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Arturo Miranda Montero

Guanajuato está salido de madre. Tenemos un desmadre.

Este diez de octubre han debido tomar posesión los nuevos ayuntamientos en los 46 municipios que forman el territorio. Unos creyeron que madrugando algo les ayudaría, mientras otros organizaron ceremonias pomposas. Todos pensándose el príncipe o la princesa entrando al palacio, ese resabio colonial que aún cultivamos.

Por supuesto que las jugarretas entre los ayuntantes ya se notaron. Los nombramientos de comisiones y de funcionarios estaban más que cocinados. Las inconformidades fueron pataleos que bien pronto recibieron planchazo de las mayorías partidarias que sobreviven.

Pero todos andamos en Babia. Políticos profesionales y aficionados, partidos bien repartidos, funcionarios de todo pelo, medios de comunicación con chayo o sin, traen y llevan “alcaldes y alcaldías” con furor sin que ninguna ley contemple tales categorías ni que un individuo sea más que otro: Los municipios serán gobernados por un ayuntamiento. Los ayuntamientos se compondrán de un presidente municipal y del número de síndicos y regidores que determine la Ley. Es yunta, no arriero.

En esas confusiones hasta conceptuales, no es de extrañar que no se resuelvan los verdaderos problemas que nos aquejan y que la ocurrencia cotidiana sea la regla para “gobernar”. Esos de los que ni sus nombres nos sabemos bien a bien pueden ser Menganos o Perenganos, hombres o mujeres que lo mismo no dan una o lo dan todo por sus intereses: lo que no se les va, se les escapa.

Los que se fueron dejaron el tiradero que deben recoger los que llegaron. Pero la experiencia dicta que la mugre se puede acumular…

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