16 mayo, 2021

LA DECISIÓN, SE ACERCA…

G. Saúl García Cornejo.

La tarea de escribir, sobre todo cuando se dirige a otros, es un compromiso ineludible con: La certeza, la verdad, la claridad y, sobre todo, una intención constructiva o de menos, llevada a la reflexión sana.

No es del todo tersa, pues cualquier opinión, aun con fundamentos o buena intención, tiene reacciones contrarias. De eso se trata la libertad de expresión y manifestación de las ideas, hoy, de grado constitucional: Derecho Humano.

También, es necesario decir que, igualmente, a veces parece una tarea inútil, cuando no hay eco en los lectores. Será porque no resulta de su interés, o conveniencia o simplemente, es contraria a la percepción de quien la lee.

Entonces, pasa que el redactor pueda cambiar su estilo, mejorar sus fuentes, o de plano, retirarse del oficio. Y es cierto, no es lo mismo quien escribe de manera profesional, que quienes lo hacen como una simple reacción a ciertas circunstancias, o de plano, lo hacen por encargo.

Por todo ello y otras situaciones que no vienen al caso, resulta una tarea difícil, más, en tiempo en que la comunicación está más abierta, en que todo el que quiera hacerlo, simplemente, usa las redes sociales, por citar una herramienta asequible a quien sea, sin distinción alguna. Eso tiene su lado bueno: La democratización de la comunicación masiva. Por otra parte, al igual, su lado negativo: Al estar al alcance de cualquiera, puede ser invadida por quienes tienen fines inconfesables o avisos.

Y es donde entra, la actualidad: El proceso electoral. Vemos de manera cotidiana, incluso, como un “bombardeo” toda clase de mensajes “políticos”, que surgen por un interés común de quienes participan en la contienda política: Ganar la elección.

¿Tendrán cada cual, una estrategia para tal fin? Sí, es un hecho, pero la pregunta toral: ¿Esa mercadotecnia política, es profesional? La respuesta contundente: ¡No! Por una sencilla razón, su costo. Además de otras situaciones reales, como los siguientes: 1. No hay a la mano mercadologos, los que hay, están ya contratados; 2. Hay la mala costumbre de emplear herramientas, tales como la demagogia, el “maquillaje”, la exaltación de virtudes y fórmulas que prometen “rescatar” un municipio, un distrito, etc. Por lo tanto, si hay profesionales del mercadeo político, están maleados o de menos, obedecen no a las técnicas, sino al simple interés del cliente: sorprender, engañar, en fin, buscar por cualquier medio lograr el objetivo principal, sentarse en la curul o en la silla municipal.

Esto trae, desde luego, aparejada una misma problemática: No se atenderá el interés social, común de los electores en el marco geopolítico de que se trate. Un mal endémico, que hoy, reluce con candidatos de coyuntura, o de plano, ajenos y desconocidos en el medio y ámbito en que se están promoviendo. ¿Habrá excepciones? Tal vez de personas, pero que finalmente siguen un juego avieso: La simulación de que hay oportunidad democrática de elección electoral, sea de modo inconsciente, incluso.

Porque lo digo: 1.- Están los Partidos Políticos. Eso significa interés –incluso, diverso al candidato- pues lanzan candidatos que puedan atraer votos y ello no significa que vayan a ganar, sino que el Partido conserve o logre pasar el umbral del tres porciento para tener firme el registro como Partido. 2.- Se traduce, luego del conteo y cierre oficial de votos, que el Partido se haya mantenido con su registro y así, acceder a las prerrogativas (Muy altas, se quejan algunos sectores) o perderlas. Básicamente, pues están otras circunstancias de negociaciones bajo la mesa, para mantener u obtener algunas canonjías con quien quede en el Poder (Aquí, es obvio: AN), lo que explica el modus vivendi de ciertos líderes –de vieja o nueva escuela- que sobreviven mejor con lo que escurre, que con una prerrogativa legal.

¿Importa pues, el ciudadano, el bienestar común, o rescatar Celaya? La triste respuesta es negativa. Pero, dirán, estimados lectores: ¿Qué hay que hacer? En principio, estar conscientes de esa realidad política. Aquí van más de treinta años de esa situación consentida por nosotros, como electores. Los medios en su momento la bautizaron como “La concertacesión”. En seguida, tomar en serio una decisión al momento de votar. Saber que los desanimados que llaman “abstencionistas”, tienen gran culpa de esa situación, pues al no votar, permiten que queden a quienes repudian, pero ahora tiene la oportunidad de enmendar la plana.

Otra situación que cada día es más contundente: Las opciones son raquíticas o de plano, impresentables en el fondo, son de mera apariencia, hay malicia o candidez, lo que no ayuda. ¿Por quién votar?

Hay una vieja fórmula, que sin ser meramente abstencionista, tiene un objetivo: No permitir que logren ganar la elección, ningún candidato –si no hay en realidad una opción válida y eficaz- y es lograr por los ciudadanos que no se llegue al veinte por ciento de votos válidos totales, para que sea nula la elección. Entre otras, denunciar y acreditar anomalías que violen la ley comicial, como pasar los topes de gastos de campaña, (Hay criterio de TEPJF) que rebasen el 5% de tope, y haya sido determinante para el resultado de la elección; hacer mal uso de recursos propagandísticos (Despensas, dinero o bienes en especie, como ya se acusa –de nuevo- al Partido Acción Nacional, aquí), que en sí, es una violación al artículo 200 de nuestra Ley Comicial Local, y además, si logra la “victoria”, (Mucho ojo Partidos opositores, deben hacer sus denuncias y acreditar hechos, igual, cualquier ciudadano puede, y es obligación de los funcionarios del IEEG y el INE, fiscalizar a los Partidos y candidatos, dentro del proceso electoral); ya saben, por ejemplo, lo que le pasó a Félix de Guerrero, por no presentar y comprobar gastos de precampaña. ¿Aquí si han cumplido los candidatos? Habrá que preguntar al INE, de este distrito electoral. (Art. 70 Ley General de Partidos Políticos). Seguiré en próxima entrega.

¿Qué opinan, estimados lectores?

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