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Velia María Hontoria Álvarez

En buena medida el éxito del crecimiento y el desarrollo entre los países, los continentes, se los debemos a las comunicaciones; la labor periodística ha sido fuente y recurso para que millones de personas se acerquen en las distancias, homologuen criterios, los expandan, se desarrollen o simplemente se informen.

Hace unos días con mucho orgullo, escribo que el grupo am fue reconocido a nivel internacional, por la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticas (WAN-IFRA) por el Gran reportaje: “Guanajuato, tierra de desaparecidos ¿dónde están?

“Este tipo de investigaciones, que se resumen en estos grandes reportajes suelen ser puntas de lanzas, para que los avisperos se agiten y desde ahí profundas soluciones se reporten a nuestra sociedad; suelen ser trabajos que llevan por lo menos un par de años de investigación donde se recaban datos, estadísticas y sobretodo testimonios; que en muchas ocasiones, ponen en riesgo la vida de quienes desarrollan el proyecto y por otra parte suelen ser excelentes herramientas en líneas de investigación. La vida de un buen periodista, está llena de riesgos, es el continuo saltar de azotea a acera, nadando entre los subterráneos e inconscientes para permitir que salgan a la luz para darles conciencia a una sociedad, que muchas veces es enmudecida o que es ignorante de alguna importante problemática.

Los periodistas son curiosos, pareciera metiches y entrometidos más gracias a esa sensibilidad y agudeza, nosotros -los lectores- podemos ver más allá de lo que se nos muestra, en esta cotidianidad que pareciera plana y sin chiste. Importante también es reconocer, que no todo lo que se imprime es copia fiel de la verdad, algunos escriben cosas negativas, mentiras, calumnias, pues ellos creen que es lo que vende; más la experiencia dicta que las malas noticias, la mentira nunca vende, y si lo hace, dicta la historia, algún día ellos mismos se cocerán en la hoguera que alentaron.

Una vez más, en nuestro México, muchos periodistas están en riesgo, sus vidas peligran, pues varios se acomodan a un patio de sillas con torta de tamal y café en unicel; por eso estas letras, buscan homenajear y proteger en lo que valga, a todos esos quienes como lo dijera el gran José Martí: detrás de un buen periódico, hay una mano enguantada que lo escribe y unos labios sin mancha que lo dictan. Haciendo referencia a la obra que debe regir a un buen periódico, donde las rencillas, el desprecio o las ganas del poder de la pluma, no pueden prevalecer sobre el genuino interés de informar e investigar, bajo la premisa de que quien lo lea, pueda reflexionar para encontrar las buenas soluciones, para fomentar una mejor sociedad. Un periódico no puede ser un encubridor de noticias, ni puede obviar hechos debe ser fiel a la supremacía de los hechos evitando en lo posible la interpretación tendenciosa, que juzga y señala sin fundamento.

Estas letras se dirigen con el sentimiento, desde el valor, para quienes, con seriedad y respeto, cuidamos en lo posible –reconociendo que no somos infalibles, yo la primera- para que cada letra impresa sea entregada, a ustedes queridos lectores, con responsabilidad, en conocimiento a la verdad, desde la interpretación que busca crecer y avanzar, nunca destruir ni denostar; recordándolas, a todos aquellos que tenemos la gran oportunidad y bendición de escribir, que es la reputación y el prestigio por dar de sí lo mejor lo que ayuda y enaltece a esta profesión.¡Enhorabuena compañeros¡

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