3 diciembre, 2020

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Las tres etapas de la vida: Paul Verlaine

6 minutos de lectura


Jeremías Ramírez

Paul Verlaine fue un poeta francés del siglo XIX cuya importancia influyó en muchos poetas y por ello es mencionado por diversos escritores, entre ellos, Jorge Luis Borges, quien reconoce en él a un gran escritor.

            Muchos lectores van descubriendo autores importantes y se acercan a sus obras porque son mencionados en reseñas literarias o en comentarios de escritores famosos y de esa forma se van haciendo conocidos, de modo que cuando vamos a una librería son fácilmente percibidos y es uno de los caminos como vamos seleccionando los libros que compramos.

El libro de Verlaine que, contenía tres poemarios: Fiestas galantesRomanzas sin palabras y Sensatez, lo encontré en un bazar que vendía regalos y chucherías y que extrañamente tenía algunos libros usados a la venta. Parece que el dueño de la tienda sólo buscaba deshacerse de objetos indeseables.

El libro estaba sumamente maltratado, pero el nombre me era conocido y lo compré con la idea de acercarme a la obra de este autor. Pagué por él 10 pesos. Cuando llegué a mi casa lo guardé y por varios años ahí se quedó sin que se me antojara leerlo. No tenía motivo alguno, ni había leído nada de él que me llevara a tratar de profundizar en su trabajo.

            Hace unos días, cuando estaba buscando otro libro, lo vi, lo saqué de su lugar porque noté que estaba aún más deteriorado. Me dije: un poco de resistol y algunos parches de cinta mágica evitarán que se siga deteriorando. Cuando terminé de repararlo leí el prólogo por curiosidad.

            Estos tres poemarios (dentro de la extensa obra de Verlaine que consta de 26 libros de poemas y diez de prosa) fueron seleccionador por el editor porque marcaban tres etapas en la vida del poeta. Luis Guarner, su prologuista, afirma: “Puede decirse que la estética y la ética del poeta se condensan en la trilogía de estos tres libros singulares, que tanta repercusión habían de tener en toda la moderna poesía universal”.

            En el primer poemario, Fiestas galantes (1869), lo escribió cuando tenía 25 años, y en él “encontramos los temas, al parecer, frívolos, de una corte galante y preciosista”, dice Guarner, pues expresan su vida desenfrenada, cuando sólo le interesaba la obtención del placer. De ahí que haya utilizado las figuras de la Comedia del Arte: Arlequín, Colombina, Polichinela… como personajes de su expresión poética.

            En el segundo poemario, Romanzas sin palabras (1874), lo escribió cuando tenía 30 años y se advierte que la frivolidad ha dado paso a la contemplación, pues, afirma Gurner, “encierra los poemas más aéreos y sutiles… a modo de una maravillosa sinfonía en que los ritmos y las cadencias hacen vivo el milagro de una poesía que parece que no ha necesitado palabras para expresar aún en sus más recónditos sentimiento”.

            Finalmente, Sensatez (1891), lo escribió cuando tenía 47 años, a cinco años antes de su muerte. Guarner afirma que este libro “marca no sólo en la estética del poeta sino en su misma vida el paso hacia otra etapa poética y vital…” donde, «el alma pura y palpitante del poeta está en estos versos sinceros, que son el eco del más profundo gemido del alma humana moderna, angustiada por todas las dudas y mordida por todos los pecados». Y agrega, aquí “…nos entrega el alma entera, desnuda y viva, ingenua y complicada a la vez, con vibraciones de nervios humanos, para mostrarnos todos sus ardores, todos sus pecados, todos sus remordimientos, todos sus temores de la vida, pero también todas sus esperanzas de salvación…” en busca de la Verdad suprema.

            En el prefacio de Sensatez el mismo Verlaine nos dice: «El autor de este libro no siempre ha pensado como ahora piensa. Mucho tiempo anduvo errante en la corrupción contemporánea, con su parte de ignorancia y de culpa. Penas muy merecidas le advirtieron luego, y Dios le ha hecho la gracia de comprender la advertencia. Prosternado ante el altar, tanto tiempo olvidado, adora la Suma Bondad…»

            Después de haber leído el prólogo y el prefacio ya no tuve el deseo de guardar el libro, sino que de inmediato me sumergí en su lectura. A medida que avanzaba se despertó en mí el interés de conocer más la vida del poeta.

            Descubrí que Paul Verlaine había tenido, de joven, una vida tremendamente desordenada. Nació en Metz el 30 de marzo de 1844 y murió en París, 8 de enero de 1896). En París trabajó brevemente como agente de seguros antes de dar inicio a la carrera de Derecho, que abandonó para vivir en la bohemia y compartir ansias literarias con poetas parnasianos como Leconte de Lisle y Louis Xavier de Ricard.

            En el año 1870 se casó con Matilde Mauté de Fleurville, con quien tuvo un hijo, pero se separó de ella cuando se enamoró del poeta Arthur Rimbaud, quien tenía en ese entonces 18 años y Verlaine, 28. Ambos se fugaron en 1872 a Londres, donde vivieron una apasionada, pero tormentosa historia de amor, con continuos encuentros y desencuentros. Esa relación, su vida bohemia, su afición a la absenta (bebida altamente alcohólica popular entre los artistas de esa época) y su desequilibrio nervioso, mermaron su salud.

            La relación con Rimbaud era tan conflictiva que, en 1873, en Bruselas, Verlaine lo agredió a balazos y le hirió una mano. Por este hecho fue condenado a dos años de prisión.

En reclusión escribió Romanzas Sin Palabras (1874).

Tras una última riña con Rimbaud en Stuttgart, regresó a Inglaterra en 1875, donde se dedicó a la enseñanza hasta que regresó a Francia en 1877. Después de una recaída en el alcoholismo, volvió a Inglaterra con su alumno favorito, Lucien Létinois.

Parecía que entraba en una etapa de serenidad, pero su pasado le mordía los talones. En 1883, tras la muerte de Létinois, recayó y llevó una vida escandalosa. De este período data la publicación de Los poetas malditos (1884), en que dio a conocer a Rimbaud, Tristan Corbière y Stéphane Mallarmé. Tras una nueva estancia en la cárcel por haber intentado estrangular a su madre hallándose bajo los efectos del alcohol, pasó a residir definitivamente en París (1885), donde fue a menudo hospitalizado.

Aparte de obras en prosa, como Mis hospitales (1892), destacan en esta última etapa de su vida obras poéticas de tema religioso: Amor, 1888; Liturgias íntimas, 1892.

En sus últimos años gozó de gran prestigio literario (dio conferencias en Bélgica y Gran Bretaña y fue elegido «Príncipe de los poetas» en 1894), lo que contrasta con la miseria y el estado de degradación en que vivía.

Verlaine murió en París el 8 de enero de 1896 y está enterrado en el cementerio de Batignolles de París.

Este es uno de sus poemas de Sensatez:

En adelante ya, el Sensato,

que con exceso amó las cosas,

prudente ya hasta lo infinito,

mas sin precauciones morosas,

y a más, volviéndose al Señor,

que hizo a sus ojos la luz ver,

honor y gloria y el ocaso

candor que en su alma puede haber,

puede el Sensato prevenir

ya las escenas de este mundo

y la canción oír del viento

y contemplar el mar profundo.

Irá tranquilo, y pasará

por las ciudades más feroces,

como el muchacho va a la Ópera

cansado de danzas y goces.

Y él —por poder así humillar

su orgullo que enviudó su alma—

¡va remontando su pasado,

como un perverso río en calma!

Verá las hierbas y las márgenes,

y oirá el agua cómo llora

sobre una dicha muerta ya

en una fecha, en una hora…

Y él amará el cielo y los campos,

la bondad, el orden, la armonía,

y será dulce aún para el malo,

para alcanzar la muerte pía.

Delicado, mas no exclusivo,

será el día en que ahora estamos:

su corazón, contemplativo,

obra será de los humanos.

De vuelta ya de las pasiones,

Por miedo al uso y los paisajes

de vuestras civilizaciones

ha de preferir los paisajes.

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