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MOBY DICK

Jeremías Ramírez

INTRODUCCIÓN

Moby Dick, la gran ballena blanca, es un fantasma que atraviesa de principio a fin la novela, sin que aparezca más que a través de referencias de quienes la han enfrentado y tuvieron una mala experiencia. Y los lectores, sin ver al personaje principal, sólo respiramos el odio que le tiene Ahab, y bebemos sus deseos de venganza.

Hasta los últimos capítulos finalmente aparece y se enfrenta de nuevo a Ahab en un último duelo que se da en tres momentos, en tres rounds, si usamos la jerga boxistica, tres rounds terribles que son narrados por Melville con una maravillosa destreza llena de vivacidad y tensión dramática.

            Como un destacado esgrimista Melville lleva la emoción al máximo en estos tres últimos capítulos narrados por Ismael, que corre con la suerte de sobrevivir para contarnos como culmina la majestuosa zaga.

            Sin más preámbulos, narremos esta última aventura para que tengas ustedes una idea completa de la trama de esta gran novela que al paso de los años ha ido aumentando su valor estético, a pesar de que nos parezca horrorosa la manera en que se le daba caza a esta noble animal y que se le haya otorgado una imagen feroz que afortunadamente cayó en el olvido en siglo XX, y sólo se quedó con ella el tiburón (gracias a Spielberg y otros que le han dado mala imagen), aunque los investigadores sobre este animal nos digan que en realidad no es una bestia sanguinaria, sino, inclusive, es bastante pacífico y puede convivir bien con los humanos. Sin embargo, la imagen impuesta está tan sellada en nuestro imaginario que es difícil ver al tiburón de otra manera que como una fiera feroz.

            Regresemos a nuestro Moby Dick que ya es hora de terminar esta aventura.

LA ÚLTIMA BATALLA

Al fin logran localizar al enemigo número uno de Ahab: Moby Dick. Sin perder más tiempo, Ahab ordena el ataque. Bajan los botes y corren tras el monstruo. Cuando éste advierte el ataque se va sobre de ellos y en pocos minutos hace pedazos los botes, aunque no hay vidas que lamentar, ni heridos siquiera. Maltrechos regresan a la nave para tomar aliento y acondicionar y fabricar nuevos arpones y prepararse para la segunda batalla.

En el segundo ataque arremeten con más fuerza, pero el animal, conocedor de las artimañas de sus persecutores, logra neutralizarlos y en pocos minutos los vuelve a hacer pedazos, sin embargo, en esta ocasión hay una víctima. ¿Recuerdan a ese misterioso ayudante de Ahab, el enturbantado Fedallah o el Parsi, que Ahab traía escondido y en la primera caza aparece junto a él? Pues cuando son rescatados, no aparece. ¿Qué le sucedió? ¿Se ahogó? ¿Se lo tragó el cachalote? Todos temen lo peor.

En el tercer ataque, de pronto, aparece el Parsi ante sus ojos. Cuando el cachalote emerge de las aguas descubren el cadáver del enturbantado colgando de uno de los costados atado a las cuerdas de los arpones que le clavaron a Moby Dick el día anterior.

            Como en los rounds anteriores, en este tercer ataque de Moby Dick vuelve a hacerlos pedazos, pero quizá, harto de que lo acosen, se muestra mucho más feroz, o quizá porque en esta ocasión Ahab logra clavarle el arpón especial y más poderoso. Furioso no sólo ataca a los botes, sino que se va sobre el Pequod y le asesta varios golpes en la proa con su enorme cabeza y le abre enormes boquetes por donde penetra el agua. Cual Titánic, el Pequod en poco tiempo es tragado por las aguas, y se lleva al fondo del mar a todos los miembros de la tripulación que son absorbidos por el remolino que provoca el Pequod en su hundimiento. Uno a uno, son tragados, excepto Ismael. Al darse cuenta que está sólo en medio del mar, sin alguien que lo rescate, sus esperanzas de salvarse son muy débiles. Tarde temprano ya sea por el cansancio o tragado por algún animal también morirá. Sin embargo, en ese momento, sale a flote el ataúd de Quiqueg. Oh, el fatídico salvavidas, al que se resistía el carpintero de habilitar, ha venido al rescate de Ismael. Sin pensarlo dos veces se monta y se deja caer en el cajón.

Una vez a bordo de la nave que lo llevara a tierra, Ismael culmina su relato con una frase bíblica: “…Solo yo pude escapar para darte la noticia”. Esta es la frase que pronuncian los siervos de Job en forma sucesiva cuando llegan a darle cuatro noticias terribles. Primer siervo: «Estábamos arando el campo con los bueyes, y las asnas pacían cerca, cuando de pronto llegaron los sabeos y nos atacaron, y mataron a los pastores y se llevaron los animales. Solo yo pude escapar para traerte la noticia». Segundo siervo: «Dios permitió que del cielo cayera un fuego destructor, que fulminó a tus ovejas y a los pastores. ¡Todo lo consumió! Solo yo pude escapar para traerte la noticia». Tercer siervo: «Tres escuadrones de caldeos llegaron y atacaron a los criados, y se llevaron los camellos. Solo yo pude escapar para traerte la noticia.» Y cuarto siervo cuya noticia es la más terrible: «Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo en casa de su hermano mayor, cuando del desierto llegó un fuerte tornado, y azotó la casa, y esta se derrumbó sobre tus hijos y los mató. Solo yo pude escapar para darte la noticia.»

Así Ismael es el único que sobrevive para darlos una noticia de más de 600 páginas que al final, después de tanto, todos los personajes que de alguna u otra forma se habían congraciado con nosotros, incluso Quiqueg, se han ido al fondo del mar con el Pequod y su insensato capital Ahab y su pata de marfil.

CONCLUSIÓN

Al final, en estas crónica de lectura he sido yo el segundo anunciador de la majestuosa y monumental novela, pero no tengo que repetir la frase pues desde que se publicó en 1851 han pasado ya casi 170 años en cuyo lapso ha habido miles, millones de lectores, que se han deleitado con el esta odisea llena de emociones, y han hecho ese largo recorrido ilustrativo sobre el mundo de las ballenas, su explotación, su terrible caza para arrancarles el aceite y las riquezas de su enorme cuerpo, su constitución física, las leyes que regulaban su caza y los pueblos, como Nantucket, que se dedicaron a este oficio, todo ello entretejido con su amplio conocimiento bíblico y cultural, que hacen de esta novela un paseo enciclopédico en el que Herman Melville nos muestra su riquísima cultura.

             Después de varias semanas de lectura he llegado a buen puerto feliz de haber participado en las peripecias de Ismael, agradecido con su autor de habernos legado una de las obras más extraordinarias que he tenido el privilegio de leer y que con estas breves reseñas pretendo estimular a quien las lea a que se aventuren como yo en esta larga navegación literaria en una obra sin igual.

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