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Arturo Miranda Montero

Para empezar, cerró la guardería que tenía en Guanajuato, dejando a educadoras y demás personal en la calle, amén de niños sin lugar con todo y madres; es decir, a la calle todos. Ya hay avisos de que reducirán sueldos, desaparecerán dependencias, forzarán jubilaciones, quitarán prestaciones, fusionarán programas y, por supuesto, correrán personal.

Pero, ¿a qué se debe eso? La fácil es que, dicen, “el presidente no quiere a Guanajuato”. El panismo gobernante desde hace tres décadas sale con ese paro, simplemente porque aquí no gana Andrés. “Aquí en Guanajuato no nos vamos a dejar llevar por presiones de un presidente que tiene fijado un ánimo revanchista” sostienen bravuconamente. La difícil es que tras esas décadas vivieron con harto dinero federal sin hacer nada por construir finanzas propias sanas. Salinas les dejó el poder político y les financió su permanencia; Fox era suyo; Calderón no podía entrometerse y Peña fue un convenenciero. Así que el aceite monetario lubricó la permanencia de un régimen que controla todo, como el viejo PRI. Vieja es esa fórmula.

Pero ahora que un presidente extremadamente centralista y nada republicano decide que el dinero público se ha de gastar de otra manera, todos los gobiernos estatales y municipales se las ven negras.

Ninguno podrá salir adelante macheteando a su propio aparato: todas las administraciones públicas están sometidas al austericidio personalista. En fin, tenemos un gobierno estatal sin ideas y con manos de tijeras, aunque presuman de ser mentefactureros.

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