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Arturo Miranda Montero

Tenemos la malamaña de creer que el presidente municipal lo es todo. Y a todos conviene esa ignorancia.

Como nos encanta el paternalismo autoritario, le confiamos nuestros problemas públicos a un monito salvador, sea en la escala política que sea: presidente del país, gobernador, presidente municipal. Sus decisiones son las que cuentan.

Es muy poco entendido y menos valorado que existan quienes los controlen, los equilibren en sus ocurrencias que tanto nos cuestan. Veamos el municipio, que es la parte más viva, la que nos duele cada día más cerca. La Ley, esa que no se pela en México, dice que el municipio se gobierna por un ayuntamiento, una junta cuyos miembros deciden qué sí y qué no se puede en ese territorio. Eso significa que el gobierno municipal es una colectividad decisoria. Pero, interesadamente, se oculta eso para darle la luz al que preside esa junta. Le importa a esa cabeza para darse el paquete mayor, lo esconden sus partidos porque son intereses fijos y les conviene a los síndicos y regidores que están ayuntados para repartirse el botín en lo oscuro de sus transas internas durante el periodo que les toca meter mano.

Propongo un simple rastreo personal. Ubique a las planillas registradas para jugar en estas elecciones y vea a cada integrante de esas planillas que deben ser unos quince integrantes. ¿A quién conoce realmente? ¿Qué sabe de su vida pública? ¿Viven junto a sus conocidos o cerca de usted? ¿Qué piensan de los asuntos que a usted preocupan? ¿Les encanta la lana? ¿Se han mudado de rumbo cuando han tenido cargos? Y añádale todo lo que se necesite para saber a quién demonios le vamos a entregar un cheque en blanco vía el voto, justo en junio próximo.

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