19 abril, 2021

Good Doctor vs Good Pacient

Jeremías Ramírez Vasillas

Hoy hablemos de medicina. Antes de comenzar les informo que no soy doctor y mis conocimientos médicos son limitados. Pero como paciente tengo mucha experiencia. Desde hace 20 años mis padecimientos me han llevado a recorrer un largo camino, y he aprendido mucho en el trayecto.

Lo primero que aprendí es que como seres humanos somos condicionados por nuestras necesidades. Si estas no se hacen evidentes, no reaccionamos. En la enfermedad lo único que nos hace ir al doctor es el DOLOR, de otra manera no iríamos. Y hay algunas veces que ni el dolor nos mueve.

            En general, como pacientes, somos una pesadilla porque de nuestro cuerpo no sabemos nada o muy poco. Por eso, cuando vamos al médico, queremos que nos solucione el problema fácil y rápido, ah, y que no nos duela. Que nos dé una pastillita y ya. Y ya volveremos cuando el dolor de nuevo aprieta.

            Por otra parte, los doctores han contribuido en el arraigo de esta mala costumbre, cerrando un círculo vicioso. Cuando vamos al consultorio el médico pregunta, nos ausculta, y nos da el remedio, pero jamás nos explica qué está mal y menos aún, por qué, cuál es el origen. Con su mirada dura e inexpresiva, parece decirnos: “Tú no sabes nada, el que sabe soy yo y yo te digo qué debes hacer”.

Esto nos hace irresponsables y dependientes del doctor. Y nos concretamos, en el mejor de los casos, si queremos aliviarnos, a obedecer las indicaciones. Solucionado el problema, regresamos a nuestra conducta irresponsable.

            Pero cuando las indicaciones médicas no funcionan, entonces desesperados buscamos otro doctor. Y si después de ver a varios el problema sigue, empezamos a darle cabida a alternativas no médicas donde, desafortunadamente, se esconden muchos defraudadores y vendedores de soluciones mágicas. Pero seguimos sin aprender nada sobre nuestros cuerpos y por lo tanto sin hacernos responsables.

            A veces, en la vida, aparece un BUEN DOCTOR, que no sólo extiende su receta, sino que intenta hacernos partícipes de nuestra recuperación, ayudándonos a entender el origen de nuestros problemas y nosotros mismos corrijamos el problema, que la mayoría de estos proviene de nuestros malos hábitos.

            A medida que vamos comprendiendo nos damos cuenta que no basta un buen doctor, sino que es necesario ser un buen paciente.

Pero ¿qué es un buen paciente? Es uno que participa activamente en su salud y entiende en cierta medida que hará en su cuerpo la medicina recetada y cómo puede contribuir a su restablecimiento.

Pero, ¿cómo nos convertirnos en un buen paciente?

Primero, un buen paciente investiga, lee, estudia, observa y toma conciencia de cómo funciona el cuerpo y qué cosas minan la salud. Los más importantes son: qué comemos y cuál nuestro estilo de vida.

            Hipócrates de Cos, un médico de la Antigua Grecia, quien ejerció durante el llamado siglo de Pericles (el siglo donde Atenas brilló con la aparición de mentes brillantes como Sócrates y Platón, entre muchos otros. A siete siglos de distancia su luz todavía nos ilumina.) Este gran doctor resumió su ciencia en un apotegma harto conocido, poco entendido y nada obedecido: “Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento”. 

            Ahora que el mundo tiembla con el coronavirus, el doctor Hugo López Gatell ha dicho reiteradamente que la virulencia del virus (vaya redundancia), radica en un sistema inmunológico débil por una pésima alimentación, gracias al consumo de productos chatarra y comida altamente industrializada. Y en un estilo de vida desordenado, sedentario, y sin ejercicio regular.

            Entonces, el primer paso para ser un buen paciente es aprender a elegir nuestros alimentos.

            Cuando lo entendí, me encontré con dos problemas: qué eran los alimentos sanos y como conseguirlos. La gran oferta alimentaria es justamente lo contrario.

Fui de dietista en dietista y sólo me decían que comiera ciertas cosas y ciertas no, pero no me explicaban qué me aportaban esos alimentos y por qué los necesitaba, cómo funcionaba mi cuerpo en relación con los alimentos.

            El segundo paso es entender cómo funciona nuestro cuerpo y cómo le impactan, para bien o para mal, lo que comemos. Y cómo prevenir problemas futuros problemas de salud comiendo lo que nos fortalece como entes biológicos en función de nuestras condiciones biológicas particulares.

            Gracias al coronavirus alguien compartió un video del doctor Alonso Vega, de Puerto Rico, quien dirige la clínica naturista Betesda. Con enorme paciencia este doctor va explicando las enfermedades, por qué las padecemos y cuál es la vía de solución a través de alimentos específicos y algunos suplementos alimenticios.

            Otro médico que me ayudó a entender fue el Dr. Jorge Reskala, que dirige la clínica Bianni. Sus entrevistas y conferencias en vivo dan mucha información interesante.

Ambos médicos tienen en común que explican la conexión entre alimento y salud, cómo funciona el cuerpo humano y qué nutrientes necesitamos para estar sanos.

            Si como pacientes nos volvemos responsables y disciplinados, cuando se nos presente un problema quirúrgico (un accidente, una agresión, una herida de bala o una infección pandémica), seremos pacientes modelos y ayudaremos a los doctores en la recuperación. Muchos de los que están muriendo por COVID fallecen porque sus cuerpos están muy maltratados, mal nutridos, deficientes, con un sistema inmunológico hecho pedazos.

            Tanto el coronavirus como algunas series televisivas han puesto en el primer plano de la preocupación social los asuntos médicos y ambos dan fe de la terrible lucha de los médicos de terapia intensiva y quirófano. Pero si el paciente tiene fortaleza el éxito es muy probable, y la situación es menos penosa para los galenos.

            Hace poco empecé a ver en Amazon Prime la serie The Good Doctor, en el que uno de los cirujanos (y personaje principal) es un joven autista cuya enfermedad lo hace muy perspicaz y con una inteligencia sobre desarrollada, que le permite visualizar soluciones para casos casi imposibles.

            Esta serie tiene la virtud de ser muy explícita en el funcionamiento de muchos de nuestros órganos y nos introduce al quirófano para ver en detalle cómo funciona nuestro cuerpo, su delicado equilibrio, las terribles dificultades y terribles decisiones que tienen que tomar los médicos en momentos críticos. Ahí vemos que en el quirófano las situaciones son bien complejas. Y si el cuerpo no ayuda, el médico no puede hacer milagros.

También aprendemos la maravilla de la ingeniería biológica con la que Dios diseñó nuestro cuerpo. Dios mío, qué máquina biológica fantástica somos. Y allí entendemos por qué debemos hacernos responsables de nuestra salud.

            En estos momentos de emergencia requerimos buenos doctores, pero, sobre todo, considerando el deplorable estado del sistema de salud público y el costosísimo sistema de salud privado, es más importante ser buenos pacientes. Las pandemias que vendrán exigen que tengamos cuerpos fuertes, sanos, bien nutridos. Y que los medicamentos sean una ayuda externa y no todo el soporte para seguir vivos.

            Seamos buenos pacientes, si no queremos morir ante la mínima amenaza y, lo peor, agonizar bajo las peores torturas. Nos dicen que un paciente entubado sufre muchísimo y los más débiles no logran soportar la experiencia y mueren.

            Bueno, la decisión es nuestra. Queremos vivir bien, o salir de esta vida humana en medio del terror y el dolor intolerable.

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