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E. Primatesta.                                                                                                                                                                                                 

“…Como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno…” (Judas 1:7)

A sabiendas, queridísimos hermanos, que el tema de la ahora llamada con eufemismo, como “diversidad” sexual y además, consciente de que es un tema “tabú” en el medio del que provengo, y para muchos católicos de buena cepa; no se puede ocultar que cada día, sale más a la luz del sol. Y que quienes están sumergidos en tal situación, intentan, hasta con desesperación, ser entendidos y más, aceptados por una sociedad que va, sí, en declive.

Desde luego, también enterado de las posturas novedosas de nuestro máximo representante en este valle de lágrimas, sobre la tolerancia y de que en verdad, aún con sus dislates, todos esos diversos son hijos del Creador, lo acepten o no.

En este domingo pasado, se ha “decretado” por las huestes de crecimiento alarmante o de menos, exponencial, como día del “orgullo gay” o incluso, de todas las nuevas o viejas tendencias.

Así pues, si se toma el tema de la diversidad sexual o más puntual, de preferencias; salta de inmediato, en estos tiempos, la tolerancia. Para quienes están acordes en que se trata de un asunto de Derechos Humanos, sobre todo, desde la óptica de los llamados colectivos, porque al igual –hay que puntualizar, que quienes están en desacuerdo, al igual, están en su derecho-. Por supuesto, que tales posturas devienen en controversias, incluso, en ataques violentos. Sin duda, es un asunto espinoso, por más que sus apologistas lo vean como un hecho normal.

Los tiempos modernos, no sólo plantean, sino exigen, la tolerancia como factor de equilibrio, aunque es obvio el hecho de posiciones recalcitrantes de ambos lados, unos por exigir respeto a su preferencia, otros, por considerar inadmisible o hasta antinatural. En una democracia, ambos lados tienen el derecho de oponerse, de réplica, de propuesta, sin embargo, sería cuestión de números, de porcentajes por relativos que resulten, en particular a la hora de hacer las leyes pertinentes, ya en favor, o en contra. Nunca habrá la concordancia total.

El tópico resulta de, qué en este mes se celebra la diversidad, por supuesto con impulso de los llamados “colectivos LGTB”, aunque hay otras variantes que no se sienten representados. (LGTBI, LGTBIQ, LGTTTIQ, LGTBIQ+, etc.), cuya bandera tiene 6 colores (Rosa: Sexualidad; Rojo: Vida; Naranja: Salud; Amarillo: Sol; Verde: Naturaleza; Turquesa: Magia, Arte; y Añil/Azul: Serenidad).

Dichos colectivos, se identifican con una o más categorías: lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, transgénero, o hasta los que aún no se definen por algún grupo o categoría.

El punto de más polémica y preocupación, resulta resolver quien tiene razón, la mayoría o la minoría. Entre tanto, ya se realizó un desfile o marcha más (van más de 40 años, desde la primera), que por cierto, también es motivo de polémica entre los colectivos. Uno de los problemas, es sin duda, la pandemia que no acaba.

Pero, el asunto, que resulta preocupante para algunos sectores, entre esos, los católicos, es hasta dónde llegará esa ola, en donde surgen posturas que intentan posicionar a personas menores de edad, que dicen, se les restringe su derecho a escoger su sexualidad, cuando es obvio que todavía están, al menos en un proceso de definición, incluso, biológica, sin menoscabo de su género. Todo sea, por llevar “agua a su molino”.

Así están las cosas. Esa es una realidad. Y entonces, hay políticos que aprovechan la confusión y la esperanza en respaldar ser reconocidos y aceptados como una normalidad, tales colectivos y así, aunque sea de “dientes afuera”, los avalan. Para éstos grupos, significa un milímetro, un gran avance y lo pregonan como todo un éxito. La sociedad contemporánea, ve de lejos, un tanto indiferente, mientras no les suceda en su entorno familiar; ve hasta como desfilan, unos de plano disfrazados  de manera ridícula o llamativa, y tal vez es así, para llamar la atención, aunque se arriesgan al escarnio.

Parecen los tiempos señalados en el epígrafe, pero esos colectivos, han perdido en temor, la reserva, como se dice coloquialmente: “Han salido del closet”, sin que les importe otra cosa o afectación. Se espera que encuentren su camino, sí, pues efectivamente, tienen derecho, más sería pertinente que recurran a otras fórmulas “políticas”, para ser oídos, no el simple recurso de llamar la atención mediante la burla o el escarnio hacia sí mismos y, también, hacia los demás.

Fratelos, elevemos nuestras oraciones para que esas hermanas y hermanos, encuentren su camino y paz. El Creador, los guarde

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