24 noviembre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

La importancia de la puntuación

3 minutos de lectura

Enrique R. Soriano Valencia

Hace 40 años, Excélsior publicó un artículo firmado por Díaz de la Garza que hoy presento. En aquel entonces, tan sólo representaba un texto interesante para mí. Hoy valoro la gran aportación que me dejó para ser más cuidadoso con la puntuación. El pausado en la forma de hablar, debe ser interpretado con signos cuando se escribe. Distinguir la pausa para reflejar punto y seguido o coma o punto y coma, incluso dos puntos, es fundamental. Dejar de valora como la puntuación debe reflejar la fidelidad del sentido al hablar, puede dar lugar a ideas erróneas. Estoy seguro que también usted lo disfrutará el texto que hoy rescato después de tantos años de conocerlo.

«Muchas personas, cuando escriben, se olvidan de los signos de puntuación. Esto puede dar lugar a graves errores, a veces de dramáticas consecuencias. […] Hoy trataremos el caso con ligereza, recordando una anécdota que nuestros padres contaban hace… infinidad de tiempo.

»Pues, ocurrió que tres hermanas se enamoraron de un joven apuesto y distinguido. Para acabar con los problemas suscitados por esto, la madre –una viuda, cuidadosa de la felicidad de sus hijas– le pidió al muchacho que dijera cuál era su preferida. Así las otras dos hermanas recobrarían la paz del ánimo y volvería la tranquilidad a la familia.

»[En su respuesta] El muchacho no puso los signos de puntuación, lo que provocó más desconcierto: “Tres niñas que bellas son me han exigido las tres que diga de ellas cuál es la que ama mi corazón si obedecer es razón diré que amo a Soledad no a Pura cuya bondad ninguna otra persona tiene no inspira mi amor Irene que no es tanta su belleza”.

»La primera de las hermanas [Soledad] reclamó para sí el amor del muchacho. Soy yo la favorecida, pues la carta debe puntuarse así: “Tres niñas, que bellas son, me han exigido las tres que diga de ellas cuál es la que ama mi corazón. Si obedecer es razón, diré que amo a Soledad; no a Pura, cuya bondad ninguna otra persona tiene. No inspira mi amor Irene, que no es tanta su belleza”.

»Te equivocas hermana –reclamó Pura–. La puntuación de la segunda parte es así: “Si obedecer es razón, diré que amo (a Soledad, no) a Pura, cuya bondad ninguna otra persona tiene. No inspira mi amor Irene, que no es tanta su belleza”.

»¡Qué pésima puntuación! ­–reclamó la menor, Irene–. La correcta lectura es así: “Si obedecer es razón, diré que amo… a Soledad, no; a Pura, cuya bondad ninguna otra persona tiene… no. Inspira mi amor Irene, que no es tanta su belleza”.

»Y con estas interpretaciones aumentaron los problemas en el seno familiar. La madre de las jóvenes mandó, entonces, llamar al muchacho para que leyera debidamente la misiva, lo que hizo de esta forma: “Si obedecer es razón ¿diré que amo a Soledad?, ¡no!; ¿a Pura, cuya bondad ninguna otra persona tiene?, ¡no! ¿Inspira mi amor Irene?, ¿qué?, ¡no es tanta su belleza!”

»Dicho lo cual, se enfiló hacia la mujer que había conquistado el corazón del muchacho… ¡la mamá!»

Como notará, amigo lector, no es suficiente con enunciar algo. El mismo texto (sin modificar el orden de las palabras, omitir alguna o añadir otra) cambia su sentido con puntuación diferente. Moraleja o aprenden a escribir bien o de plano no presenten al novio en casa, antes de tenerlo amarrado.

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