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G. Saúl García Cornejo.

Pasada la tempestad electoral, hay que ver los daños. MORENA, a nivel nacional bajó sus números, según análisis de Parametría, de un 37% quedó en un 34%, lo que a primera vista no es catastrófico, sin embargo, es suficiente para que se prendan focos amarillos. Dejar esas actitudes trasnochadas de triunfalismo, o peor, culpar que hubo una gran “guerra sucia”. Que, sí, es parte de una aviesa mercadotecnia política y que no es exclusiva de cualquier oposición, sino también de quienes ejercen el Poder en su turno. Aunque, está al igual, el hecho de que ganaron once gubernaturas y que hay, sí, una mayoría de féminas en el cargo. El punto, es que no vayan a caer en el gran defecto: Triunfalismo a ultranza, aunque, ineficaz en el ejercicio público. No se debe perder de vista, que han sido los hechos los que han cobrado factura a los Morenistas, ya de convicción –que son los menos- o de oportunidad, que son su mayoría, dado que su formación es contraria o hasta, destructiva contra cualquier cosa que huela a la 4T. (No puede decirse que al Socialismo, Comunismo, o sencillamente, de izquierda, por qué no lo es. Eso está demostrado notoriamente).

De suyo, hablar y escribir sobre el tema tiene filosas aristas en un contexto por definición indistinto ideológicamente, lleno de variopintas ópticas, saturado de intereses particulares o de grupo, lejos de la problemática social y económica –pilares del desarrollo- y más retirado de la participación eficaz ciudadana, acotada por aquéllos mismos objetivos de trasfondo de los políticos en nuestra realidad mexicana.

De entrada, se debe esclarecer que la política como el continente, no es necesariamente lo mismo que los políticos. La primera es una disciplina incluso filosófica compuesta de una variedad amplia de otras ciencias, tales como la sociología, la jurídica, la económica, la psicológica, la administrativa y otras no ciencias sino creencias como la religión y la idiosincrasia. La segunda, por otro lado, es la forma y modos de ejercer la política que en México, no pocas veces, hace caso omiso de la ciencia formal de la política y demás materias que incidan.

Por tanto, no es exagerado afirmar que ciudadanos y políticos, caminan por distintas veredas y también es regular que lo hagan en sentidos contrarios.

Es cierto, también, que la sociedad contemporánea de nuestro País, como es natural, ha ido cambiando sus posturas políticas y creo que un reflejo con las proporciones guardadas, son los partidos políticos, dado que aún fuera del real interés ciudadano, se sigue –cada día con menos participación de algunos sectores sociales- votando por sus candidatos y propuestas. Dicho sin candidez, pues a casi nadie escapan cada día, las más burdas marrullerías electorales, gracias a una Ley Electoral inacabada y hecha a modo para dejar fuera la auténtica fuerza de los electores. Y sumada la rebatinga al interior de los partidos políticos, que no acaban de encontrar el verdadero rumbo social y los objetivos para lo que se constituyeron, van perdiendo la brújula ideológica, por decir lo menos.

Así pues, dilucidar el fenómeno sociopolítico a estas alturas que nos ha tocado vivir a una generación ya incrédula de la política, en gran parte por culpa de los políticos y desde luego, a un pobre civismo de los mexicanos, con la convicción de que no podemos darnos el lujo de ser vencidos, al menos sin luchar.

¿Y la Iglesia Católica? Vista como la Curia, no los feligreses, igual caminan en forma paralela y cada día más descaradamente, con el poder político y claro, también empujan para al menos en forma mínima, sostener sus privilegios. Hoy, nos damos cabal cuenta de que, por ejemplo, AMLO, es contradictorio, se relaciona abiertamente con entidades eclesiales, sean católicas o simplemente, las llamadas evangélicas –de las que por cierto, es apoyador del PES). Con total desprecio a la Institución del Laicismo y lo que implica.

Es difícil ocultar la realidad a pleno sol. ¿Cómo vivimos los mexicanos actuales? La mayoría indiferentes –por ariscos- a los acontecimientos políticos, a los partidos políticos y a los actores políticos. Entonces, es falacia que la mayoría (50+1) apoye a determinado político, se trata de una representación ciudadana, relativa. De ningún modo, absoluta. Así que las cuentas alegres de que hubo, al menos, un 52% de votantes, se trata de la suma de los votos a todos los Partidos y sus candidatos, con o sin coalición. Pero eso no hace mayoría de 50+1, para un solo Partido, candidato o coalición, lo que así, sería una mayoría que generaría legitimación. ¿Es una óptica trágica o negativa? Es realista. Entre tanto, los “políticos” tienen sus propios planes y problemas, incluso, de sobrevivencia política.

Mientras, predomina la “política chatarra”, como en casi todo: Educación, Cultura, Alimentación, Justicia, Religión, Medios Masivos de Comunicación y un largo etcétera. No es fortuito, ha sido y es, un plan orquestado desde las cúpulas y Partidos Políticos. Se demuestra con la ínfima calidad de gobernanza, con el éxito de estrategias de compra de votos y consciencias, con “representantes” que no lo son, ni funcionarios, que no desempeñan sus cargos. Y todavía, hay quienes creen estar en la oposición, cuando, lo que hacen –sea o no de su conocimiento- es jugar con el ciudadano, haciendo como sí existiera la democracia y entonces, cuando logran lo único que es posible en este sistema “chatarra” (de desperdicios): “perder”; se quejan del sistema, por más inútil que sea.

Lo que nos lleva a una clara conclusión: La democracia en México, es un juego perverso. Y de tal corrupción, se alimenta al mexicano. Por lo que debemos reflexionar, lo que, incluso, ya es un hecho notorio: La debacle del sistema de Partidos Políticos. El problema del síndrome del espejo –todo se copia, sirva o no-. Y todavía falta dilucidar sobre otro gran asunto, la deshumanización galopante, gracias a la cual, la delincuencia es un asunto exponencial y llegó a los políticos (¿Para quedarse?).

 Continuaré en próximas entregas, con este análisis.  Felicidades a los papás (También a las mamás que hacen de papá) ¿Qué opinan, estimados lectores?

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