1 diciembre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Los pasatiempos de la reina que buscaba catarinas Jean Baptiste Andrea

4 minutos de lectura

Jeremías Ramírez Vasillas
Entrar a la mente de un niño es una operación muy complicada; aun los psicólogos especializados no logran hacerlo del todo bien. Y sí ese niño es autista la situación es aún más complicada, por no decir, imposible. 

Sin embargo, hay quienes nos permiten asomarnos al misterio del universo autista: los escritores. La llave de esa puerta es la imaginación. En Los pasatiempos de la reina que buscaba catarinas (título larguísimo en español, aunque el original francés sea solo: Ma Reine, Mi reina), del escritor francés Jean Baptiste Andrea, nos sumerge al interior de un niño casi adolescente que no sabemos su nombre, sino sólo su sobrenombre: Shell
 Shell es el hijo de unos padres casi ancianos que viven en una zona semirural, atendiendo una estación de gasolina a la que acuden poco automovilistas.
Tanto sus padres como sus compañeros de escuela y maestros no lo entienden y lo maltratan por su torpeza: confunde las cosas, reacciona de manera impredecible, tiene arranques emocionales violentos (aunque él no es violento).
Su misma incapacidad de comprensión objetiva de su entorno lo lleva a provocar un incendio en un campo cercano a la estación, a confundir las herramientas, a no comprender ciertas tareas simples, y a crearse una interpretación del mundo muy personal y distorsionada.
Cuando sus padres creen que ya es imposible tenerlo con ellos toman la decisión de llevarlo a un centro de rehabilitación mental. Y él escucha detrás de la puerta esa conversación y temiendo que en breve lo saquen de su casa en la cual él se siente seguro y confortado, huye una noche.
Antes de huir se fija una meta: enrolarse en la guerra para que sus actos heroicos le permitan conseguir el respeto de sus padres y de sus compañeros de la escuela. Es un propósito fuera de lógica, pero a él le parece razonable. Él quiere ser como don Diego de la Vega, es decir, como El Zorro, al que es muy aficionado. Es más, está seguro que se parece a don Diego, en cierta forma.
            Pero una vez en el camino, las dificultades no le permiten que vaya muy lejos. A unos cuantos kilómetros de su casa, en una zona agreste y montañosa, sufre una confusión mental y se cae y sufre algunas contusiones. Cuando vuelve en sí, aun confundido, descubre que ante él está una niña rubia de 13 años. Hablan, pero no se entienden. Ella se va, pero al otro día, cuando regresa, le dice que ella es una reina y que él, si quiere estar con ella, si quiere que sea su reina, debe obedecerla en todo. Acepta y empiezan una amistad muy sui generis: parece que ambos tienen disturbios mentales.
            A partir de este momento vive y sufre una serie de circunstancias que ponen en riesgo su vida, pues tiene que lidiar con el clima, con los alimentos (pasa varios momentos de hambruna severa) y con las enfermedades, además de burlar a los policías que lo buscan y lidiar con sus recuerdos y la nostalgia de su casa, de su cama, de su madre, y luego con sus emociones, pues se enamora de la niña que un día desaparece. Afortunadamente en los momentos críticos encuentra quien lo ayude.
            La novela es muy impredecible, lo cual la hace más interesante. El drama y el peligro latente hace que la novela atrape, además el personaje tiene la fuerza y simpatía suficiente para atrapar al lector.            

Al final nos queda una sensación ambigua: por un lado, sentimos tristeza al ver como un niño de este tipo es un ser solitario pues nadie lo comprende y esa incomprensión lo margina y lo convierte en objeto de burlas y de maltrato; pero por otro lado provoca mucha empatía. De alguna forma todos hemos sufrido el acoso de un entorno hostil ya sea por nuestra condición social, económica, aspecto físico, etc.            Abordar personajes autistas puede parecer muy novedoso, pero, existen otras novelas que tocan este tipo de personajes. Hace un año leí la peculiar novela El curioso incidente del perro a medianoche, del británico Mark Haddon en el que un adolescente autista tiene una enorme capacidad para las matemáticas, pero no puede entablar relaciones con las demás personas, y lo lleva a tener problemas, maltrato, incomprensión.            

Ya se he señalado en otros artículos que las obras narrativas no sólo entretienen, sino que tienen también una función didáctica. Y es con estas dos novelas que logramos entrar al aparato emocional y racional de los autistas y subrayarnos la importancia de saber cómo son para definir como interactuar con ellos. Desarrollar la habilidad de comprenderlos a ellos o los niños con Síndrome de Down, nos ayudaría a comprendernos entre todos. Esta habilidad nos permitiría lograr una convivencia más armónica pues tendríamos siempre en cuenta a los demás y cómo los afectan nuestros actos, para bien o para mal.
Los pasatiempos de la reina que buscaba catarinas, a pesar del tema tan rudo, la novela es divertida e ingeniosa y se lee muy rápido porque es breve (140 páginas)y tiene una tipografía grande y atractiva.
            Este libro es altamente recomendable para quienes trabajan en la educación y en psicología.

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