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Francisco Rodríguez

El gobierno demócrata –que llegó para poner un alto a los desmanes y al golpismo de Donald Trump– está poniendo la plana en materia de planeación del desarrollo, en ordenamiento del modelo de crecimiento, en las políticas revolucionarias que se requieren hoy día para salir del atraso. Y eso que jamás se anunció en la campaña como un gobierno de izquierda.

Jamás dijeron que iban a llegar a la Cuarta o Quinta Transformación de los Estados Unidos. Y, sin embargo, llevan hoy la estafeta en el mundo occidental sobre políticas públicas de avanzada.

Para empezar, el plan de rescate económico de la política estadounidense logró la aprobación en el Congreso de un paquete de rescate por 1.9 billones de dólares, que marcó el inicio del cambio en la política económica que también marca el fin de la era neoliberal de la basura blanca republicana.

Y, para rematar, presentó ya su propuesta de empleos y de inversión pública masiva de más de dos billones de dólares en infraestructura nacional, con lo cual continúa el giro en política económica diametralmente.

Rompe con el consenso neoliberal de los pasados cuarenta años e incluye medidas de mitigación del cambio climático, fenómeno que hoy el Departamento del Tesoro califica de problema existencial.

Estados Unidos crecerá su PIB en un 6% este año

Este enorme proyecto de inversión en la infraestructura nacional es diferente a todo lo que se haya visto o hecho desde que, con Franklin Delano Roosevelt, se construyó el sistema interestatal de autopistas e, incluso, desde que John Fitzgerald Kennedy inició la carrera espacial en los sesenta del siglo anterior.

‎Es sin duda la inversión federal en empleo más significativa desde la Segunda Guerra Mundial.

Para enfatizar que esta propuesta representa un giro del consenso político y económico que imperó durante los últimos cuarenta años, declaró Joe Biden: todos somos beneficiados cuando todos estamos bien.

Y sí, tanto Estados Unidos como México estuvieron empeñados durante las cinco últimas décadas a la reducción del papel del Estado en la economía, a promover la privatización y a desmantelar la red de gasto social para incentivar al sector privado con políticas fiscales ofertistas, inopinadas e inservibles.

Biden está enseñando sus principales cartas en materia de política económica interna, como son las relativas a ensanchar el mercado, ofrecer empleo, promover bienestar y procurar una mejor distribución del ingreso. Sin embargo en otros lados no se ve lo mismo. Todos los analistas insisten en que, con estas medidas, Estados Unidos logrará un crecimiento mínimo del seis por ciento del producto interno bruto este año.

Aquí vamos rumbo a un 30% de decrecimiento del PIB}

 Si en México cree el “caudillo” que este jalón del desarrollo estadounidense podrá cargar en sus espaldas un crecimiento nacional del cinco por ciento está muy equivocado. La economía mexicana está destrozada, no tiene infraestructura ni equipamiento para poder entrar a esas ligas.

La política económica mexicana está tocada de muerte. Todo mundo se haya paralizado. Nadie tiene confianza ni recibe certidumbre para invertir o crear empleos. Es un sueño guajiro pensar que nos podemos uncir a ese cabús. Menos con la ignorancia que nos cargamos en Palacio Nacional.

Frente a nuestro principal mercado, el estadounidense, estamos catatónicos. No podemos ni hemos intentado hacer algo bien, que siquiera se parezca a la lucha contra el desempleo que allá se emprende. Menos vamos a poder emparejar la carrera.

En cambio, el modito Tepetitán es el de enfrentarse a las empresas del sector energético y echar para abajo cualquier proyecto de inversión, con el consecuente peligro que implica perder las demandas internacionales sobre la violación de los términos firmados del T-MEC. Vamos rumbo a un treinta por ciento de decrecimiento del producto interno bruto este año… y seguramente los que siguen.

Las amenazas de Biden no se combaten con mítines

No hay solución para un cabeza dura como el que tenemos al mando. Porque Biden ya amenazó por primera vez en serio que si las empresas de cualquier sector, no sólo el energético, son tratadas injustamente, con rudeza innecesaria, todo el aparato estadounidense intervendrá para poner orden.

Y como usted sabe, estas amenazas no se pueden combatir con criterios salvajes de luchas figuradas contra el imperialismo. Es una simple relación de contratos firmados bajo leyes aprobadas en materia de convenios internacionales y que ahora quieren ser desconocidos por un politicastro aventurero.

Contra esas demandas, no habrá manifestación de dos o tres mil chairos en el Zócalo –ya no pueden juntar más, porque se quedaron solos-, ni habrá masiosarismos “mañaneros”, ni envolturas en banderas nacionalistas que valgan para encubrir las fallas mentales y de gobierno. Sólo la ley pura y dura.

Nada funciona en México desde la llegada del tabasqueño

Joe Biden ha puesto la plana. Y mientras más tarden los machuchones de Macuspana en ponerse las pilas acerca de lo que está pasando frente a sus narices, más hondo será el abismo de decrecimiento en que caigamos. La altura de la vara también medirá la altura de que podrá caer el estultismo de la Cuarta Corrupción. Y más duras las sanciones que vengan desde el Imperio para el país y para estos ineptos.

‎Quede constancia de que al “caudillo” se le ha insistido desde todos los foros y desde todos los ángulos posibles que el camino de destrucción ha sido rayanamente equivocado. Que debió haber implementado este tipo de medidas desde que tomó posesión.

Pero en veintiocho meses se ha dedicado sólo al sueño de acumular poder en búsqueda de reelección. Algo absurdo e impertinente. Destrozó la economía en sólo un año, llegó la pandemia y le ayudó a hacerlo más a fondo. Nada funciona en México desde la llegada del tabasqueño.

Es ya el peor presidente de toda nuestra historia

Y sí. Como todos sabemos, no ha creado ni promovido un solo empleo formal, no ha construido una obra significativa y funcional, no ha puesto orden en la administración. Su ejemplo de mentiras y corrupción ha prendido en todos los sectores de la función pública. Y él sigue pensando que vive en otro mundo.

Hirió de muerte a cualquier política seria de transformación. Es ya el peor presidente de toda nuestra historia.

Para colmo, los estadounidenses implementan una política de izquierda a la que ya no estamos invitados.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: El gobierno de Joe Biden rechazó la propuesta –una verdadera jalada– del presidente Andrés Manuel López Obrador de extender a Centroamérica el programa Sembrando Vida y vincularlo con un plan para permitir a los participantes solicitar la ciudadanía estadounidense. En una sesión con funcionarios de la administración estadounidense para hablar sobre la cumbre climática a la que convocó el presidente Joe Biden y que arrancó ayer jueves de forma virtual, se les preguntó sobre esta propuesta que López Obrador dijo que presentaría durante su participación en la cumbre, en la que estarán de forma remota 40 líderes mundiales. Uno de los funcionarios de la Administración Biden explicó que apenas escucharon de esa propuesta y que “no suena como a que haya sido parte aún de una conversación extensa, ni en México ni entre México y Estados Unidos”.

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@pacorodriguez

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