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G. Saúl García Cornejo.

Para nadie es un secreto que el sindicalismo mexicano, aun con su naturaleza obvia, de muy poco ha servido a sus destinatarios: Los trabajadores. Ha sido hasta la fecha un negocio para los líderes sindicales y, ejemplos, sobran como el tristemente célebre Carlos Romero Deschamps, que gracias a su “representación” amasa una gran fortuna, por supuesto, ahijada a la corrupción. Además, premiado con curules por parte del PRI.

Pero, como todo, hay ciclos y pareciera que llega a su fin el sistema de esos líderes corruptos. Aunque para ser honesto, falta ponderar esos vientos de cambio. Porque se puede tratar sólo y nada más que un “cambio de piel”. El sistema sindical, es anquilosado, pútrido, engañoso y sobre todo, no representa en realidad los intereses de sus agremiados, los esquilma y traiciona, como viene pasando con los contratos colectivos que más que nada, protegen a los patrones, les dice “contratos de protección”.

También resulta cierto que México, y sus sindicatos pertenecen a la Organización Internacional del Trabajo (OIT, por sus siglas) auspiciada por la ONU, y que tiene administración tripartita: Gobiernos, Patrones y Trabajadores, de los países miembros. Dentro de sus acuerdos, existe el convenio 98 en que se “autoriza” que los trabajadores puedan escoger libremente su sindicato y por ende, a quien pagarán sus cuotas. Pero en México, esto ha sido letra muerta, ante la hegemonía de ciertas organizaciones, encabezando la lista la CTM y sus filiales, como la CROC, quienes recientemente al ver nubes negras en su futuro próximo y que su palanca política (PRI), está en declive, por no decir en extinción, apuntan sus estrategias a mantenerse vivos y, para ello realizan una agresiva campaña de afiliación o presiones de irse a la huelga, como sucedió recientemente en la trasnacional “Walmart”, resultando que el Presidente de México, “opinó” que (La CROC) debía guardar mesura y considerar que la trasnacional estaba invirtiendo mucho en México, lo que en forma inusitada, desinfló la intención de la huelga.

Por otra parte, Napoleón Gómez Urrutia, exlíder de los mineros, desde su nueva posición de Senador de la República, impulsa sumar sindicatos mexicanos, con una clara intención de llevar “agua al molino morenista” y desafiar a la CTM y otras centrales obreras afines al desahuciado Priísmo. Sin descartar una vendeta de “Napo”, si recordamos el ataque caníbal que sufrió.

Lo que de nuevo nos lleva a preguntar: ¿AMLO en realidad apoyará un nuevo sindicalismo? ¿O simplemente quiere cambiar el color político y así tener control y un clientelismo o corporativismo, con vías a las elecciones de 2021?

Estamos en un País, en que los ciudadanos reaccionan en forma extraña, están fastidiados del régimen “neoliberal”, aunque el propio AMLO no ha estado claramente, con sus acciones, en contra y a fondo de tal sistema político-económico, que tanto ha criticado. Un ejemplo, es la inmovilidad hacia la baja, del “precio” de la gasolina, pues nos dice que no hay ya “gasolinazos”, pero siguen los aumentos “a precios reales”, lo que significa una ficción económica, un truco “neoliberal”, para justificar la verdad: El sobreprecio de los combustibles, aunque este es otro tema.

A cien escasos días, AMLO parece estar en Jauja, pero no, la gran mayoría de los mexicanos. Habrá que esperar programa.

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