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Pedro Salmerón 

«Los de Abajo» pasaron coin más pena que gloria lo mismo que otra media docena de novelas, y Azuela, empezaba a dudar de su calidad como escritor, empezaba a desesperar por los sucesivos fracasos editoriales, por el desdeñoso silencio con el que se recibía su obra, cuando en diciembre de 1924 Julio Jiménez Rueda, en un artículo que hoy caracterizaríamos como «rabiosamente homofóbico» (con dedicatoria a los «Contemporáneos»), se quejó del «afeminamiento» en que había caído la literatura nacional y la indiferencia con que veía los problemas sociales; le desazonaba que a catorce años del inicio de la Revolución, esta aún no se hubiera reflejado en la literatura.Francisco Monterde respondió airadamente, argumentando que sí había escritores mexicanos «viriles» y que sí existía la literatura de la Revolución:»…Podría señalar entre los novelistas apenas conocidos -y que merecen serlo- a Mariano Azuela. Quien busque el reflejo fiel de la hoguera de nuestras últimas revoluciones tiene que acudir a sus páginas.
«Por Los de abajo y otras novelas, puede figurar a la cabeza de esos escritores mal conocidos por deficiencias editoriales -el mismo edita sus obras en imprentas económicas para obsequiarlas, que serían populares y renombrados si sus obras se hallaran bien impresas, en ediciones modernas, en todas las librerías y fueran convenientemente administradas por agentes en los estados. ¿Quien conoce a Mariano Azuela, aparte de unos cuantos literatos amigos suyos? y, sin embargo, es el novelista mexicano de la Revolución, el que hecha de menos Jiménez Rueda en su artículo».Estos párrafos consagraron a Azuela (y Monterde se enorgullecería siempre de ello), porque les siguió una agitada polémica en la que muchos críticos y literatos de renombre tomaron parte, a favor o en contra de Azuela

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