25 noviembre, 2020

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

Pronunciaciones erráticas

3 minutos de lectura

Enrique R. Soriano Valencia

Una de las razones por las que un idioma evoluciona es la pronunciación. A lo largo de los siglos, los seres humanos vamos añadiendo o modificando el sonido de las palabras (recortamos palabras, modificamos tonos o hasta sonidos).

Algunas quedan en lo anecdótico, pero otras se arraigan y se transforman en vocablos oficiales.

Los ejemplos abundan: la p latina en muchos casos se modificó a b en español (en latín es opus y en español, obra; en latín lupus y en español, lobo); el vocablo original fue murciégalo y con el paso del tiempo se modificó a murciélago (eso debido a que nos es más familiar el vocablo ‘lago’ que ‘galo’); antiguamente se decía haiga y hoy está mal visto porque lo formal es haya; caso más reciente, el original fue aguzado (de agudeza) y actualmente el diccionario oficial recoge como mexicanismo abusado para pedir a una persona que esté lista o atenta (de seguro en América terminará por imponerse).

Muchos de los anteriores casos se hubiesen evitado si fuéramos más cuidadosos en la pronunciación. La vocalización no es un ejercicio popular. Por lo regular, queda solo en profesionistas que viven de la voz, como los cantantes y los locutores.

Muchos de estos por la mañana ejercitan los músculos faciales de la boca. La pronunciación de vocales la hacen más marcada de lo normal. Con ello, logran habituar sus músculos a la forma de pronunciación de los vocablos. Gracias a esto, consiguen proyectar mejor sus palabras y, por tanto, conseguir ser entendidos adecuadamente.

Sin embargo, creo que esta actividad debería ampliarse a profesores, conferencistas, hombres públicos y, particularmente, padres de familia.

Esto redundaría, incluso, en evitar escribir haber en vez de a ver. Como se suele pronunciar igual y no marcadamente como dos voces, entonces es normal su confusión fonética. Este error lo he visto hasta en profesionistas (en espacial, en Facebook).

Menos evidente, pero problemático por la falta de los ejercicios bocales, es la confusión fonética de la m por la n. Si se marcara mejor su diferencia sonora, mucha gente dejaría de confundir ‘combino’ (de combinar algo, como colores en la vestimenta) con ‘convino’ (de convenir, llegar a un acuerdo entre dos personas). Esta marcada pronunciación reduciría el número de errores ortográficos porque siempre se escribirá b después de m.

Entre los mexicanos hay una regular sustitución entre las consonantes b y g. No es raro escuchar a las personas decir agüelita, en vez de abuelita; o abusado (ya referido líneas arriba) y aguzado; o la famosa muletilla güey por el original buey.

Pero también hay casos, justo es mencionarlo, de absoluta incapacidad. A algunas personas les es imposible pronunciar la combinación ‘tl’ muy común en la fonética náhuatl. He escuchado a muchos decir: Clalpan en vez de Tlalpan (hay el caso de un exjugador de futbol metido a político).

Entre locutores españoles de noticias es común oírles que «El Popocatepel (así, con el tono fuerte en la última sílaba) tuvo varias exhalaciones…», en vez de Popocatépetl.

Pero no es el único caso. Son comunes en México palabras como Pecsi (refiriéndose a una marca de bebidas gaseosas), Otso (una cadena de tiendas de conveniencia); y en España llaman al buscador más famoso Góguel.

En Argentina, Uruguay y Paraguay la fonética del idioma tiene marcadas diferencias del resto de países de habla hispana. Allá se conjuga mirá, en vez de mira como lo hacemos en otros países.

Esta variedad, incluso, lo recogen las Academias de la lengua en la conjugación de los verbos, lo que da validez académica a esas variedades.

La fonética es una de las variables de la evolución de los idiomas. No se puede calificar de bueno o malo, simplemente se da y seguirá presentándose como fenómeno en el habla regular de las lenguas. Así se dio la diferenciación entre lo que hoy llamamos lenguas romances (italiano, español, portugués y francés; por mencionar las oficiales de países).

Si interesa como sociedad evitar esas diferenciaciones, debemos esforzarnos en la vocalización apegada a los sonidos oficiales del alfabeto.

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