22 enero, 2021

Voces Laja Bajío

Juntos llegamos más lejos

¿Qué pasó con alternancia política?

6 minutos de lectura

G. Saúl García Cornejo.

Sin duda, el Covid-19 de referencia obligada, nos ha planteado a los mexicanos nuevos paradigmas económicos en particular y político-sociales en general. Todo parte de la oportunidad: 1. Si se hizo caso en tiempo a la presencia de la epidemia –luego Pandemia- y de ahí, las políticas públicas veremos si resultan eficaces; 2. Por otra parte, pero vinculada, está si por haber sido o no oportuna la intervención gubernamental en el área de Salud, se va hacer más larga la “cuarentena” y sus obvios estragos; 3. Si en verdad se trata de una inducción, que nos tomó desprevenidos y desprotegidos, pondrá en jaque a gobiernos y ciudadanos/habitantes, corporaciones económicas, religiosas, sociales, etc.

Entonces, ¿Cuál será la estrategia y táctica, gubernativas? Por el momento le apuestan mucho al resguardo domiciliario, pero sin pronóstico real en sus efectos económico-político-sociales. El nuevo “héroe” López Gatell, indica que las muertes por neumonía atípica sí deben contabilizarse por el Covid-19. Este nuevo jilguero también ha dado información sesgada. Fue expuesto, en un inusitado “brote de consciencia” -se antoja más como arma para negociar asuntos de su jefe con el “gobierno de México”, demostrando músculo mediático- por el otro pajarillo cantor de TV Azteca, Javier Alatorre, y claro, la reacción no se hizo esperar. Sin embargo, tuvo razón en señalar la desinformación oficial. Ahora lo confirma el subsecretario de Salud. Mientras AMLO sigue en su postura simplona de minimizar los efectos del coronavirus.

Otra inquietud que crece cada día: ¿Dónde quedó el AMLO de antes del 2018? Su largo camino político, desde el PRI y que apoyó al candidato al gobierno de Tabasco (1976), y su paso por la burocracia oficial en diversas dependencias (1977-87); luego su incorporación a la “corriente democrática” en el PRI (1988) con Cuauhtémoc y Porfirio; después su salida del PRI, para formar y ser candidato al gobierno de su Estado, en el llamado “Frente Democrático Nacional” y el nacimiento del PFCRN y luego del PRD (1989); la marcha al D.F., desde Tabasco (1991) por fraude electoral; de nuevo fue candidato a gobernador de su Estado, por el PRD y perdió (1994), en seguida otra marcha al D.F., (1995), por la misma razón; pasó luego a formar parte de la: “Alianza Nacional Democrática”, luchando por un “México más justo”; logra la presidencia nacional del PRD (1996-99), desde esa palestra encabeza el rechazo al FOBAPROA, con ardua campaña nacional; es candidato al gobierno del D.F., y se queda (2000-2006), logra buena aceptación electoral y pone en marcha proyectos de alto impacto social –pensiones a la tercera edad, escuelas prepas y la Universidad, entre otras- (Lo que atrae ataques sistemáticos de sus opositores: “guerra sucia” y estuvo a punto del desafuero); nacen las “mañaneras”, la “austeridad republicana”, “los informes” fuera de calendario oficial, “revive” el centro histórico, construye el “segundo piso” del periférico y creció la obra pública (Lo que mejora su relación con empresarios), surgen las publicaciones de nómina y gastos de funcionarios, en un esbozo de rendición de cuentas, emplea la consulta pública como método decisorio, etc. (Se cree ha sido su mejor época política, sin contar el arribo a la Presidencia). Y por supuesto, todo lo que ha dicho en sus libros de propuesta/denuncias.

Luego, va consolidando su lucha nacional con premisas de combate a la pobreza, impulsa rechazo a privatizar Pemex, (aunque predomina la visión política/nacionalista, no la administrativa pública, ya esboza que la paraestatal, es sinónimo de “Soberanía”, que hoy ha concretado con el mentado “rescate”); sus “derrotas electorales” vistas y aprovechadas como un “fraude” a partir de 2006 y 2012, como candidato a la Presidencia, que paradójicamente, lo van fortaleciendo, aunque con torpezas: La invasión de una parte del periférico, la autodenominación de “Presidente legítimo”, con todo y un gabinete, que al final lo ayudaron. (En los hechos, debió manejarse como presidente legitimado, que no es lo mismo que “legítimo). En contraposición a ser considerado como “un peligro para México”, y la supuesta «intervención electoral rusa», lo posicionaron mejor para la contienda de 2018.

En su última campaña electoral, bien sondeado el imaginario social, lanzó diatribas (más inteligentes y con medida) contra la corrupción, los gastos excesivos y prebendas de los funcionarios públicos, desdeñó el lujo del avión presidencial, prometió con insistencia sistemática que bajaría precios de los combustibles y energía doméstica, que los grandes delincuentes políticos, serían juzgados, y en general, que habría un cambio sustancial, una transición en todos los ámbitos, en particular en favor de los pobres, lo que se tomó como que habría lucha frontal económico-social, contra los capitalistas. Causando resquemor en dicho sector y claro, entre ellos, los que temen cambios que pongan en riesgo su estatus y por supuesto, los políticos venales contando a los cuatro últimos expresidentes. Pero…

Todo ello, por desgracia, fue campaña de pancarta política, es decir, de enunciados, no de planes estratégicos y tácticas que lleven al cumplimiento de ésas promesas. Entre otro problema sustancial, que parece a primera vista inusitado que AMLO no considerara: El Sistema, cuyos elementos intrínsecos son la economía neoliberal, la enjundia externa por el Petróleo (Asentada con la “reforma energética” peñista) y demás intereses creados.

Cierto. AMLO se sentó en la Silla Mayor, con al menos un 40% de aceptación electoral del listado de sufragistas. Pero quienes eran y siguen siendo parte de la burocracia total, no eran partidarios del actual Presidente. Y por supuesto, muy dispuestos a fomentar la inercia. Con otro problema mayúsculo derivado de diversos factores complejos: MORENA. Que no acaba internamente de asumir su tarea y compromiso histórico y el de su líder máximo -que debería deslindarse a tiempo; que patean bajo la mesa, quieren ser “poderosos”, pero con las mañas y anomalías de sus disque “enemigos”, desdeñan incluso a quienes fueron sus aliados electorales (PT, aunque éstos rinden pleitesía a AMLO), creen que son aceptados, al menos por los votantes de AMLO, y se equivocan en los medios y el objetivo. Esto constituye un valladar inmediato: Las elecciones intermedias del 21 y las «alianzas» hoy un tanto desdibujadas.

No se puede soslayar que una fuerza importante para que AMLO logre sus propósitos, depende de la composición del Congreso de la Unión, y además de los Gobernadores. Y sobre ellos, la fuerza ciudadana que erróneamente se toma en cuenta, hasta ahora, sólo en las elecciones: Los ciudadanos. Así como satisfacer demandas y exigencias sociales, entre ellas, juzgar a los grandes corruptos del Sistema y por qué no, hacer cambios en su gabinete, empezando con los que cruzan «fuego amigo», entre ésos, Seguridad Ciudadana. Y los que no sirven para nada: Profeco.

Ya encarrilado, AMLO logró sacar del concierto económico al NAIM, con reacciones que todavía no cesan, y cuya “solución” parece arbitraria, sobre todo por efectos ambientales y sin atender a la normatividad nacional, ni la aeronáutica internacional; la Guardia Nacional que todavía no está dirigida al álgido asunto del combate a la inseguridad nacional interior, que se desvió en asuntos como abatir la migración de Centroamérica hacia los EUA; entendiéndola como una organización pública para acomodarla según se ofrezca, al igual que al Ejército y la Marina, por ejemplo, en acciones y funciones de policía, de la Salud Pública o cualquier contingencia.

Ése es pues, el panorama nada alentador, que algunos analistas achacan a efectos de Tratado de Bucareli y sus adendas secretas, que nadie fuera de las élites del Sistema, conoce bien. ¿Será la “razón legal” por la que AMLO parece haber dado un alto a la visión propuesta en 2018 y tanta conformidad con Trump? En fin.

¿Qué opinan, estimados lectores?

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