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Arturo Miranda Montero

Jesús Gallardo vio, observó, miró a la ciudad de Guanajuato como nadie; por eso se convirtió en su más grande pintor.

“La Bufa es un cerro madre con una comunidad en su regazo”. Así lo comprendió y, desde ese momento epifánico, retrató el “espíritu de la gente(…) mediante la representación poética de su topografía”. Asumió, como debiéramos todos los de esa comunidad con madre Bufa, con valor y decisión su forma de actuar, de enfrentarse a las situaciones y a las personas con la elegancia evidente en sus cuadros urbanos y del paisaje guanajuatense.

Las rocas y los aires son la envoltura de ruinas y miserias del sistema económico que arruinó a las personas, a las edificaciones, vía la industria minera que enriqueció a muchos y empobreció a más. La soledad de la ciudad casi abandonada que encontró al mediar el siglo pasado se hermanó con su propia personalidad, y se quedó a vivir para siempre en ella, amándola a su modo de ver.

Eso ahora lo sé porque me he encandilado con la luz tan brillante y con el buen aire editorial de un libro magnífico, de esos que hacen época en tratándose de producciones oficiales. La Rana, editorial del Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato, junto a la Universidad de Guanajuato (de la que fue fundador de Artes Plásticas), prohijaron un tiraje editorial único que da cuenta en ojos que quieran ver y textos de José de Santiago cómo se ama a un territorio y, por eso, cómo se agranda el pensamiento conectado directamente a los ojos.

Querer a una ciudad como Guanajuato exige, ya lo creo, esfuerzo y gentileza. Lo contrario del ánimo mercantil bufo que ahora nos asfixia.

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