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Esta frase puede ser la premisa de un artista o un profesional de alto nivel: el placer de vivir lo encuentra cuando realiza lo que más le gusta y si coincide con su profesión entonces encontramos a los genios que han cambiado al mundo, llámense científicos, músicos, escritores, pintores, grandes atletas… todos ellos tienen en común que disfrutan a plenitud su profesión. Su profesión es su pasión. Esta es la premisa de esta novela.

            Babette es una cocinera de alta cocina enrolada revuelta de La Comuna de París que fue un movimiento insurreccional el cual, del 18 de marzo al 28 de mayo de 1871, gobernó la ciudad de París, instaurando el primer gobierno de la clase obrera del mundo cuyo espíritu era el socialismo autogestionario.

A su caída, los insurrectos tuvieron que huir de Francia. Y Babette huye a Noruega y se refugia en Berlevaag, una pequeña comunidad rural y religiosa y gracias a la carta de su amigo, Achille Papin, un barítono famoso de la Ópera de París, en la que les solicita a las damas que la reciban, pues ha perdido todo y su vida peligra. Babette les ofrece sus servicios sin cobrarles un salario, sólo que le permitan vivir con ellas. Al principio tratan de negarse, pero las súplicas de Babette y la carta logran ganar su consentimiento. Babette les dice que “sabe cocinar”, sin revelarles que es una de las mejores chefs de Francia.

            De jóvenes, estas dos damas eran muy hermosas y de ambas se enamoran dos visitantes extranjeros, pero su recato religioso y la fidelidad de su padre no permiten que sus pretendientes logren conquistarlas, a pesar de que ambos no les son indiferentes.

De la mayor, Martine, se enamora Lorens Loewenhielm, joven militar que su padre lo había enviado un mes con su tía quien vivía en una vieja casa de campo, en Fossum, poblado próximo a Berlevaag, para corregir su conducta desordenada. Un día monta su caballo y va a Berlavaag para desaburrirse, y ahí ve, en la plaza del mercado, a Martine y queda prendado de su belleza. Por medio de su tía consigue ser recibido en la casa del pastor. Y por varios días intenta conquistar a Martine, sin lograrlo. Derrotado se retira y regresa a su casa y a su carrera militar; y aunque se casa, nunca logra olvidar a la belleza noruega.

Poco después llega a Berlavaag Achille Papin (cuya carta mencioné anteriormente), que no sólo queda prendado de la belleza de Phillipa sino de su maravillosa voz y se auto propone como su maestro. Sin embargo, sus pretensiones de conquista se cierran cuando un día intempestivamente la besa. A partir de ese momento, Phillipa se aleja de él.

            Ambos pretendientes, ante la imposibilidad de conseguir el corazón de estas hermosísimas pero cerradas damas, se retiran derrotados. Ellas, quizá por el recuerdo emotivo que dejan ambos pretendientes, nunca se casan, sino que a la muerte de su padre toman el liderazgo social y religioso que su padre ha dejado.

            Pero lo que no lograron los pretendientes masculinos, finalmente lo consigue esta cocinera francesa; y sin que lo adviertan logra instalarse en el centro de su estima y cariño.

            Cabe señalar que para cuando llega Babette ambas hermanas ya son mujeres mayores.

            Durante los 15 años Babette les sirve con fidelidad elaborando comidas sencillas y burdas, sin la posibilidad de regresar a París, pero además sin expresar el deseo de hacerlo, y nunca les cuenta cómo fue su vida en Francia ni lo que allá hacía ni tampoco su participación política en la Comuna de París. A pesar de ello se reserva para sí una liga con su antigua patria y durante todo ese tiempo compra, a través de uno de sus parientes que trabaja de marino, billetes de lotería. Durante 15 años trabaja con ellas Al mismo tiempo juega a la lotería y justo a los 15 años logra ganarse 15 mil francos. Cuando se enteran sus amas creen que pronto las abandonará para regresar a su patria.

            Por esos días se acerca la fecha de la muerte de su padre la cual conmemoran con una cena a la cual invitan a un selecto grupo de feligreses. Babette les pide que este año le permitan hacer ella la cena. Ellas intentan negarse, pero les recuerda que en todo ese tiempo nada les ha pedido. Así que no les queda de otra que aceptar. Y también les pide permiso para ausentarse, pues tiene que ir a Francia.

            A su regreso llega con ella uno de sus sobrinos con un cargamento. Babette les informa que son algunas cosas que compró para preparar la cena. Las hermanas, al ver pavos vivos, cajas y más cajas con botellas de vino, quesos, legumbres, entre otras cosas, temen que Babette esté preparando alguna brujería, pero guardan silencio, aunque les advierten a sus invitados de esa posibilidad, y entre todos acuerdan que nada dirán y que comerán la cena sin disfrutarla para minimizar los posibles daños.

            A la cena llega sorpresivamente Lorens Loewenhielm, el militar que estuvo enamorado de Martine, acompañando a su tía que forma parte de ese grupo especial de invitados. Y como Lorens no estuvo advertido de la posible brujería, tan pronto va probando los platillos, elogia la exquisitez de estos, y les cuenta que en Francia había una cocinera famosa, la mejor, quien preparaba este tipo de platillos excelsos, pero que un día desapareció y no se supo nada más de ella.

            Obviamente, Lorens no sospecha que esa cocinera es precisamente Babette. Y a pesar de la resistencia de los invitados, los elogios del militar y el buen vino hace que los invitados se relajen y se suman a los elogios pues la cena es tan exquisita que los ha puesto sumamente felices. Y en ese estado de exaltación termina la cena y a media noche regresan a sus casas sin sentir siquiera el frío de la nieve.

            Martine y Philippa, al otro día, le agradecen a Babette la cena y le preguntan cuándo se irá a Francia. Ella les contesta que no se irá. Entonces le preguntan qué hará con el dinero, y Babette les confiesa que ya no tiene dinero, que lo gastó todo en la cena, que seguirá viviendo con ellas. Entonces las hermanas le comentan si se ha quedado pobre. Y Babette replica que nunca será pobre pues ella es una gran artista. Un gran artista, como dice Babette al final de la película que se hizo a partir de esta novela, “un gran artista sólo busca la oportunidad de ser feliz haciendo lo que mejor puede hacer”.

            La película, que no había mencionado, fue realizada en 1987 por Gabriel Axel, director de cine, actor, guionista y productor de cine danés, y que se hizo mundialmente conocido por la adaptación de este maravilloso libro.

La película la vi en su estreno en México, en una Muestra Internacional de Cine en 1988, y quedé prendado de ella. Me encantaron las actuaciones de Stéphane Audran (Babette), Bodil Kjer (Phillipa) y Bibi Andersson (Martine). La película obtuvo el Óscar a la Mejor Película de Habla no Inglesa. Y hace unos años la compré en DVD y la conservo como un tesoro, pero no había leído la novela. Ahora ambas, novela y película, entran al círculo más íntimo y preciado de las obras de arte que han enriquecido mi existencia.

            La novela es breve y se lee en una hora máximo. La edición de Nórdica Libros es bellísima, trae ilustraciones de Noemí Villamuza que elevan su atractivo editorial. Ustedes la pueden conseguir en línea en librerías como El Sótano o El Péndulo o Gandhi.

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