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Sacrificando a Miguel Márquez

David Saucedo

Desde las oficinas del CEN del PAN nos informan que Miguel Márquez, ex gobernador de Guanajuato, no buscará la presidencia nacional de su partido. De acuerdo con los cálculos del equipo de campaña de Marko Cortés, quien está en campaña abierta para reelegirse como líder nacional del blanquiazul, a Márquez le preocupa y desalienta que el PAN pueda perder 5 de las 6 gubernaturas en disputa el próximo año. De ganar la contienda por la dirigencia del CEN, Márquez sería señalado como el responsable de una nueva debacle electoral del PAN en el 2022. De acuerdo con las últimas encuestas acción nacional se alzaría con la victoria solo en el estado de Aguascalientes, de la mano de Tere Jiménez, alcaldesa de la capital y enemiga del gobernador Martín Orozco. Pero en la pelea por las gubernaturas de Tamaulipas, Oaxaca, Hidalgo, Quintana Roo y Durango los candidatos de MORENA van a la cabeza, en la mayoría de los casos, seguidos por los abanderados del PRI.

La única posibilidad para tratar de evitar que MORENA continúe con su racha ganadora en la conquista de gubernaturas es una nueva alianza de «todos contra AMLO», que se antoja cada vez más difícil de conformar, luego de las negociaciones en curso entre Alejandro Moreno, líder nacional del PRI y los emisarios del Presidente, con miras a la construcción de una mayoría calificada en la cámara de diputados. Los conocedores de estos conciliábulos señalan que, de la negociación de mayorías legislativas a alianzas de facto por las gubernaturas, solo hay un paso.

Por otro lado, durante su trayectoria política, Márquez siempre ha jugado a la segura. A pesar de su afición a la charrería rara vez ejecuta el “paso de la muerte” y nunca corre riesgos innecesarios. En Guanajuato el PAN tiene el control de las autoridades electorales, de los medios de comunicación, del gobierno estatal (aunque con una guardia pretoriana en la Fiscalía General del Estado) y del poder legislativo. Cuenta con el apoyo de la jerarquía católica, de la élite empresarial y goza de una alta intención de voto a población abierta. Por si esto no bastara, el PAN enfrenta a una oposición débil (PRI), dividida internamente (MORENA), cooptada (PVEM) y a una estructura del gobierno federal novata e incapaz de contrapesar al gobierno estatal azul (delegación Guanajuato de la Secretaría del Bienestar).

Sin embargo, al saltar a «grandes ligas» Márquez enfrentaría un escenario radicalmente distinto, con muchos de estos factores en contra. Y si no, que le pregunten a Juan Manuel Oliva que tiene una nada envidiable colección de derrotas como asesor y operador electoral, producto de sus incursiones fuera de Guanajuato, su zona de confort. No es un escenario que anime a MMM a subirse al ring nacional. Por ello y fiel a su costumbre, Márquez declinaría en sus intenciones de ser presidente del PAN, aduciendo razones personales, familiares y de construcción de consensos. Quizá se decantará a favor de Pancho Domínguez, que ya en la recta final de su mandato como gobernador del estado de Querétaro, también aspira a suceder a Marko Cortés.

Para ello Pancho está buscando el apoyo de los gobernadores de acción nacional que no ven con buenos ojos la reelección de Marko. Ambiciones aparte, lo que más incomoda a los gobernadores azules es la tibieza de Marko para combatir al gobierno de Andrés Manuel López Obrador.  La gota que derramó el vaso fue el discurso triunfalista que Marko y su equipo construyeron luego de las derrotas electorales del pasado 2 de junio, en varios estados. Desde voces estridentes, como la de Damián Zepeda o Gustavo Madero, hasta perfiles moderados, como Santiago Creel, muchos panistas consideraron que no solo fue un exceso el que Marko alzara el brazo victorioso diciendo que «el PAN le puso un alto a MORENA», sino que con ello hizo un ridículo total.

Por otro lado, en la disputa por la renovación de la presidencia nacional del PAN se peleó un round de sombra con la designación del coordinador de los diputados federales. Marko Cortés nombró, casi sin despeinarse, a Jorge Romero Herrera, ex alcalde de Benito Juárez y ex asambleísta de la Ciudad de México. Romero Herrera llegó a dicha coordinación en un segundo intento, luego de que perdiera esa posición en el 2018, a manos del guanajuatense y también ex gobernador Juan Carlos Romero Hicks. En esta nueva coyuntura Marko no permitió que los gobernadores le comieran el mandado, pues fueron ellos quienes jugaron un papel decisivo para que en su momento Romero Hicks desplazara a Romero Herrera y para que este se tuviera que conformar con la vicecoordinación en la legislatura federal pasada. Marko Cortes y Jorge Herrera aprendieron la lección, operaron a tiempo y le dieron la vuelta a la tortilla.

El abandono que sufrió Juan Carlos Romero Hicks por parte de los propios diputados federales de Guanajuato tiene varios orígenes. Sin duda cometió varios errores de trato con varios de sus compañeros, muchos de los cuáles repitieron como diputados federales. Tenían facturas pendientes que no tardaron en cobrarle. Es posible que el protagonismo mediático y en redes de Romero Hicks haya jugado en su contra frente a una dirigencia nacional del PAN tibia e insegura. Pero el factor de mayor peso que debilitó a Romero Hicks quizá fue la designación de candidato a gobernador de Guanajuato en el 2024.

Desde hace tiempo el PAN de Guanajuato ha practicado un extraño pero funcional provincianismo político. A pesar de ser el estado del país que aporta el mayor número de votos para Acción Nacional, a pesar de haber creado un sistema muy eficaz para el control político estatal (aunque con fallas notables como en el caso de la seguridad pública), la clase política azul de Guanajuato en raras ocasiones tiene voz y voto en la esfera política nacional. Las posiciones que ocupan en el CEN del PAN son muy pocas. Las diputaciones plurinominales que obtiene son nada en comparación con la votación que aporta a su circunscripción. Las presidencias de comisión que detentan sus diputados federales apenas alcanzan el carácter testimonial y simbólico.  Los recursos que recibe el CDE del PAN por parte del CEN en ocasiones son regateados por la dirigencia nacional. En no pocas veces los incompetentes panistas de la Ciudad de México tratan con la punta del zapato a sus más avispados primos guanajuatenses.

Este aparente mal trato que reciben los panistas de Guanajuato se compensa con la manga ancha que reciben para la designación de candidatos a cargos de elección popular en la entidad. Salvo en ciertas coyunturas (con Gustavo Madero en el 2012, que apuntaló de manera desproporcionada al grupo de Luis Alberto Villareal) en general el CEN del PAN le da migajas en el plano nacional a los panistas oriundos de las tierras de José Alfredo, pero permite que ellos se coman casi el pastel completo de Guanajuato.

En el papel, pelear contra la reelección de Marko Cortés puede parecer muy atractivo para los dirigentes panistas guanajuatenses. Se trata de un líder desgastado, con un historial de malos resultados electorales, con bajos niveles de aprobación entre la militancia y cuyo principal activo parecer ser su rol de guardián y garante de la segunda campaña de Ricardo Anaya a la presidencia de la república.

Pero apoyar a Pancho Domínguez, a Miguel Márquez, a Mauricio Vila o a cualquier otro entusiasta que quiera retar a la dupla Ricardo Anaya-Marko Cortés, entraña graves riesgos. El principal, sin duda, es perder y tener que instrumentar una costosa operación cicatriz con los ganadores, que incluiría la entrega de candidaturas importantes como las alcaldías de León, Irapuato, diputaciones federales e incluso candidaturas al Senado dentro de 3 años ¿Vale la pena apoyar a Miguel Márquez o a Juan Carlos Romero Hicks en sus ambiciones políticas nacionales y arriesgarse a que un vengativo CEN del PAN se meta a la concina política de Guanajuato en el 2024? Sí y solo sí hay posibilidades razonables de éxito.

Pero, especulando un poco ¿Qué pasaría si el golpe de estado contra Marko triunfara? ¿Qué pasaría en Guanajuato si Miguel Márquez se lanza de candidato y gana la dirigencia nacional del PAN?  ¿Qué sucedería si los panistas de Guanajuato logran poner a “uno de los suyos” como dirigente nacional de su partido? Por lo que hemos podido comprobar en la última contienda, Márquez no resiste la tentación de operar políticamente para intervenir e influir en la designación de candidatos, incluso en municipios pequeños de menos de cincuenta mil habitantes como Cuerámaro o Purísima. Si Márquez se convirtiera en presidente nacional del PAN, sin ninguna duda intervendría y tendría un papel activo en la designación del candidato a gobernador de Guanajuato en el 2024. Y allí… allí comenzarían los problemas. 

Es decir, en estos momentos, pelear contra Marko-Anaya, entraña muchos riesgos. No se ve cómo romper la muralla que han construido para llevar a Ricardo Anaya, por segunda ocasión, como candidato del PAN a la presidencia de la república. No hay ningún “Pípila” dispuesto a cargar la pesada losa que implicaría perder 5 de 6 gubernaturas el próximo año. Y Miguel Márquez no tiene el temple para enfrentar un escenario adverso, ni está dispuesto a asaltar la “Alhóndiga” del CEN del PAN, antorcha en mano. En el escenario opuesto, un hipotético triunfo de Marquez en la pelea por la presidencia nacional del PAN provocaría que la designación del próximo candidato a gobernador de Guanajuato se consulte y cabildee con Miguel Márquez.

Por ende, la opción más cómoda para el PAN de Guanajuato consiste en no buscarle mangas al chaleco, recular y volver a hacer alianza con Marko Cortés y apoyarlo para que se reelija como presidente nacional del PAN. Es decir, abrazar de nueva cuenta el provincianismo político y concentrarse en la política doméstica, dejando para mejor ocasión las incursiones y aventuras de los panistas de Guanajuato en la Ciudad de México. Tal y como siempre han aconsejado panistas de la vieja guardia como Don Elías Villegas. Desde la poderosa comisión permanente nacional Anaya y Marko Cortés controlan la designación de candidatos y la pueden usar para premiar a sus aliados y castigar a sus adversarios. Tal y como lo demostraron con la designación de Justino Arriaga como candidato del PAN en el distrito federal VIII. Como se recordará el panismo local postuló al líder agrario Agustín Robles para esa misma posición. Su designación solo duró unas cuantas horas, pues fue desechada de inmediato por votación unánime en la comisión permanente nacional. Una pequeña muestra del poder que detenta el “markismo” (de Marko), por sobre el “marquismo” (de Márquez).

Es decir, no hace falta poner a prueba el control que tienen la nomenclatura nacional del PAN sobre sus propias estructuras. Y en el caso de su fuerza y capacidad de venganza, como reza un viejo refrán español, más vale creerlo que averiguarlo.

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