23 noviembre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Judith, Misionera Mártir en Rusia

5 minutos de lectura

Jeremías Ramírez

Termina una Semana Santa como nunca nos la hubiéramos imaginado y con dos viacrucis a cuestas: uno médica y otro social. El segundo consiste en soportar una larga cuarentena en aislamiento social y la primera por un virus invisible que es posible que nos asalte en cualquier momento.

Todo ello se agrava porque el llamado religioso y médico al recogimiento es desentendido por una gran cantidad de gente.

Basta una breve salida a las calles de Celaya o a ciertas tiendas o puesto de comida y vemos gente sin cubrebocas, sin guardar la sana distancia y muchos nada más vagando de ociosos en la calle.Tal parece que a la conmemoración de martirio de Cristo se suma el martirio del personal médico y de personas contagiadas que van incrementando el número de fallecidos por la pandemia. Y a esto habrá que sumar a los caídos por las balas.Cabe señalar que el martirio parece ser la constante de la vida humana.

La gente que hace bien, que busca el bien, se enfrenta al sufrimiento, a las penurias laborales, económica sociales o físicas e incluso a la persecución y a la tortura.Hablando de los mártires cristianos, estos se han dado a lo largo de la historia. Esta semana quisiera abordar un caso de una valerosa mujer rusa de la segunda década del siglo XX: Judith Wienberg, que murió cuando apenas tenía escasos 20 años.Judith Wienberg, judía de nacimiento, le tocó vivir una época turbulenta y peligrosa en medio de acontecimientos históricos violentos: la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la guerra civil rusa, tras el triunfo de los bolcheviques.La Primera Guerra Mundial obliga a su familia (que en ese tiempo estaban asentados cerca de la frontera húngara y polaca) a emigrar al norte. En ese entonces Judith era una niña, casi una adolescente, que tenía grandes sueños.            

El viaje fue penoso y lleno de miseria y de hambre, pero gracias el tesón de sus padres logran asentarse en una ciudad donde hay una numerosa comunidad judía quienes los acogen y los ayudan (el autor nunca menciona el nombre de las ciudades, sólo las identifica con una letra, salvo al final donde menciona el pueblo donde Judith muere: Andrejevka, cerca de Moscú).Cuando todo parece que iba mejorando en su nueva ciudad de residencia se inicia (1919) la revolución rusa, generando una guerra civil que se extiende por varios años en amplias regiones de la antigua Rusia.            

Judith, desde niña, tiene muchas inquietudes religiosas; su cabeza está llena de preguntas sobre Dios, sobre la Torá y sobre un personaje misterioso que aparece en las discusiones entre los judíos: Jeshua. ¿Es o no el mesías esperado? Algunos de ellos afirman que sí es el Mesías, pero la mayoría lo niega. ¿Quién es ese Jeshua?, le pregunta Judith a su abuelo, un respetado rabino. Este le contesta que es un impostor, un farsante. Al parecer la explicación del abuelo aquieta sus preguntas, pero en realidad sólo las deja dormidas, y éstas quedan vivas en el alma de Judith esperando el momento oportuno para salir a flote.            

En su nueva ciudad Judith crece, se hace adulta y hace planes para casarse con un buen joven: Salomón. Pero en ese momento las preguntas afloran con más intensidad. Como su alma no encuentra reposo decide investigar a todas las religiones y descubrir la verdad.            

En una conferencia que un misionero imparte en su ciudad, y a la que han sido invitados todos los habitantes, principalmente los judíos, Judith descubre quién es realmente Jeshua, y como todas las profecías del antiguo Testamento coinciden con él. Ahí se convence que no era un impostor, sino el hijo de Dios, el Mesías esperado. Y le entrega su vida.            

Este hecho le traerá muchos problemas, primero en su casa; luego, con en su comunidad. Sus padres y el rabino de la ciudad le piden que renuncia a la herejía, pero ella se niega. Entonces es expulsada de su casa y su novio rompe su compromiso matrimonial con ella.           

 Judith no tiene otra alternativa que irse a otra la ciudad. En su nuevo asentamiento se integra a la iglesia cristiana local y poco después se bautiza.            

Ante la nostalgia de su familia que le piden que regrese, ella va en unas vacaciones laborales, pero cuando su familia descubre que no tienen intenciones de regresar al judaísmo, la vuelven a expulsar, esta vez para siempre. Ella abandona a su familia a la que no verá nunca más y cuyo dolor lo llevará en su alma hasta el último minuto de su vida.            

En una serie de conferencias misioneras, Judith decide convertirse en misionera y se une al equipo que va de pueblo en pueblo predicando el evangelio.            

La guerra civil arrecia y ella y los misioneros llegan a un lugar donde el conflicto es muy intenso. Eso no les impide predicar con mayor entusiasmo, además de atender las necesidades de la gente de estos pueblos que vive en la miseria y donde hay muchos enfermos. Su labor misionera es tan buena que hace que los soldados acepten su mensaje, dejen las armas y se conviertan al cristianismo. Esto provoca la rabia de sus compañeros de milicia porque el mensaje del evangelio los insta a dejar de combatir, y a amar incluso a sus enemigos. Los ojos de odio de los soldados se posan en la frágil figura de Judith. La amenazan para que deje de predicar el evangelio, pero eso no la detiene. Entonces organizan una partida de soldados para acabar con ella. Una tarde que enseña de Cristo a la gente, los soldados la capturan y la llevan a una sucia y ruinosa bodega donde es degollada mientras ora por sus agresores y le pide que Dios tenga misericordia de ellos. Los sables caen implacables sobre su frágil cuerpo que queda ahí tirado. Su cadáver es recogido por los campesinos que habían asistido a sus reuniones de enseñanza y le dan sepultura.            

La historia es narrada por N.I.Saloff Astakhoff quien conoció en vida a Judith, y a quien le contó su historia. Si bien N.I.Saloff Astakhoff es un buen narrador no puede ocultar su admiración por Judith pues no para de lanzar elogios, lo cual no deja fluir bien la historia, pero la fuerza dramática del relato es suficiente para pasar por alto estos defectos narrativos y poco a poco nos adentramos en el clima místico y emocional de la protagonista.              

Al final de la lectura uno se siente estimulado a darse sin reservas a aquel que se dio sin reservas para salvar nuestras vidas: Cristo.            

El libro es ya imposible de conseguir, ni aún en la editorial Betania es posible. Tal vez es posible conseguirlo en algunos portales de venta de objetos usados, como en Mercado del Uruguay, o bien se puede conseguir la versión en inglés editada en el 2010 por Kessinger Publishing, LLC, y puesta a la venta en el portal de Amazon.

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