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E. Primatesta.


“Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia. Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar, ten misericordia de mí, y oye mi oración:” (Salmo 4:1)
Queridísimos hermanos, ojalá tengan en la memoria a sus difuntos, no sólo el “día de los muertos”, si no siempre -y claro, no se trata de una película de zombis-.


Y el tema trae aparejado “el colonialismo”, puesto de moda, aunque hace ya más de 500 años, que lo hemos afrontado, en “resistencia, tolerancia”, incluso de manera inconsciente, lo que se traduce en que algunos, ni lo piensan o les vale un cacahuate.
Sí, ya lo pensaron, el famoso y exótico halloween, coloquialmente, también, “día de las brujas”. Pero, del mismo modo sabemos, que hay una “simbiosis” en la polaka: PRI, PAN y PRD. Del primero y el último, no podría ser tan extraño, pues éste es “hijo” de aquél, pero el segundo, vaya todavía hay quienes no lo asimilan o entienden.
Basta recordar a su excelencia Salinas, para saber que con él, surgió esa alianza del PRI y del PAN. Algunos creyeron que se trataba de aniquilar al tricolor, pero la verdad, la estrategia fue fortalecerlos, al tiempo que se repartían el pastel, llamado México. Y para muestra un “botón”: Guanajuato y la concertacesión, misma que sufrimos desde 1991.
Por esa razón, el mentado Fox y su camarilla, no causó ninguna molestia o desazón en la cúpula priista. Sabían que en un futuro cercano, volverían, simulando una “democrática alternancia”.
Y, ¿Ahora, es o será diferente? Por un lado, al menos en público, hay una resistencia con los de “Va por México” o mejor dicho, los “ahijados” de la familia de Claudio X. González –más “X”, que González-, la razón verdadera, es sin duda que ven en riesgo su “modelo de negocios”, no tanto porque el monagrillo Andresito, sea “socialista” o algo parecido –con eso, de la tendencia mexica a las simbiosis-, sino que parece chivo desbocado en cristalería y tal condición, pone los cabellos de punta, al más pintado, si es que, no es calvito, como el Don Salinas, porque a ése no hay huracán que lo despeine.
El “Tlatoani” de Palacio Nacional, vaya, tiene otros datos y por tanto, otra manera de arriar a sus huestes y de hacer “otros planes”, en donde la regla de oro, es que no hay plan. Hay quien asegura que lo seguro es, que quiere asegurar su futuro y el de varias generaciones de sus descendientes –tanto López, como Gutiérrez, por más que esos tengan otra “línea”-.
En todas esas especulaciones, salpicadas con algo de la realidad, no se considera al Popolo, ni al ciudadano. Éstos, aguantan vara. Pero la preocupación de las élites económicas y metidas a la polaka, por meros negocios, sí les preocupa que Andresito, nos deje en situación defoliada, que en cristiano, significa, más pobres y, eso, también pone nerviosos a los dueños del capital, por una obvia razón: Crecerá la delincuencia, no tanto, la organizada, sino aquella que se nutre del descontento y la desesperación popular, que no se requiere explicar.
Así, que el panorama para los hermanitos siameses (PRI y PAN), con algunos aliados de última hora, tendrán que echar toda la carne al asador y, por supuesto, “restablecer” el disque reparto social de la riqueza nacional. Lo que también, es otro garlito, pero al menos, la gente trae en la bolsa, para irla pasando. Lo que no debe significar ningún consuelo. Los ciudadanos deben, en realidad, marcar el paso, aunque deben aprender. Así la cosa parece estar en una especie de pantano, pero que no acaba de tragarnos.
Mientras aquí, en nuestra apaleada y todavía no rescatada ciudad, el gober Diego, ya le dio chamba a doña Elvira. ¿Cómo la iba a dejar morir sola? Por lo que de nuevo, va la pregunta al Edil Mayor y sus achichincles, perdón, sus Regidores: ¿A poco le van a pagar la seguridad privada a la exalcaldesa? Ya tiene trabajo y con ello, con que pagar, o ¿Permitirán que siga sangrando a distancia, al Erario Municipal? A menos que ya hayan decidido rescatarnos de esa carga, por lo que entonces, pido me disculpen.
Oremos con mayor Fe. Todavía estamos en este camino de abrojos y por tanto, podemos dar un jalón de cobija, para mitigar la escases y el pauperismo político.

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