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Miguel Alonso Raya

El país que López Obrador describió en su informe para celebrar el tercer aniversario de su triunfo electoral, es de ficción. Sólo existe en su imaginación. Todos y cada uno de sus datos se estrellan de manera estrepitosa contra el infranqueable muro de la realidad. Sin la más mínima autocrítica, no hay manera de construir un gobierno eficaz.

Según el presidente, el país va bien en economía, seguridad, salud, educación, empleo; pero la cuestión es que todas las encuestas y los indicadores, lo desmienten. Es más, hasta en su propia encuesta, cuya metodología no se ha dado a conocer, las y los ciudadanos reprueban la actuación de su gobierno en seguridad y durante la pandemia; y en la percepción general, apenas y pasa de panzazo.

En el estudio, levantado por la Secretaría de Gobernación a la pregunta “¿usted considera que en este sexenio la violencia en el país es mayor o menor que en el pasado?” 47.8 por ciento consideró que es mayor; 21.3 por ciento que igual; 28.4 por ciento que es menor.

Respecto a la pregunta de cómo enfrentó el gobierno federal la contingencia generada por la Covid-19; el 40.8 por ciento consideró que fue buena; 34 por ciento dijo que regular; y 23.2 por ciento dijo que mala.

Y a pesar de que la encuesta tiene visos de haber sido, si no cuchareada, al menos, sí inducida, López Obrador obtiene en promedio una calificación de 6.7, que resulta muy baja considerando que apenas ha transcurrido la mitad de su sexenio.

La muestra fue de mil 525 opiniones y de acuerdo a su nivel socioeconómico, 3 por ciento dijo que era de clase alta; 28.8 por ciento de clase media y 74.2 por ciento de clase baja. Es decir, la encuesta fue dirigida en su mayor parte al grupo de población que ha resultado beneficiado con los programas sociales del gobierno.

Y la calificación reprobatoria de las y los ciudadanos no es para menos. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la economía del país sufrió durante el año pasado su mayor contracción en décadas, de 8.5% a tasa anual, provocado principalmente por el desplome en la industria del país ante los cierres forzados por la pandemia de Covid-19.

El mismo Inegi precisó que la inflación anual en mayo de 2021 fue de 5.89 por ciento, lo que, por tercer mes consecutivo, superó el objetivo del Banco de México, que es de tres por ciento con un intervalo de un punto porcentual arriba o abajo.

Y contrario a la afirmación de López Obrador de que no ha habido incremento de precios, el alza inflacionaria provocó el aumento de costos de productos tales como jitomate, tortilla de maíz, pollo, loncherías, taquerías, carne de cerdo, de res y vivienda propia, entre otros.

Por otra parte, el propio Instituto informó que la tasa de desempleo cerró en 4.4 % en el primer trimestre de 2021, un aumento de un punto frente a la de 3.4 % del mismo lapso de 2020, antes del impacto de la pandemia.

Un dato que confirma este ascenso es el constante incremento de los retiros por desempleo que han realizado los trabajadores de sus Afores. Según la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), de enero a mayo de 2021; 768,413 trabajadores han realizado retiros parciales por desempleo de su administradora de fondo para el retiro para sumar un monto total acumulado de 8,617 millones de pesos.

Para decirlo con el dramatismo y las propias palabras de Abraham Vela Dib, titular de la Consar, “el total de trabajadores que han usado esta herramienta de retiro parcial por desempleo es igual a llenar el Estadio Azteca 8.6 veces.” (Economista, 16/06/2021)

Podría seguir citando cifras, pero es sabido que López Obrador tiene sus propios datos, producto de su mundo imaginario en donde se impone su única verdad, mientras que el país camina hacía el precipicio.

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