25 febrero, 2021

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

¿Guanajuato sin ruido?

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Arturo Miranda Montero

Dícese que la ciudad es de todos. Pero cuando se la agandallan, todos perdemos.

Una ciudad como la capital de Guanajuato no siempre ha sido como la vemos hoy. Tal obviedad se pasa por alto cuando se trata de ordenarla.

Para no irnos lejos en su historia, digamos sólo que antes fue ciudad de cantinas y ahora es de antros. Las primeras eran muchas y distintas; lo de ahora es repetitivo y ruidoso, y ya desplaza a los bebederos antiguos. Sin embargo, replican ambos una vieja noción de esta ciudad: es una alcahueta de la borrachera. Tanto ha sido así que nuestro turismo mayor es el de quienes vienen a beber a la “cantina más grande” de México.

Todo el centro histórico está lleno de antros instalados en cualquier casa. Surgieron como hongos a partir de la masificación del festival por los años noventa. Y ahora, urgidos de turismo que llene esos y otros lugares, se propician fiestas, festivales y cuanta cosa ocupe a la ciudad como escenario para el desmadre ruidoso. -¡De eso vivimos! argumentan quienes, efectivamente, viven de eso.

Pero una ciudad sin habitantes no es ciudad; es otra cosa. ¿Qué tipo de ciudad debemos imaginar? La de hoy no resuelve los graves problemas que la aquejan: suciedad, inseguridad, contaminación y población empobrecida. Tenemos una urbe única y por ello distinta. Pero se le maneja de muy malas maneras.

El desorden en que vivimos viene a lomos de una ciudadanía desorganizada para convivir civilizadamente sin toxicidades vecinales y, sobre todo, incapaz de elegir bien a los encargados de cumplir y hacer cumplir la ley. Por eso, todo mundo hace lo que le viene en gana.

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