cree que hay un doble que lo está hundiendo en el desprestigio. Es interesante tomar en cuenta que El doble fue la segunda que escribió Dostoievski y tiene la virtud de apuntar hacia donde en los años siguientes se dirigirá su genio creativo. Sus personajes posteriores se caracterizarán por padecer estos estados de locura que los lleva a conductas desordenadas, desesperantes y auto


[1] Borges igual a sí mismo, entrevista de María Esther Vázquez.

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