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Jeremías Ramírez

Muchos hemos oído sobre Pitágoras, pero pocos saben realmente quién fue y cuál es su influencia en la cultura y el pensamiento actual.

Quizá la primera vez que escuchamos su nombre fue en la escuela en alguna clase de matemáticas cuando nos enseñaron su famoso teorema (En todo triángulo rectángulo el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos).

            Quienes estudian música además descubren que este sabio griego no sólo fue un matemático notable, sino que además fue el diseñador de la escala musical (Do, re, mi, fa, sol, la, si, aunque él no les puso nombre a las notas) que todo músico utiliza actualmente.

Y quienes estudian historia o filosofía descubren que desarrolló una escuela cuyas ideas abarcan un amplio espectro de la actividad humana en diversos ámbitos, tanto políticos como sociales o de pensamiento.

Pitágoras nació en la isla de Samos (actual Grecia) alrededor del año 582 a.C. y murió en Metaponto, (actual Italia), alrededor del año 500 a.C.). Es considerado el primer matemático puro, pues contribuyó en el avance de la matemática, la geometría y la aritmética, derivadas particularmente de las relaciones numéricas, y aplicadas a la teoría de pesos y medidas, a la teoría de la música o a la astronomía.

Respecto a la música, sus conceptos fueron los pilares fundamentales en la armonización griega y su escuela fue una sociedad, que, si bien era predominantemente religiosa, se interesaba también en medicina, cosmología, filosofía, ética y política, entre otras disciplinas.

El pitagorismo formuló principios que influyeron tanto en Platón como en Aristóteles y, de manera más general, en el posterior desarrollo de la matemática y en la filosofía racional en Occidente. De los posibles tratados que escribió no se logró conservar alguno de ellos. Todo lo que sabemos de él nos ha llegado a través de sus alumnos o sus biógrafos (como Jámblico[1]), y seguidores distantes como Platón y Aristóteles, pues no se lograron conservar ningún escrito original de Pitágoras.

            Durante años quise saber más sobre él; por ello, cuando descubrí en un centro comercial su biografía la compré. Empecé a leerlo con mucho entusiasmo, pero pronto advertí que la autora, Patricia Caniff, no profundizaba, y que había cierta incertidumbre y titubeo. Decepcionado abandoné la lectura casi a la mitad. La reanudé mucho tiempo después, aunque empecé de nuevo desde el inicio. Y cuando llegué al punto donde me quedé la vez anterior me di cuenta por qué: yo esperaba que me revelará cómo había descubierto sus grandes teorías matemáticas o como fue que se interesó en la música.

            A pesar de ello, tiene la virtud de darnos una visión panorámica de la vida de Pitágoras. Arranca desde su nacimiento en el seno de una familia pudiente que le prodiga una buena educación inicial. Sin embargo, una vez que las enseñanzas en su isla natal ya no le fueron suficientes, con el apoyo monetario y de relaciones públicas de su padre, se puso en contacto con Tales de Mileto, su primer gran maestro, y con Anaximandro, su segundo maestro y alumno aventajado de Tales. Ellos le dijeron, luego de enseñarle lo que sabían, que si quería aprender más tendría que ir a Egipto y buscar la manera de ser aceptado por los sacerdotes cuyas escuelas estaban en los sótanos de las pirámides, aunque no tan fácilmente le daban acceso a los interesados.

            Partió hacia Egipto y primero acudió con el faraón, Amasis, pero este le dijo que no temía ningún poder con los sacerdotes. Para lograr el ingreso utilizó algunas cartas, pero la llave de acceso fue su interés y elevados conocimientos y un extraño defecto personal: un muslo de oro, es decir, una coloración dorada en una de sus piernas, y que él ocultaba celosamente. Ese defecto sorprendió a los sacerdotes y le permitieron el acceso. Con ellos pasó 20 años hasta que Cambiases, hijo de Ciro, rey persa, invadió Egipto y Pitágoras fue llevado a Persia en calidad de prisionero de guerra, pero allí descubrió la excelsitud de los conocimientos de los Persas. Estuvo estudiando con ellos quince años.

            En esos 35 años aprendió los conocimientos de ambos pueblos y desarrolló sus ideas al grado máximo, de modo que cuando regresó a Samos, con más de 50 años, no sólo traía un enorme cúmulo de conocimientos sino además el aura de “divino”, pues además tenía dotes de profeta.

            Una vez establecido en Samos inició su actividad docente inaugurando en unas cuevas (las cuevas de las musas) su primera escuela, que va ganando poco a poco popularidad. Su objetivo era crear una ciudad ideal.

Dice el libro que su estricta dieta vegetariana lo llevó a tener una salud envidiable y una apariencia juvenil de modo que aparentaba una edad de 30 años cuando ya estaba rondado los sesenta.

La ambición de construir una ciudad ideal en Samos se vio truncada porque los poderosos de ese lugar, al ver su progreso e influencia cada vez más extendida, empezaron a obstaculizar su labor. Decidió buscar una nueva sede. Primero llegó a Sibaris, pero fue rechazado, y finalmente se asentó en Crotona, donde desarrolló sus ideas, su filosofía y consolidó una poderosa escuela de hombres sabios. Fue en esta ciudad donde desarrolló toda su capacidad docente y filosófica, creando una generación de alumnos sobresalientes, cuya capacidad intelectual y moral tuvo dos senderos: la excelsitud del conocimiento y la ostentación del poder.

            A pesar de todas sus virtudes y de haber conquistado el pueblo de Crotona, cuando vieron como acrecentaba su poder, fue criticado y atacado, sobre todo después de que sus alumnos empezaron a asumir puestos políticos.

            Pronto se vio envuelto en conflictos que lo obligaron a huir, y murió en las calles en Metaponto. Sobre su muerte hay dos versiones: La primera apunta a que, viendo el ataque que había sufrido él y su comunidad, Pitágoras provocó su muerte deteniendo sus funciones vitales. La segunda versión nos dice que fue asesinado por Cilón, un habitante de la ciudad de Crotona quien había solicitado unirse a la Sociedad Pitagórica. Sin embargo, al ver que había sido rechazado por no cumplir con los requerimientos que los Matematikoi exigían, a pesar de ser un hombre muy rico, juró perseguir a Pitágoras ya sus seguidores en donde sea que fueran vistos.

            Como esta biografía se queda corta, y nos deja muchos vacíos e interrogantes, nos quedamos con el deseo de saber más. Afortunadamente existen varias biografías, como la de Pedro Miguel González Urbaneja, Pitágoras, el filósofo del número, ed. Nivola (Colección “La matemática en sus personajes”, n. 9), 2001., pero a mi me llama más la atención la novela histórica de Marcos Chicot, El asesinato de Pitágoras, Duomo editorial, 2013, que ya vi la venden en Amazon. Aprovecharé el Buen fin.


[1] Jámblico de Calcis o Yámblico fue un filósofo griego neoplatónico, también considerado neopitagórico, de cuya vida poco se conoce, salvo que nació en Calcis, en Celesiria, Siria, en el año 245 d. C y fue discípulo de Porfirio.

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