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G. Saúl García Cornejo.

Continúo con reflexión de la política y los políticos. Hay que aceptar que la tarea de perfilar a quien nos represente en la función pública y política es para empezar, una visión ideal, pero tiene que ser acotada por la realidad empírica.

¿La política actual se ha convertido en una actividad “bestial”? ¿Hay una “nueva” visión del poder? ¿Hacia dónde vamos? ¿A dónde queremos ir y llegar?

Estas simples inquisiciones deben estar en la mente de cualquier ciudadano y por ende, en todo aspirante o diletante que quiera ser nuestro representante en las instituciones políticas oficiales y constitucionales. Amén de una diáfana respuesta.

Primero, el ejercicio político en algunos casos y particularmente a partir del arribo de la derecha y ultraderecha al poder público en la llamada “docena trágica”  –lo que es un hecho probado, en la época de 2000 a 2012- definió a dicho ejercicio, en acciones turbulentas, gobernando como lo diría el vulgo: “dando palos de ciego”. En forma tan errática que pareció adrede; tuvo un considerable aumento de la pobreza en gran parte de los mexicanos y el enriquecimiento sin límite, ni precedente, de algunos “políticos”, comenzando con el “presidente del cambio”, que sigue impune a pesar de su enriquecimiento a la vista, más allá de una percepción económica normal. Un crecimiento tan sospechoso como desmedido del “crimen organizado” y la deformada visión empresarial de tener a la política como fuente de jugosas ganancias, como argucia de una mejor “administración” de recursos humanos, materiales y económicos, entre otros estragos.

Tenemos a la vez, un literal bombardeo mediático y voces políticas oficialistas que nos hablan de otro México, en el cual, “todo va bien”. Obviamente con la mayor ambigüedad posible. En desvergonzada contradicción con la vida cotidiana de la gran mayoría de los mexicanos, salvo aquellos que viven y se amamantan en la ubre del erario público.

¿Esa forma de “hacer política”, nos lleva indefectiblemente al odio, a la tensión, a la indiferencia y/o abstención, al alejamiento, a la no participación, ciudadanas? A primera vista y en forma visceral, sí. Pero igual, representa una oportunidad democrática para disentir y sobre todo, actuar en consecuencia. Porque sí somos parte del problema, pero igual de la solución.

La actividad política es tan temporal como el plazo de ejercicio, no así en lo institucional. Los políticos modernos olvidan o no les interesa la institución que los cobija, sólo y nada más, constituye un resorte para sus objetivos personales. En tal oportunidad con visión de corto plazo, los políticos que sólo se representan a sí mismos, cavan al mismo tiempo su tumba y van desmoronando a las instituciones. Desde luego, existen aquellos que ven un poco más allá de sus pestañas y hacen todo para permanecer a la sombra del poder público, aunque cada día tomen decisiones contrarias a los que se supone, representan. Su afán es la supervivencia, no el servicio público.

Luego entonces, la política actual, es “bestial”.

El rumbo nacional en el momento histórico a partir del llamado “Salinismo”, nos ha llevado a una regresión: La desmedida privatización de las empresas y bienes públicos, es decir, de la Nación. Un giro que desconoce avances sociales y abre de nuevo puertas que parecían herméticas, por ejemplo, el rubro de los bienes nacionales como el petróleo, que aunque ficción constitucional en cuanto a poder disponer o recibir algún dividendo directo por su explotación, estaban vedados a la voracidad privada. O por otra parte, la pulverización del Ejido, para dejarlo paso a paso, de nuevo en manos privadas y en ciertos rubros, hasta de extranjeros, con el garlito de la llamada “globalización”.

En tal contexto nacional no podemos deslindar intereses externos, sobre todo en lo relativo a los recursos naturales y con énfasis en el petróleo: Hoy “oro negro”, antes el metálico amarillo, producto de ambición y avaricia que así, tiende su manto y todo lo vuelve mercancía, incluso la política. La impostura de un presidente gringo –de ascendencia teutona, por tanto de origen inmigrante- que puso en la palestra la “doctrina Monroe”, en una supuesta visión proteccionista de sus intereses domésticos, que parece odiar todo lo que venga del exterior de “su país”, actúa en realidad invadiendo y atacando desde la economía otras latitudes de la América Latina, para empezar. Sin soslayar a sus enemigos “naturales” o tradicionales: Rusia y China. Lo que hoy, continúa con diverso “maquillaje humanitario”.

Y como el acopio –por cualquier medio- del petróleo es su objetivo, se entiende meridianamente por qué ataca a Venezuela, y la “rodea” apoyando sobre todo con dólares y asesoría militar velada, a sus nuevos o viejos aliados de la derecha o ultraderecha en el cono Sur de América: Brasil, Colombia, el grupo de Lima, entre otros más ocultos. Siguen, aunque más velado, contra Cuba, reviviendo también aquélla “ley” Helms-Burton. Al grado de llamar a Cuba, Venezuela y Bolivia, “el nuevo eje del mal”.

¿Y México qué papel juega en dicho concierto político, tanto local como regional? A primera vista, el nuevo régimen llegó con la bandera –tan desgastada- del cambio. El nuevo Presidente, cuya personalidad es controversial, no sólo por su origen político en el Partido Revolucionario Institucional, sin menoscabo de enarbolar alguna corriente crítica al igual que otros actores que después rompieron para crear un frente democrático, cuando llega de candidato a la Presidencia, Carlos Salinas de Gortari, exponente tecnócrata e impulsor decidido del neoliberalismo. Nació así el “Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional”, (PFCRN) raíz de otro Partido considerado anexión de aquéllas izquierdas: El “Partido de la Revolución Democrática”, (PRD) al que se sumó López Obrador. También, hay que decir, nació en 1990 el Partido del Trabajo (PT), autodenominado como un Partido de Masas, y en pro de la construcción socialista de la Sociedad, bajo principios democráticos; que se dice fue inicialmente auspiciado por Raúl Salinas de Gortari, supuesto maoísta, hermano del aquél presidente del primer gran fraude electoral en la historia política resiente en México. Aunque es justo decir que el PT en la vida política real, está alineado, primero, con Raúl Salinas y obvio con el régimen oficial de su momento histórico. Luego,  siempre apoyando a López Obrador, y que éste luego, rompió con el PRD y creó su “Movimiento de Regeneración Nacional” (MORENA), hoy un Partido Político más, en el concierto político nacional y que todavía, aunque fue aplastante su victoria electoral de 2018, no acaba al interior de perfilarse bien, es decir, sigue siendo un “movimiento” y no tanto un Partido Político. Es natural hasta cierto punto, su acomodo, habrá que esperar se asiente la euforia del triunfo de su líder, que ahora tiene el gran reto de ser el Presidente que dijo sería y sobre todo, que más de un tercio de los electores, votó y exige un cambio real. Ojalá no sigamos en el “reino del revés”.

Luego de gobernar del 2000 al 2006, la ciudad capital de nuestro País, bajo la bandera del PRD, y con su aliado de siempre el PT, Andrés Manuel López Obrador, rompe con ése Partido y crea un movimiento con miras a convertirlo en otro Partido Político, para buscar su sueño dorado: La Presidencia de la República. Logrando hasta 2018 arribar y sentarse por fin en la Silla Mayor, al igual con su viejo asociado el PT, aunque inusitadamente con otro Partido de nuevo cuño: El Partido Encuentro Social (PES) de sospechoso origen confesional cristiano, que no logró el 3% de votos de la elección de 2018 y ha quedado sin registro ante el Instituto Nacional Electoral (INE). Hay que puntualizar que, tal alianza denominada con bombo y platillo: “Juntos Haremos Historia”, no fue más que una asociación electoral, nunca para gobernar.

Ya en funciones de Presidente de la República, López Obrador ha dado algunos vuelcos a sus promesas, ya por lógicas trabas o por haber cambiado, pero de estrategia y objetivos: Le apuesta mucho al rescate de Pemex, nido de “gordos” corruptos, empresa paraestatal en quiebra. Para analistas agudos no es otra que estar acomodando los intereses allende la frontera Norte de México. Ligando la estrategia de “control migratorio” de Centroamericanos que a últimas fechas ésta en su máxima expresión histórica, en detenciones y deportaciones por parte del nuevo gobierno de México, en un inicio ante la pública complacencia del pelirrojo xenófobo que preside la Casa Blanca y hoy, seguimos en la indefinición ante esa gran reto que significa mitigar la migración por causas de pobreza. Aunque ay dibujadas algunas políticas públicas, como “sembrando vida”, no se acercan a una solución real, son, incluso, demagógicas si somos más exigentes.

Entonces, crece la controvertida personalidad de López Obrador, que puede convertirse en un problema grave, esta vez como gran dique para la continuidad de su propio proyecto político. La gran pregunta es: ¿El Presidente de México también pondrá en bandeja el petróleo mexicano, a su homólogo gringo y sus socios?  ¿Hasta dónde se violentan en México, los Derechos Humanos de los inmigrantes de Centroamérica, por la política de “contención y/o disuasión” impulsada por los intereses norteamericanos?

Y para colmo, el reformismo constitucional, bandera de un supuesto desarrollo, va destruyendo lo que eran instituciones sólidas desde el punto de vista nacionalista. ¿Se tomó en cuenta la opinión de los mexicanos? No. Y si se hizo, fue “a toro pasado”. Aunque se podrá argumentar que “nuestros representantes populares” –que no son ni una ni otra cosa- votaron a favor de dichos cambios. Es una maniobra legislativa dentro del marco constitucional, pero no está legitimada por la voluntad popular.

Y decir con certeza hacia dónde vamos, es difuso y es propio más de especulación, sin embargo, por otra parte, en el México real, crece la pauperización del mexicano. Visto por algunos como una fórmula bien pensada para que las cúpulas no visibles, sigan mangoneando a su favor. De donde  se colige ya, que la pobreza no es sólo efecto de causas externas, o internas de administración fallido de recursos, sino algo peor: Una estrategia de control.

Lo que queremos los mexicanos, ésos que vivimos en el México de verdad, no es difícil determinar y resulta además, simple: Vivir sin tanta incertidumbre, tener trabajo e ingreso que nos dé tranquilidad; que los políticos estén comprometidos y mentalizados con los ideales e intereses de sus representados, sin que impere más, ni la ideología de cada Partido Político, ni los intereses particulares, sino (En comparación) como alguna vez en palabras más o menos, el Dalai Lama, al preguntarle cuál era la mejor religión, contestó: “La que te haga bien y puedas vivir mejor.” Así la política pública, deberá ser la que busque y logre el bienestar de los mexicanos, por encima de otros intereses. 

De tal manera, el perfil deseado, para tener como representante a un político, considerando que estamos en época de “vacas flacas”, debe ser una persona:

1.- De arraigo y conocida en su zona territorial a representar. Actualizada, conocedora y comprometida -sin cortapisas- de la problemática sociopolítica, económica, educativa y cultural, como atributos mínimos.

2.- Conocedora de la historia política, dejando a los poetas la nostalgia de tiempos pasados mejores, para enfocarse en la actualidad y el futuro cimentado en la realidad.

3.- Vinculada a la sociedad y a sus representados o futuros mandantes. Sin olvidar jamás, que es el Pueblo la máxima autoridad, es decir, que respete la Soberanía Popular, así como su juramento constitucional de servicio público.

4.- De reconocida solvencia en todos los ámbitos.

5.- Que no olvide que los ciudadanos no son números, ni simples y frías estadísticas electorales, políticas o económicas. Son personas con sentimientos, necesidades y anhelos. Que se debe a ellos, hasta por el simple hecho de que pagarán su campaña y luego, su sueldo.

6.- Que tiene más que la pura obligación, la cara oportunidad de recuperar y conservar la confianza de sus representados y de la sociedad en general. Así como de fortalecer al Partido Político que lo cobija o en defecto de ello, como candidato sin partido se fije como eje central a sus representados. Y en el primer supuesto, una vez constituido como representante popular, se debe a sus representados en primer lugar y luego, con sana distancia, a su Partido, pues es su derecho humano político.

7.- Que debe renunciar u oponerse a intereses ajenos a sus electores, a los suyos incluso, si están o ponen en riesgo a las personas, sus familias y economías, y al medio ambiente.

8.- Tener como regla irreductible: La apertura real e inteligente para escuchar y considerar otras opiniones y posturas, en pluralidad tal, qué sea benéfica desde el punto democrático y el práctico, permeando siempre el beneficio colectivo.

La tolerancia, no debe ser sinónimo de la reducción a decisiones o posturas de minorías o caprichos de ciertas facciones que vayan en contradicción o perjuicio social. Desde luego, que los inconformes tienen vías expeditas, por lo que no se podrá concluir alguna intolerancia.

9.- En asuntos de vital importancia, deberá consultar a la ciudadanía, antes de tomar alguna decisión que después resulte peligrosa o perniciosa socialmente.

¿Ven ustedes o identifican a algún representante popular con esos atributos mínimos?

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