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(Continuo con reflexión de la Política y los Políticos)*

G. Saúl García Cornejo.

¿Cómo vivimos los mexicanos actuales? La mayoría indiferentes –por ariscos- a los acontecimientos políticos, a los partidos políticos y a los actores políticos.

¿Es una óptica trágica ó negativa? Es realista. El grueso de los mexicanos tenemos que resolver y ocuparnos de los asuntos inmediatos, cotidianos; como resulta lo que coloquialmente decimos: “corretear la chuleta”. En tal sentido no damos el reconocimiento suficiente a las amas de casa –cada día menos, precisamente ocupadas y preocupadas que alcance la “chuleta”- que hacen verdaderos milagros para sostener el ritmo alimenticio de sus gentes, sin menoscabo de la pobreza nutricional, el caso es que hay que llenar los estómagos de los vástagos y el marido, todos los días –si lo hay, que al igual va en declive la institución matrimonial y abundan las “jefas de familia”-.

 Los varones, del mismo modo, están sumergidos en la turbulencia económica, definida ahora por variopintos “estudiosos o analistas económicos”, como “emergente”. Llegan a sus casas después de una ardua jornada –si no son los clásicos y desvergonzados burócratas “aviadores”, que, según “están contenidos y en franca extinción”, con sus raras excepciones- a escuchar que el niño necesita determinados útiles, o ropa, que ya no alcanza el “chivo” y una larga lista de necesidades reales o impuestas por el demiurgo moderno: El consumismo. Que en cruel ironía se convierte en el “con-su-mismo” pantalón, sus mismos zapatos, su misma vida miserable en todos sentidos.

En dicho panorama, la señora ve su teleserie y el señor, una vez que la compañera haya finalizado su rato de esparcimiento –y enajenación- podrá ver los noticieros por antonomasia dominantes y que no informan casi nada de real interés, sólo que otra vez subió la gasolina, que ya cayó ó está a punto, algún “político” en razón de fraudes, golpes al erario y otras linduras; que ya fulana o zutano, parientes de algún potentado de la política, se pusieron a las patadas con la policía. En suma, noticias insulsas, pero que en el caso de golpes a la economía familiar, o la confirmación de que los políticos son “transas” en su mayoría, dejan una huella consciente o no, sobre el ejercicio político, que en su momento –elecciones particularmente- abonarán las filas de lo que he llamado: El Partido Nacional Abstencionista. (El “otro PAN”, por sus siglas)

A la población mexicana duele más el hecho de que los políticos que resulten delincuentes, sean protegidos y se mantengan impunes, que el circo realizado cuando algún “pez flaco” en el mismo contexto señalado, sea hecho pedazos por medios de comunicación “chayoteros” y más decepción en las instituciones resultará cuando dichos presuntos delincuentes, sean exonerados, cuando a los verdaderos “peces gordos” nadie los toca. (Ese particular punto psicológico, es ahora mismo explotado, sin escrúpulo, ni congruencia jurídica, con la mentada convocatoria para que el Pueblo, decida sobre enjuiciar o no, a los expresidentes, de Salinas a Peña. Todo un movimiento demagógico y de perversión política, que nos costará alrededor de 500 millones de pesos; dejando para “otra ocasión”, consultar si los ciudadanos, quieren que AMLO siga al frente. Se necesitan casi 37 millones de votos. Es a la vista, un “juego político” más.) 

¿A qué hora pensará el mexicano en la política o los políticos? Desde singular idiosincrasia los connacionales dan un espacio muy estrecho a la política. Casi sólo en tiempos electorales y de manera un tanto superficial, dada la paupérrima cultura cívica del grueso poblacional por los diversos factores ya apuntados. A los políticos, se les ve –si son protagónicos y les gusta el calor de los reflectores mediáticos- en los noticieros apuntados, en pequeñas y casi siempre aduladoras cápsulas- sin que digan cosa de fondo, sí de “grilla”.

Pero creo que siendo justo, hay que apuntar que un resorte para el gran desinterés, es precisamente que los mexicanos desde la más tierna infancia van siendo educados fuera del civismo, casi la mayoría escuchará en las mesas a los comensales del domingo o las fiestas familiares, cualquier tema, menos de política. Sí de políticos que no cumplen. Sí de fútbol. Sí de concursos televisivos. Casi nada de historia. Eso sí, que en las fiestas patrias hay pozole, pero no saben quién fue don Miguel Hidalgo y Costilla, por ejemplo, siendo el más visible en los muros del salón escolar. Porque a don José María Morelos y Pavón, así como a don Benito Pablo Juárez García, se los llevó “patas de cabra” o la “alternancia” del 2000 al 2012.

Otra influyente razón fáctica para sumar el indiferentismo social con la política, es sin duda, la impunidad de los infractores y violadores del orden jurídico, del sistema institucional, de la vida socioeconómica de la población nacional, y desde luego, de nuestra confianza.

Hay quienes creen todavía, a pesar de la realidad empírica que día a día nos golpea el rostro ciudadano, que todavía tenemos remedio y así pues, no falta la esperanza. Ésa qué cada seis años florece un día, pero sin fruto comestible al final del sexenio de que se trate. Nos devanamos en tratar de entender, de saber quién o quiénes son los culpables de nuestra desgracia. Por regla general culpamos a otros –en especial a determinados políticos- pero olvidamos nuestra parte de responsabilidad. Entonces, los “flacos”, en el fondo de sus corazones, envidian a los “gordos”, con la supina idea de que son exitosos, listos y vivaces por lograr evadir leyes y sobre todo, justicia. Y luego, esa situación penosa impulsa a determinados “flacos” a engordar igual y con las mismas fórmulas que los “gordos”. Lo que hace el problema, circular y vicioso. Explicando parcialmente por qué, por ejemplo, el Partido Acción Nacional (PAN), salió peor que lo que criticaban del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

¿Será qué los Partidos Políticos han perdido su finalidad de representar y participar por ciertos sectores –de acuerdo a su ideología- en la política, en la función pública?

No es descabellado afirmar, que efectivamente los institutos ciudadano-políticos, como constitucionalmente se define a los Partidos, han perdido esa calidad y capacidad de representación en la vida social. Para empezar no obedecen las reglas de la democracia, ni en teoría, ni en la praxis.

Ahora más que antes, los Partidos Políticos se mueven por interés económico, tanto cupular, de grupos y personales. El asunto social es sólo una pancarta electoral, o mejor dicho, electorera. La política hoy, más que ayer, es cosa de negocios jugosos. De ahí la ausencia forzada o voluntaria de verdaderos actores o líderes políticos. Quedan así, los líderes “huérfanos”.

Debemos estar conscientes de que el fin último de los Partidos Políticos, no es lanzar candidatos y menos aún, sin que sean conocidos en sus comunidades, distritos, municipios, entidades federativas y por supuesto, en el País. Salen por regular de una chistera y de inmediato, gracias a las argucias de la llamada “mercadotecnia política”, son exaltados como prohombres, sin mácula y con todas las competencias que se requieren y claro, el discurso irá encaminado en una tersa vía demagógica. Un caso aparte, es AMLO que tiene larga trayectoria en campaña, aún, ahora, desde sus “mañaneras”, aunque esa singularidad de poco a servido a la hora del ejercicio político.

De nuevo, la Carta Magna nos señala en forma enunciativa, cuál debe ser el propósito y fines de un Partido Político: a).- Promover la participación del Pueblo, en el sistema democrático; b).- integrar los órganos de representación popular; c).- Posibilitar –en realidad debe asegurar- la participación política de los ciudadanos, en relación de programas de acción e ideología propia de cada Partido; d).- Fijar reglas claras que aseguren la paridad de géneros en las candidaturas que propongan o establezcan. Todo esto dentro del marco del voto libre, secreto, universal y directo. Dentro del proceso legal electoral, hacia afuera y dentro de sus organizaciones. (2)

Cabe la inquisición, luego de las consideraciones anteriores: ¿Cuál debe ser entonces el perfil de un político, de un líder social?

Antes de contestar, debemos hacer una introspección necesaria y saber cada uno de nosotros qué es lo que queremos y qué hacemos para lograr nuestras metas; sincerarse consigo mismo no es muy fácil, pero es la pauta para poder perfilar a quien represente nuestros intereses, a quien haga realidad cualitativa y cuantitativamente nuestros deseos, nuestros anhelos, es decir, cómo queremos vivir el presente y cómo vamos a construir los cimientos del futuro. Sin olvidar, claro está, el pasado. Porque si alguien nos va a representar, debe ser igual a nosotros. Una persona ajena, será siempre ajena.

De modo que el perfil de un político que nos vaya a representar, en primera instancia deberá ser alguien de nuestro entorno social, que viva en nuestra comunidad, llámese Estado, Municipio, o Distrito; que sufra y viva cotidianamente como nosotros, de lo contrario difícilmente nos entenderá y menos, representará.

Es importante destacar el hecho de que los candidatos sin distinción de Partido Político, son seleccionados por lo regular desde un rasero cupular, generalmente ajeno al contexto y entorno electoral en donde se vaya a desahogar la elección. Ello genera un problema de fondo: Tales candidatos son desconocidos y a la vez no conocen a sus electores y su problemática. No hay un interés real y menos, sinergia. Además, ni siquiera sus correligionarios –las bases partidistas- intervienen realmente en la selección, por lo que al elector y los propios partidarios les queda sólo emitir su voto.

La imposición de candidatos ha permeado como un sistema de asegurar lealtades y compromisos de ciertos sectores, a últimas fechas las organizaciones empresariales le apuestan a ése sistema y tratan o imponen gente de su gremio para obtener así, parte del “pastel político”. Lo que sí bien es un derecho político, no asegura un resultado positivo para el grueso de la Sociedad Civil de que se trate.

La reacción ciudadana ha sido apostar –un tanto a ciegas- a los denominados “candidatos ciudadanos” que su sola calificación es engañosa, pues todo candidato debe tener la calidad legal de ciudadano, pero se disculpa como parte de una “definición coloquial”. La realidad es que se cree que tales candidatos no son de algún Partido Político y entonces se agrega el adjetivo de “Independientes”; cuando la denominación más precisa es candidatos sin Partido.

La realidad, como el tiempo, siempre hacen su labor y en el contexto político mexicano, hasta ahora los pocos candidatos sin partido que han logrado un escaño en la representación popular, con raras excepciones, han decepcionado a los electores. Entre otras razones es que no se pensó que éstos singulares “políticos”, que se precian de “no ser políticos”, lucharán si su postura es real, contra todo un sistema muy amañado que los deja correr para luego coparlos y por supuesto si no se alinean quedarán mal parados.

(2).- Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, artículo 41: “Fracción I. Los partidos políticos son entidades de interés público; la ley determinará las normas y requisitos para su registro legal, las formas específicas de su intervención en el proceso electoral y los derechos, obligaciones y prerrogativas que les corresponden. (Párrafo reformado DOF 10-02-2014).- Los partidos políticos tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de los órganos de representación política y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo, así como las reglas para garantizar la paridad entre los géneros, en candidaturas a legisladores federales y locales. Sólo los ciudadanos podrán formar partidos políticos y afiliarse libre e individualmente a ellos; por tanto, quedan prohibidas la intervención de organizaciones gremiales o con objeto social diferente en la creación de partidos y cualquier forma de afiliación corporativa.” (Párrafo reformado DOF 10-02-2014)

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