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Jeremías Ramírez

No, no me gustan las historias de vampiros, pero he leído algunas novelas como Drácula de Bram Stocker que me gustó muchísimo. Y hay algunas películas que, a pesar de mi aversión, he visto y me han gustado tanto al grado de tener algunas en mi acervo personal, como el Nosferatu (1922) de Murnau y Nosferatu (1979) de Werner Herzog. Y quedé fascinado con la película de dibujos animados Vampiros en la Habana (1983), una película realmente encantadora, divertida, jocosa, con ese toque caribeño propio del cine cubano.

Esta película, realizada por Juan Padrón, la vi gracias a que hace años vinieron a Celaya dos cubanos para impartir una serie de conferencias y un curso de apreciación de cine y traían en VHS una copia de esta película y me la pirateé. Ups. Me gustó porque la película narra de manera muy divertida la historia de Werner Amadeus Von Drácula, un vampiro refugiado en Cuba, que busca una fórmula para que no les afecte el sol. La fórmula falla y su padre muere (es decir, mata al mismísimo conde Drácula). Expatriado se refugia en Cuba en compañía de su sobrino, Joseph Amadeus Von Drácula, mejor conocido como Pepito, quien se convierte en el conejillo de indias del científico. La fórmula tiene éxito y Pepito vive como cualquier persona, disfrutando del sol. El éxito de la fórmula desata la lucha entre dos bandas de vampiros, la de Chicago y la de Alemania[1].

            Todo esto viene a cuento porque recientemente leí La sanguijuela de mi niña (1995), una novela de vampiros de Christopher Moore, un escritor estadounidense, nacido en Ohio, quien ha escrito unas 12 novelas calificadas como “ficción absurda”.

            Compré La sanguijuela de mi niña porque la contraportada prometía un “hilarante relato”, que rompería con los moldes harto sobados de las historias de estos chupasangre, pero cuando la leí, ¡oh decepción!, no encontré tal hilaridad, salvo en leves destellos pero que más bien parecen bromas fallidas. El libro tiene a su favor que se lee con facilidad, aunque molestan los lugares comunes de la traducción al español de España, pero su trama ágil y atractiva la hacen apta para una película, aunque quizá funcionaría mejor para una serie de televisión. No entiendo cómo ha pasado desapercibida para los productores de HBO o Netflix, a pesar de que, como dice su autor, los derechos de todas sus novelas han sido comprados para adaptarse al cine, sin que hasta el momento alguna de ellas haya sido llevada a la pantalla. Se supone que Un trabajo muy sucio estaba en proceso de adaptación para televisión, pero no hay información al respecto.

            La historia de La sanguijuela de mi niña esta ubicada en San Francisco en la que Jody, una pelirroja, una noche, al salir del trabajo, es mordida por un solitario y viejo vampiro afectado por la soledad que busca una compañera. Jody parece ser la mejor candidata por en su nueva condición de vampira pasa las pruebas y demuestra ser apta, pero tendrá que arreglárselas para sobrevivir con su intolerancia al sol, una dieta exclusiva de sangre (los alimentos normales le dan asco), una fortaleza física extraordinaria que debe aprender a manejar, entre otras novedades. A pesar de sus virtudes necesitará ayuda porque de día es totalmente vulnerable e incapaz hasta para estar despierta, aunque el lugar donde trate de descansar esté en penumbra total. Por esta razón, Jody necesita que una persona normal la ayude a conseguir lo más elemental: hacer las compras, adquirir una casa, sacar su auto del corralón y todas las tareas que sólo se pueden hacer de día.

Para su fortuna consigue que un recién llegado a San Francisco, C. Thomas Flood, que aspira a ser un escritor. Tommy será entonces su amante, su criado, su escudero, su protector, y quien tratará de librarla de viejo vampiro que la acosa buscando que acepte ser su pareja so pena de destruirla y de destruir a Tommy.

            La novela, más que de horror, es una historia de amor, de nostalgia, de vacío, de soledad, en un marco harto trillado de las historias de vampiros a pesar de sus intentonas de innovación, como la regeneración de la carne, la vulnerabilidad, la capacidad de transformarse en humo, y la subtrama policiaca.

            Definitivamente la novela se queda muy lejos de Drácula de Bram Stocker y de Entrevista con el vampiro (1976), de Anne Rice. Y quizá esta novela no ha sido adaptada al cine porque sus más cercanas contrincantes son mejores:  Carmilla, de J. Sheridan Le Fanu (1872), Déjame entrar, de John Ajvide Lindqvist (2004), El Misterio de Salem’s Lot, de Stephen King (1975), Crepúsculo, de Stephanie Meyer (2005), La Historiadora, de Elizabeth Kostova (2005), El Sueño del Fevre, de George R.R. Martin (1982), El alma del vampiro, de Poppy Z. Brite (1992), 30 días de noche, de Steve Niles y Ben Templesmith (2002).

            Y si llega al cine, deberá de competir contra obras maestras como Nosferatu, de Herzog, Drácula (1992) de Coppola, Entrevista con el vampiro (1994) de Neil Jordan, entre las mejores.

            Y creo que será difícil que iguale a la mejor película contemporánea de vampiros: Déjame entrar (Suecia, 2008), de Tomas Alfredson, en la que Oskar, un chico de 12 años, que sufre continuamente el acoso de algunos compañeros de su clase, desea ardientemente tener un amigo. Su deseo se cumple cuando conoce a Eli, una niña de su misma edad que acaba de mudarse a la casa de al lado. Pero Eli es una niña misteriosa: seria, muy pálida, que sólo sale por las noches y, aparentemente, no le afectan las bajas temperaturas. De pronto, se dan varias desapariciones y asesinatos inexplicables que coinciden con la llegada de la chica.

            No he leído aún la novela, pero la película es muy buena, tan buena que Hollywood acaba de hacer un remake (léase, una calca).

Jordi Revert, de La butaca.net, nos dice de esta película sueca sobresale porque: “Empezando por ese antológico final bajo el agua y terminando por los planos detalle que reivindican significados diferentes de los leonianos, la planificación con la que Anderson ilustra la novela de John Ajvide Lindqvist raya en la perfección. Tanto en el asentamiento de la opresión social en la que se inscribe, como en la perfecta delimitación de una economía visual, en la que cada plano, cada movimiento de cámara, tienen su razón de ser y disfruta la máxima eficacia”.

            Esta película se estrenó en México en febrero del 2009, calificada en la prensa nacional como “anti crepúsculo”. Y fue distribuida por Canana Films. Usted puede ver esta película completa en: https://www.youtube.com/watch?v=vVl-D_0hJUY.


[1] En la Filmoteca de la UNAM (http://www.filmoteca.unam.mx/videoclub.php) se puede conseguir la secuela: Más vampiros en la Habana (2003).

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