0 4 mins 2 semanas

Héctor Gómez de la Cortina

He de confesarles amables lectores que cuando alguien menciona la típica frase de “Por algo pasan las cosas” tiendo a molestarme, en automático mi mente desacredita al emisor de dicha cita porque considero que en ocasiones se trata de justificar un acontecimiento funesto “porque algo bueno habrá de venir de ello”. Hay quien también suele decir que “No hay mal que por bien no venga” e incluso el célebre “Dios sabe por qué hace las cosas”.

Y es que a veces reflexiono y mi mente no puede concebir que de ciertas situaciones francamente dramáticas pueda surgir algo positivo. Pienso que a veces nos engañamos con pensamiento mágico para sobrellevar una pena y darnos ánimos. Creo que lo anterior está bien. Sin fe, es muy posible que perdamos el rumbo y que quizá nuestras fuerzas por superar la adversidad se disuelvan y entonces venga la depresión.

Sin embargo y pese a lo anterior, sin el afán de ser pesimista, creo que lo adecuado es ser realista para no generar falsas expectativas. Quizá por mi perfil pienso de ese modo y mi pensamiento no acepta con facilidad los supuestos tortuosos caminos que nos han de llevar a conseguir una felicidad plena.

Pero en la vida hay siempre excepciones, oportunidades para replantear y valorar muchas cosas que dábamos por hechas. Voy a contarles una historia que tiene relación con el título de esta colaboración y que seguramente les hará sentido, pues servirá como colofón de este texto.

En agosto de 2019 me encontraba en una situación laboralmente difícil. Acababa de salir de un empleo digno, con un sueldo decoroso y que me permitía por momentos realizar algunas actividades extra curriculares. Un trabajo al que me entregué de manera significativa y sin reservas. Decidí entonces refugiarme en la academia y retomar una actividad por la que siempre he sentido vocación: la docencia. El Lic. Felipe Zárate, en ese momento director de la Facultad de Derecho de la Universidad de León en Celaya, me abrió las puertas de inmediato y comencé a dar clases en septiembre. La actividad resultó satisfactoria, fue un bálsamo en un tiempo complejo y me hizo muy feliz, pues de inmediato me sentí como pez en el agua. A dos años de aquel momento hoy no puedo dejar de pensar que, si no hubiera salido de mi anterior trabajo, nunca habría conocido a los alumnos maravillosos que acompañé desde aquel aciago 2019 hasta la culminación de su carrera profesional en este aún complejo y dificultoso 2021.

Elsábado pasado organizaron su fiesta en un conocido salón de la ciudad. En medio de una lluvia torrencial, ahí estaban todos, felices, eufóricos, triunfadores y también melancólicos. Y ahí estaba también yo, junto a queridos colegas de profesión, pensando que “Por algo pasan las cosas” y que el mal momento que había vivido tiempo atrás me condujo por ese camino en principio borrascoso, a un sendero extraordinario que me permitió ser parte de un momento cumbre para los estudiantes, personas que llevaré siempre en mi corazón.

Así que, por esta ocasión he sucumbido amables lectores, efectivamente “por algo pasan las cosas”.

Twitter: @gomez_cortina

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *