Pelearán sin límite de tiempo

Jeremías Ramírez

El virus que nos tiene aterrorizados en la lona desde inicios del 2020, a pesar de que no lo vemos, reaparece en el ring con nuevas máscaras. Ahora se ha puesto una máscara roja y se ha denominado Omicron.

Por un lado, nos dicen que no es tan feroz su ataque, pero que sí es altamente contagioso. Los indicadores de la velocidad de contagio confirman lo dicho, pues se han estado elevando inusitadamente rápido este mes de enero. Pero hay otros datos que indican que es tan feroz como su antecesor, la variante Delta. Y tal parece que las vacunas no tienen el poder de detenerlo: habilidoso se escabulle y se interna en las partes más sensibles del cuerpo humano para de ahí emprender su feroz ataque.

            Ante tal circunstancia, ¿cómo podemos batirnos con él y derrotarlo? El sector salud y los gobiernos han apostado por las vacunas, pero hay médicos que afirman que esta estrategia tiene fallas y deja huecos en las defensas que permiten que el virus haga mucho daño.

            Ya desde el inicio del 2020 advertían que con la dieta habitual de la mayoría de la gente, cargada de carbohidratos, grasas de cadenas largas o trans, productos dañinos como los alimentos procesados y ultraprocesados, exceso de proteínas animales (y de animales criados en condiciones poco saludables, encerrados en grandes granjas cerradas, con una alimentación inadecuada a base de granos, bajo sufrimientos extremo y sobremedicados), exceso de azúcares y harinas refinadas, debilitan el cuerpo y el sistema inmune que no logra despertar ni con una cuarta dosis de vacunas anticovid.

            Estos médicos advierten que si no se revierte esta situación alimentaria malsana la cosecha de la muerte de Omicron seguirá avanzando y quienes sobrevivan lo harán con daños severos en pulmones, corazón, hígado, riñones, cerebro, sistema óseo… el resto de sus vidas.

            Quizá los gobiernos no optan por implementar este cambio porque hay muchos intereses multimillonarios de la industria alimentaria y la gente no tan fácil accederá a hacer un cambio de hábitos pues sus hábitos alimenticios están profundamente arraigados y además carece de información lo cual complica las cosas.

            Estos hábitos se han forjado bajo una sola directriz dietética la cual hemos recibido como parte de nuestra herencia cultural: el placer, el sabor. Comemos lo que nuestro paladar le encanta, esa es la consigna. Y cuando alguien les dice, por ejemplo, que los lácteos son muy dañinos, la respuesta defensiva inmediata es: “Oye, pero qué rica es la leche fría y no me digas el quesito”.

            En efecto, muchos productos alimenticios dañinos tienen eso a su favor: son altamente placenteros. Y tal parece que entre más dañinos más sabrosos. Casi se escucha la voz de Pumba, el personaje de la cinta animada El rey león: “Viscosos pero sabrosos”.

            Mientras la consigna esté determinada por el factor que creemos es el más importante: el sabor, el triunfo del enmascarado de azul y rojo, Omicron, estará asegurada. Y es que ni los médicos nos advierten del peligro de una alimentación deficiente: casi todas las estrategias médicas se centran en la prescripción de fármacos y ninguno considera a la alimentación como un factor terapéutico importante. ¿Será porque lo ignoran?

            Citando al Chavo del Ocho, preguntamos desconcertados: ¿Quién podrá defendernos?

            La verdad, nadie; estamos desamparados: ni las autoridades sanitarias, ni el sector médico, ni la industria alimentaria (esta menos que nadie), ni los medios de comunicación, ni el sector educativo van a hacer algo por nosotros.

            Pero hay una luz de esperanza: usted y la cada vez más abundante información en el internet. Allí hay muchos médicos y dietistas serios que están difundiendo mensajes valiosos para mejorar la salud y fortalecer el sistema inmune. Si el dolor y la muerte no lo mueven a buscar una respuesta para derrotar al malvado Omicron, nadie lo va a hacer por usted, nadie.

            Es hora de tomar nuestra salud en nuestras manos. Y el primer paso está en buscar información y en empezar a cambiar nuestros hábitos, principalmente alimenticios, y abandonar la comodidad del colchón para salir a hacer ejercicio, además de buscar serenar nuestras enloquecidas emociones.

Esta es la única forma de derrotar a Omicron cuando se presente con su espada desenfundada dispuesto a acabar con nosotros. Pero si tiene una salud de hierro y un sistema inmune inquebrantable, quien ganará en esta justa es usted. Yo le apuesto a su capacidad racional y a su buen juicio. No nos decepcione.