30 noviembre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

La Violencia y el Cristal…

4 minutos de lectura

G. Saúl García Cornejo.

Mis estimados lectores, es chocante para mí tratar temas de los efectos de otra especie de Pandemia: La inseguridad y sus vertientes. Ello en razón de que, por una parte es irracional desde cualquier óptica, la violencia que hoy raya en el terrorismo y, por otra es inaudito que las instituciones que deben velar por nuestra seguridad, no estén precisamente en acciones al menos congruentes, ya no digamos 100% eficaces, pues como ya he dicho antes, todo es relativo y no hay perfección, al igual sucede con la “ceguera o cerrazón” oficial dese lo más alto hasta lo que pisa tierra y está a la vista.

Luego, se puede inferir que la violencia y sus efectos –que no las causas o fuentes- se miran a través de distintos cristales. Si tomamos como ejemplo la información estadística –que inusitadamente dice el secretario Durazo no se la proporciona el gobierno estatal de Guanajuato, cuando basta entrar a la página web oficial- podemos constatar que de enero al mes de abril de 2020, se informa que los “delitos de alto impacto”: Secuestro, homicidio culposo, extorsión, desaparición forzada, tráfico de personas, la mal llamada “trata de blancas”, pederastia, terrorismo, feminicidio, violación sexual, etc., es a nivel nacional el lugar 13 nuestra Entidad. Dentro de nuestro territorio local, Celaya es primer lugar en tales delitos de “alto impacto” y dolosos, destacando el secuestro, robo a negocios, robo de vehículos; en la extorsión estamos en cuarto sitio, feminicidio en sexto, robo a transeúnte en séptimo, robo casa habitación en sexto lugar, etc. Considerando estas cifras como relativas dado que son tomadas por cada cien mil habitantes y que hayan sido denunciadas, sin que afecte la indagatoria si fueron resueltas y en este punto se habla de un diez porciento, así que saquen sus cuentas más o menos reales.

Resulta curioso que la visión común sea la sola medición de las incidencias delictivas oficiales, aún para organizaciones civiles o no gubernamentales, que se basan además en las estadísticas cuando dicha fuente no es cercana a la realidad, pues nada más consideran lo denunciado.

¿Cuántos delitos cometidos no son denunciados por las víctimas o sus familiares? Hay desconfianza manifiesta en la persecución y procuración de Justicia, por diversas causas, entre ellas la deslealtad de los policías no sólo a su corporación, sino a quienes deben servir, la sociedad civil en general y ciertos grupos vulnerables en particular.

¿Qué pasa con otros delitos de “alto impacto” como a últimas fechas sufren los comerciantes o prestadores de servicios? Ni modo que el uso creciente e impune de explosivos y armas de grueso calibre no sean de impacto en quienes la sufren y al igual para los vecinos o transeúntes. ¿De dónde las adquieren los delincuentes? ¿Cómo es que parece fácil que usen tales tipos de armas de alta peligrosidad? Todo ello es indicativo de que la autoridad duerme en sus laureles azules o guindas. Aunque las causas inundan el imaginario social y no es necesario puntualizarlas aquí.

Algo sirven las estadísticas: para un mapeo provisional. Por ejemplo, tenemos en Celaya que ciertos delitos son constantes: algunos de “alto impacto” y entonces ¿Cuál es o debe ser la estrategia y la táctica policial, de prevención, contención y operación? No se ve ninguna disminución sustancial, no hay una correcta investigación y/o consignación, los jueces se ven obligados por el derecho a desestimar acusaciones y dejan libres a los delincuentes por fallas técnico-jurídicas, la policía no es oportuna, no parece saber en estricto sentido como llevar un operativo, están mal pagados, carecen de vínculo social o ciudadano, etc., luego, no hay credibilidad.

Y lo más relevante: ¡No se analiza el fenómeno de la violencia en sí misma! Nada más prevalece la óptica del sistema, que es fallido: Los datos oficiales y la incidencia delictiva. La participación ciudadana es pobre o no considerada, o le falta trabajo académico-científico, es empírica en el mejor escenario y surge de la victimización como una respuesta, como un reclamo, por lo tanto, incompleta.

Por supuesto, es un problema complejo. Sin embargo, necesita la participación ciudadana, que por un lado la propia autoridad quiere manejar y controlar desde su ámbito con la formación de Concejos Ciudadanos, que por cierto, si trabajan, lo hacen a oscuras, de manera improvisada y también con suma ignorancia de cómo analizar, proponer y participar con resultados realistas. No basta la buena voluntad, se requiere de preparación formal, de estrategias, de colaboración, etc., porque el objetivo debe ser implementar políticas públicas congruentes, concernientes a la solución: cómo, cuándo, con qué, por qué y para qué, como ejes lógicos y eficaces mínimos.

A últimas fechas crecen las fricciones un tanto lógicas entre la Federación con el Estado o los Municipios de Guanajuato, por ser de colores políticos distintos (azulalbo y guinda), pero el problema de “castigar a los conservadores” –como nos considera AMLO, en una óptica de Perogrullo- es que ya hay muchos daños sufridos y vidas perdidas. ¡Es un costo que no debemos pagar los guanajuatenses! Conservadores o no, todos somos mexicanos y el Presidente no debe sesgar, ni hacer distingos que nos discriminan.

¿Qué opinan estimados lectores?

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