0 5 mins 4 meses

Velia María Hontoria Álvarez


Las elecciones más difíciles que me han tocado vivir, fueron las de este pasado domingo, nunca había sentido tanto miedo, de presentir el destino de mi persona, de mis seres más amados, en manos de una papeleta. No sé si lo que pasó fue y será lo mejor, aun no tengo claro que estos desequilibrios políticos, con sus sucias jugarretas se decidan genuinamente, a servir a sus ciudadanos, deseen y hagan bien a todos, no solo a su bolsillo.

Cuán pocos, los que fuimos a votar ¿dónde estaban los demás? ¿Por qué no asistieron presidentes de casilla o mantuvieron cerrados los espacios designados? ¿fue exceso de trabajo, valemadrismo, vergüenza, extorsión o vetúasaber? No lo sé. Y, aún sigo nerviosa, a pesar de conocer resultados, por la toma de decisiones de quienes trabajarán en la ciudad, en los estados; mismos que no deben ser pago a favores, prebendas y apoyos. Temo, que vuelva a repetirse el patrón del compadre, amigo, hermano, cuñada, vecino e inepto ladrón.


Ya ni les cuento, como se me electrizan las ideas, con las actitudes y dichos del señor López, su perversa coordinación para expresar sus mandamientos. No quiero, diría mi abuela hacerle el caldo gordo, más ante sus cansinas mañaneras solo respondo lo justo: estudiar, aspirar a ser una mejor persona, son la base que nos permite crear mejores realidades, para vivir en una sociedad más justa e igualitaria; los estudios nos dan herramientas para decidir, son la pala y el pico que necesitamos para darnos y darle a los nuestros, lo necesario para tener una vida plena; y, con plenitud, no me refiero al dinero, ni a una posición económica, menos social. Estudiar, conocer la historia, saber manejar metodologías, reconocerte en palabras para darle escape y forma a tus íntimas necesidades, eso hace la buena escuela. Nos otorga los instrumentos para vivirnos en y con valores: libertad, justicia, tolerancia, equidad, paz. Componentes indispensables para convivir con bondad, en sinceridad, hacia una legitima empatía que nos envuelva con gratitud, por participar en este maravilloso tiempo, llamado vida.


¿Dónde quedo aquella su letanía sobre el amor, resarcir y sanar? cuán rápido al perder unas boletas, lo hizo olvidar. Fueron tres tazas de tila con dos pizcas de boldo, las que necesite para observar el recibimiento que le hace a una mujer, a una dignataria como es la vicepresidente Dra. Harris, cuan maleducado y grosero fue, no hay excusa que tape ni cobije, el desprecio con el que trata a nuestro género, así como a la vecindad de un país, al que sabemos poderoso, del que pende en buena medida nuestra economía, nos guste, les guste o no.


Parece que tendemos a olvidar que nuestras verdades son temporales, no son para siempre y que en buena medida, desaparecerán como lo haremos nosotros. ¿Qué historia quiere escribir, cuál es la que nosotros queremos contar? Hoy los invito a tomar pluma y papel, con nervios o sin tisanas para que en profunda intimidad analicemos, cuáles serán ahora nuestros pasos. Podemos seguir dejando que “ellos” hagan y deshagan, podemos reinventar plantando bases, escuchemos ese grillito que vive en el centro de nuestra alma, escuchemos y después de escuchar, escribir, analizar, estudiar, sigamos caminado. Decía Winston Churchill “Nunca se debe dar la espalda a un peligro amenazante y tratar de escapar de él. Si haces eso, duplicarás el miedo, más si lo enfrentas de inmediato y sin titubear, reducirás el miedo a la mitad” ¿será?…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *