24 noviembre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Las y los jóvenes no callarán

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Miguel Alonso Raya

Agraviados por la ineficacia y la falta de sensibilidad de los gobiernos federal y estatales ante la violencia, los asesinatos, el acoso sexual, los feminicidios, la falta de empleo, de una educación de calidad e incluyente; las y los jóvenes han tomado las calles para exigir respuestas oportunas, eficaces e integrales.

Y a pesar de las descalificaciones, no callarán ni se detendrán hasta impulsar los cambios que demandan porque estos van más allá de la alternancia en los gobiernos, de programas asistenciales y clientelares y de promesas sin sentido, dictados moralistas o compromisos fuera de la realidad.

Lo que ellas y ellos piden es que se atiendan los problemas que les incumben, que los dejen ser. Caminar, acampar, divertirse tener acceso a la cultura, el deporte, a la educación y la salud.

Que haya un golpe de timón en todos los sentidos y que se resuelvan de fondo las causas que han hecho crisis en las universidades públicas y privadas, pero de igual manera aquellos problemas que han vuelto a los jóvenes rehenes y víctimas de la inseguridad y que les han cerrado las oportunidades para su desarrollo académico, profesional, laboral y económico.

El asesinato de tres jóvenes estudiantes de la Universidad Popular Autónoma de Puebla (UPAEP) y de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), y quien manejaba el coche de Uber en el que se transportaban; desató una movilización de estudiantes en varias universidades del país, cuyo desenlace está por verse.

Pero la indignación no es sólo por estos crímenes, decenas de estudiantes en prácticamente todas las universidades y escuelas de educación media superior, tanto públicas como privadas, en gran parte de los estados, han sido víctimas de asesinatos, secuestros, desapariciones, violaciones o acoso sexual.
Sucede en Puebla, pero también en Guanajuato, Veracruz, Zacatecas, Ciudad de México, Guerrero, Sinaloa, Morelos, Baja California, Chihuahua, San Luis Potosí, Estado de México, y otras entidades.

Las y los estudiantes, y no sólo universitarios, han tomado las calles para exigir un alto a esta violencia creciente y a las condiciones adversas que enfrenta su generación.

Estoy convencido de que estamos enfrentándonos a una nueva actitud y a una nueva lectura de la realidad por parte de las nuevas generaciones. Las y los jóvenes están cuestionando y poniendo en duda las prácticas tradicionales en la sociedad, pero también en los partidos, los gobiernos, las iglesias, y las instituciones educativas e incluso en el núcleo familiar.

Y no solamente en México, también en Francia, Chile, Brasil, Estados Unidos y otros países se han apropiado de las calles y los espacios públicos para demandar cambios de fondo. No les gustan las inercias burocráticas del poder y los gobiernos y rechazan la soberbia y la poca sensibilidad con que se abordan desde las ópticas oficiales los problemas sociales y los que a ellos les afectan.

Frente a la crisis que enfrenta la sociedad, el sistema educativo, las y los muchachos, particularmente de las universidades, cada día desconfían más de los gobiernos porque sienten que no les hablan con la verdad, que no los están entendiendo, y que no están respondiendo a sus demandas, a los problemas que viven y a las nuevas realidades que enfrentan.

Perciben que no los están apoyando como debiera. Asumen que las becas no son suficientes porque lo que ellas y ellos demandan son decisiones y acciones de gran calado como que el Estado Democrático sea eficiente, se modernice, se transforme, sea sensible, y responda con eficacia frente a los problemas de ellos y de toda la sociedad.

Desafortunadamente, frente a estas movilizaciones y exigencias, tenemos gobiernos cuyos funcionarios se formaron en el seno de familias tradicionales, se educaron en un sistema educativo que ya está caduco y con una serie de estereotipos ya rebasados; por lo que es claro que no tienen capacidad, sensibilidad ni tolerancia para entender y resolver los problemas y retos contemporáneos.

Hay un evidente desajuste generacional entre lo que las nuevas generaciones quieren y lo que hacen y les ofrecen los gobiernos.

En México hay millones de jóvenes, un gran porcentaje con grado de licenciatura, maestría o doctorado, que no tienen oportunidades de empleo o tienen trabajos y salarios precarios. Que se sienten arrinconados en sus casas, que no pueden salir tranquilamente a divertirse porque corren riesgo de ser víctimas de la violencia, secuestros, desapariciones, asesinatos, acoso o violaciones.

Que carecen de seguridad social, servicios de salud adecuados o de una educación de calidad. El sistema educativo está envejecido, burocratizado y con una planta docente que en muchos sentidos no se actualiza y carece de la sensibilidad, la formación para poder atender a las nuevas generaciones y a los nuevos problemas. Muchos docentes, incluso, se han convertido en victimarios de sus propios estudiantes.
Es por demás evidente que los jóvenes no quieren dinero regalado, sino que el Estado Mexicano funcione y que los gobiernos diseñen y apliquen políticas públicas adecuadas. Ya basta de paternalismo, clientelismo y moralismo. Es hora de actuar para frenar los feminicidios, los asesinatos de jóvenes, la extorsión y el acoso sexual. Políticas públicas para combatir la inseguridad y el desempleo, pero también, el cambio climático y el desarrollo sustentable.

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